ENEMIGOS PÚBLICOS

Public Enemies

Director: Michael Mann.

Guión:Michael Mann y Ronnan Bennett,

según la novela de Bryan Burrough

Intérpretes: Johnny Depp, Christian Bale, Marion Cotillard, David Wenham, Stephen Dorff, Leelee Sobiesky.

Música: Elliott Goldenthal.

Fotografía: Dante Spinotti

Montaje: Jeffrey Ford y Paul Rubell

EEUU. 2009. 140 minutos.

 

Mann, el estilo y el discurso

Sería injusto decir que Public Enemies supone la consagración definitiva de Michael Mann, pues el realizador de Ali lleva concatenando películas de gran calidad desde los tiempos de Heat (obra a partir de la cual, a mi humilde entender, germinó su estilo), y su solvencia ha sido contrastada por la crítica incluso en proyectos tan improbables de merecer esa clase de laureles como Miami Vice, la adaptación cinematográfica de la serie televisiva en la que el realizador se forjó. Siendo una grandiosa película, decir que Public Enemies es el mejor título de Mann también es injusto, por agravio a los diversos momentos de gran cine que contienen otras obras, como las dos citadas, como Collateral o, mi especial debilidad, como The Insider, por mucho que quepa planteárselo en estos términos, de “mejor”, atendiendo a que en la presente obra el realizador, por la vía de la más absoluta depuración de ese estilo, ya trascienda con mucho lo que denominamos personalidad autoral, y roce la pura abstracción. A estas alturas, convengamos al menos en comparar a Michael Mann con un maestro como Alfred Hitchcock. Si a Hitchcock se le colgó el sambenito (no lo puedo calificar de otro modo) de “mago del suspense”, en Mann se aprecia la afiliación a otro género abiertamente popular y de perfil más bien bajo en la escala cualitativa, el cine denominado “de acción”, o, afinando un poco más, el policiaco. El discurso y el estilo son, tanto en Mann como en Hitchcock, inescindibles, son dos grandes dominadores de la técnica cinematográfica, grandes visionarios y portentosos creadores de imágenes. Como el director de The Birds, Mann no busca historias, busca imágenes, desentraña la esencia del lenguaje cinematográfico, explica cosas que las palabras se quedan cortas a la hora de definir.

 

Chicago, años 30

Como nos apasionó (y sigue apasionándonos) hacer con Hitchcock cada vez que visionamos una de sus obras, hacemos lo propio con esta Public Enemies: preguntarnos sobre el reto: de qué habla Mann, qué le interesa, qué territorios explora. El filme nos sitúa en un periodo histórico y tesitura muy concretos y muchas veces visitados previamente por el cine; narra la persecución llevada a cabo por un agente federal, Melvin Purvis, del atracador de bancos John Dillinger, enemigo público número uno, y de su camarilla de colaboradores, entre los que se encontraban Baby Face Nelson y otros conocidos delincuentes que causaron estragos en los tiempos de la Depression que asoló la nación estadounidense tras el crack bursátil de 1929. Cuadro histórico y personajes –amén de los citados, aparece un joven J. Edgar Hover, o el gángster de Chicago Frank Nitty-, como digo, de sobras conocidos por el público. Con semejante material,  Mann lleva a cabo dos tareas, combinadas en todo momento, en el propio corpus del filme. Primero, llevar deliberada y sabiamente a su terreno el sustrato, centrando el relato entorno al antagonismo entre Purvis y Dillinger -materializado en persecución, captura y fuga, las tres secuencias que, engarzadas unas con otras, van alambicando el relato-, del mismo modo que las dualidades y enfrentamientos entre personajes opuestos informan el grueso de su filmografía, desde la pursuit story de Heat (tan celebrada en su día por suponer el reencuentro entre Robert De Niro y Al Pacino) hasta la carrera por la noche angelina entre Jamie Foxx y Tom Cruise en Collateral, pero también presente, de un modo u otro, en diversas otras obras. Segundo, apropiarse (al gusto de su singular mirada) de la simiente mitológica que el Cine cultivó de aquellos tiempos y personajes (la Depresión económica, el Chicago de la Ley Seca, los gángsters, Eliott Ness, el jazz, la opulencia en el vestir, los suntuosos interiores, los coches, las carreras de caballos…), no para deconstruirla, transgredirla ni mucho menos derribarla, sino para rendir homenaje a los clásicos desde la contemporaneidad (algo que se convierte en explícito en la sensacional secuencia que mezcla a personajes reales con los ficticios de la pantalla de cine donde proyectan A Manhattan Melodrama, de W.S. Van Dyke, Clark Gable y Mirna Loy careándose, por obra y gracia del trucaje del cine y de la virtud del relato, con Johnny Depp y la joven chica rumana que le acompaña y le ha traicionado) y para plantear sutiles y valiosas reflexiones (la alucinada secuencia en la que, también en el interior del cine –vemos, pues, que las salas de cine son un espacio recurrente en el filme-, un noticiario habla de Dillinger, “el enemigo número uno”, enciende las luces sobre la platea y obliga a todos los espectadores a mirar a un lado y otro tratando de identificar al villano).

 

Intuitivo

En Public Enemies no hay un estudio convencional de personajes, porque los diálogos, secos, directos, a veces buscadamente rimbombantes o incluso arquetípicos, sólo sirven de (idóneo) caparazón para las texturas infinitas que patrocinan las imágenes. Primeros o primerísimos planos, un complejo estudio del encuadre aplicado al rostro humano de, principalmente, Depp, Christian Bale y Marion Cotillard. La ya célebre utilización de la profundidad de campo como perfecto marco descriptivo de espacios físicos pero también emocionales y hasta alegóricos. Unos juegos con la distancia focal clarividentes, puestos al contraste con el constante recurso visual a la cámara en movimiento (pocos son los encuadres de esta película que obedecen a parámetros convencionales), de lo que resulta una mirada intuitiva, tanto más agresiva que la resuelta violencia del filme (aparatosísima en el apartado de los efectos sonoros, descarnada en su tratamiento visual), que habilita ese espacio ingrávido, y, al mismo tiempo, de pulsión lírica, en el que en definitiva parecen moverse los personajes. Así establecidas, de forma tan férrea, tan valiente, tan insobornable, las reglas del relato cinematográfico, la bien mesurada descripción tanto del zeitgeist histórico (los primeros embates de Hover, el FBI en formación, las balanzas de la celebridad de Dillinger entre la gravedad de las acusaciones institucionales y la simpatía que tiene labrada entre el vox populi…) como de la operativa policial para dar caza a los delincuentes es mucho menos relevante, a menudo casi anecdótica, definitivamente accesoria al meollo desnudo del escenario urgente hasta lo febril que, por motivaciones cruzadas, emparenta a todos los personajes.

 

Blackbirds

No por azar la película utiliza la tonadilla jazzística de los mirlos –“blackbirds”- como plataforma de la relación sentimental fatal que protagonizan John y Billy. Esos mirlos asfixiados por la propia coyuntura en la que se mueven, una elección de vida (y muerte) sólo hasta cierto punto libre –al igual que la condición implacable de Purvis-, y de la que damos por sentado que se raíla sobre el contexto económico y social sin necesidad de que Mann lo exponga con detalles, no tanto porque nos conozcamos la historia (y esa mítica a la que antes me refería, que también podría alcanzar al Bonnie & Clyde de Arthur Penn, al propio Dillinger de John Millius o al discurso sobre la violencia de Peckinpah) cuanto por razones de inclinación sentimental: en el cine de Michael Mann, queda disipado el componente de la moralidad, no porque los personajes carezcan de ella sino porque el juicio resulta demasiado complejo. Arrojados a la sinrazón de la violencia y la muerte, azotados por poderosas razones de dolor espiritual, los personajes de Michael Mann, llegando a la tesis definitiva en esta obra, están imbuídos de un hálito romántico tan poderoso que abruma al espectador hasta mucho después de haber abandonado la sala de cine, incapaz de dejar atrás los melancólicos movimientos de la partitura de Elliott Goldenthal, música o melancolía que supone la única opción de fuga del abismo que habita en las armas de fuego y en las miradas de los personajes, y que Mann pone en perspectiva desde el primer al último minuto del intensísimo metraje de esta inolvidable película.

http://www.imdb.com/title/tt1152836/

http://www.publicenemies.net/

http://rogerebert.suntimes.com/apps/pbcs.dll/article?AID=/20090629/REVIEWS/906299997

http://movies.nytimes.com/2009/07/01/movies/01enemies.html?partner=Rotten%20Tomatoes&ei=5083

http://www.metacritic.com/film/titles/publicenemies?q=public%20enemies

http://en.wikipedia.org/wiki/Public_Enemies_(2009_film)

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

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