1984

Nineteen Eighty-Four

Dirección: Michael Radford

Guión: Michael Radford, según la novela de George Orwell

Intérpretes: John Hurt, Richard Burton, Suzanna Hamilton,

Cyril Cusack, Gregor Fisher, James Walker

Música:  Dominic Muldowney

Fotografíat: Roger Deakins

Montaje: Tom Priestley

GB. 1984. 105 minutos.

1948-1984

Corría el año 1984. Michael Radford dirigió la película en el escenario y tiempo exacto en los que George Orwell la había imaginado treinta y seis años antes, en 1948. Por aquel entonces, Margaret Thatcher apenas había iniciado el primero de los mandatos que marcarían una época, en términos que aquí eludiré comentar, por considerar que son sobradamente conocidos. Alan Moore había iniciado en 1981 V de Vendetta, la que podríamos considerar reválida para el Noveno Arte -y para la sociedad contemporánea- de la doctrina que Orwell dejó impresa con fuego en su inmortal novela; sería un parto largo, y no vería la luz hasta 1987, ya a las puertas del tercer mandato dela Dama de Hierro. Quizá estoy tirando de efemérides y anécdotas, o quizá no. Quizá se trate más bien de ironías y contextos.

Atmósfera

Antonio José Navarro define lo que en el cine llamamos “atmósfera” de la siguiente y atinada manera: “la íntima conexión entre la esencia misteriosa/terrorífica/poética de la imagen y el público […] Aquello que lastima, que estremece, que sorprende, pero no puede explicarse con palabras […] y nos llena de ansiedad porque hurga directamente en nuestras zonas oscuras” (Dirigido por…, Mayo 2011, pág. 40). La cita viene al caso para intentar exponer las razones por las que la película de Michael Radford resulta tan subyugante, erigiéndose –con bastante consenso crítico al respecto– en la mejor versión realizada hasta la fecha de la pesadilla distópica orwelliana. Por mucho que los monólogos –convertidos en voz over en la película– ubiquen la clarividente doctrina/denuncia/admonición del escritor, es en la atmósfera donde definitivamente radica la fuerza y carga espeluznante del relato, algo que Radford comprende a la perfección y proyecta en imágenes de forma tan quirúrgica como brillante, apoyado por el memorable trabajo de Roger Deakins (operador lumínico que, fíjese, un cuarto de siglo después sigue pugnando por hechizar al espectador con las texturas de las imágenes que filma).

Escenario

Volvemos a la definición de Navarro, la pensamos, la concretamos en 1984, para decidir que lo atmosférico es el aliento mismo y desconsolado del peso de lo ideológico en los pulsos dramáticos que el relato cobija. La atmósfera se adivina claustrofóbica, irrespirable y castrante en cada escenario, desde los cubículos mal ventilados, de paredes carcomidas y de colores desvaídos, a los exteriores, esas calles en estado semiruinoso, en las que no es preciso explicitar la presencia de lo atroz porque éste ya se masca en el ambiente, siempre latente, siempre a punto de lo pavoroso. La evocación de una fronda verde –fuga mental del personaje que encarna John Hurt- actúa por contraste a ese clima opresivo, pero no se conforma con ello, y se disolverá en una sala de torturas: cuando el funcionario se cuela en ese último refugio de la mente, del ideal, del individuo, ya no queda espacio para la esperanza.

De lo subjetivo como declaración de intenciones

La atmósfera se condensa en la descripción que la película nos presenta de la coda funcionarial hipertrófica que define la sociedad del Gran Hermano. Se concreta de forma admirable en esa multitud de pantallas que lo controlan todo, que inquieren en todo momento –directamente o por referencias– al individuo, ordenando los actos, los pensamientos y los sentimientos, anulando el propio concepto esencial de esa existencia individual. Se concreta en el trazo de la artesanal labor que Hurt tiene encomendada, la de falsear las noticias del pasado para vestir un presente congruente, y a la que se aplica de forma tan minuciosa como maquinal. Se concreta en las imágenes de los noticiarios, que siempre refieren violencia, y en esa voz femenina que pasa el parte de innumerables estadísticas que certifican a los ciudadanos las bondades del sistema. Todo ello tiene una importancia cabal en la definición del tono de la película, abraza su métrica, construida de planos casi siempre cortos y siempre breves, cuya belleza radica precisamente en definir en todo momento lo subjetivo, lo que el personaje ve, intuye, piensa o siente. De tal modo, el ojo de la cámara desmiente en todo momento el desapasionamiento, la frialdad, la carencia. La cámara se revela. Y con ella, sin aspavientos, el protagonista. Y el espectador.

Porciones de vida

La atmósfera aparece en los últimos compases de la película personificada en el rostro de Hurt, su faz a punto de ser devorada por dos ratas, o aún más categóricamente un instante antes, su figura patética en estado lastimero tras haber sido sometido a una tortura, aún más al ser su imagen capturada del reflejo en un espejo sucio y mal irradiado, junto con la del funcionario que le está infligiendo dolor, encarnado por Richard Burton, que le expone que ése es el estado en el que se halla la humanidad (o más bien “el espíritu de la humanidad”), en un avanzado estado de putrefacción, ya inútil, ya inerme, lista para capitular, que es lo mismo que desfallecer. Trasladando los términos, la paráfrasis sobre el destino de ese cuerpo maltrecho equivale al de aquella fronda verdosa de la que antes hablábamos; su cuerpo desnudo, y sobretodo el de Susana Hamilton, se imponían sobre los exangües paisajes, y el sexo –la vida, la voluntad- lograban imponerse sobre ese destino inevitable sobre el que el personaje meditaba en voz alta, tumbado en la cama fumando un cigarrillo; el sexo es una victoria pírrica, la única que se permite el afligido relato, por mucho que sea una victoria momentánea, por mucho que los personajes sepan que están condenados a perderla. O quizá en el mismísimo último plano de la película cabe aún otra victoria, aún más pírrica, la de la conciencia de la derrota. Conciencia, al fin y al cabo.

http://www.imdb.com/title/tt0087803/

http://rogerebert.suntimes.com/apps/pbcs.dll/article?AID=/19850201/REVIEWS/502010301/1023

http://www.atthecinema.net/sunday-classics-nineteen-eighty-four

http://www.jonathanrosenbaum.com/?p=16999

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

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