LA OLA

Die Welle

Director: Dennis Gansel.

Guión: Dennis Gansel y Peter Thorwarth,

Basado en la novela de Todd Strasser

Intérpretes: Jürgen Vogel, Frederick Lau, Max Riemelt, Jennifer Ulrich, Christiane Paul, Jacob Matschenz, Cristina do Rego.

Música: Heiko Maile

Fotografía: Torsten Breuer

Montaje: Ueli Christen   

  Alemania. 2008. 107 minutos.

 

Parábolas

Entre los diversos ítems que concurren en el cine alemán de nueva hornada (industria pujante en el más bien adocenado panorama europeo, como demuestra el hecho, relevante para una lectura en perspectiva, de que ya haya empezado a exportar directores –Tom Tykwer, Oliver Hirshbiegel, entre otros-) uno de los más interesantes, y saludables, tiene que ver con sus intentos de rendir cuentas con su pasado, con el nazismo, para buscar fórmulas nobles para cicatrizar esa herida. Es uno de los temas clave de esta obra –de hecho, llega a verbalizarse-, pero no el único. Die Welle, con su propuesta escénica ligera y sintonizada con el gusto mainstream, nos habla de una parábola (el experimento que el profesor Rainer Wenger propone a sus estudiantes) y contiene muchas otras en su caudal narrativo. Funciona bien en ese sentido ilustrativo, hasta cierto punto dogmático, hasta cierto punto simplón, pero bajo el anzuelo de la premisa argumental habita una propuesta de ribetes sociológicos, algo embarullada pero válida en su retrato de las jóvenes generaciones. En ese sentido, más que citar el referente cercano de Das Experiment, a mí me trajo recuerdos de la fallida Higher Lessons de John Singleton, de la que esta Die Welle, a pesar de las distancias geográficas que se traducen en diferentes tipologías arquetípicas, es una versión francamente perfeccionada.

 

“La tercera ola”

No está de más prestar atención a esos hechos reales en que, según reza el primer subtítulo, está basada la obra. Die Welle traslada a imágenes una novela homónima escrita en 1981 por Todd Strasser, con el pseudónimo Morton Rhue, basada en el experimento llamado “de la Tercera Ola”, llevado a cabo por un profesor de historia, Ron Jones, que en 1967, en el Cubberley High School, un colegio de Palo Alto, California (EEUU), propuso a sus alumnos de secundaria una recreación experimental de la Alemania Nazi, pero sin advertirles de que así era, simplemente dotando de propias y férreas normas de comportamiento a sus pupilos, enfatizando el elemento distintivo, convenciéndoles de que el individualismo era un mal endémico de la democracia y había que buscar fórmulas para perfeccionar esa coda de conducta social. Al igual que vemos en el filme, el experimento duró apenas una semana. De hecho, al igual que a Wenger le sucede en la película, Jones pronto se dio cuenta de que el experimento se le había ido de las manos, porque los alumnos se lo estaban tomando demasiado a pecho. Al quinto día, Jones les citó a una reunión solemne, y les reveló que habían sido parte de un experimento sobre el fascismo, y les demostró cuán fácil había germinado en su espíritu un sentido de superioridad equiparable al de la población nazi; acto seguido, pasó una película sobre el nazismo. Así concluyó el experimento.

 

Aquí y ahora

Dennis Gansel, el realizador del filme (y coautor del libreto), manifestó que su motivación principal radicaba en ilustrar que el sentido del experimento realizado por Jones en 1967 mantenía su vigencia cuarenta años más tarde, en el momento de realización del filme. Es por ello que el guión acude al estereotipo constantem para perfilar el retrato humano, en la descripción perfectamente estratificada de alumnado, familias y profesorado. También inserta comentarios sobre la globalización, la mención a marcas comerciales concretas (uno de los jóvenes fascinados por el movimiento de La Ola quema todas sus prendas de marca Nike y Adidas) o incluso clichés de actualidad política, como ese plano que resalta una pegatina en el buzón del profesor Wenger con una proclama anti-Bush. Se trata, ya digo, de recalcar “el aquí y ahora”, proposición narrativa que a la postre acaba funcionando más y mejor no tanto por esa batería de cálculos (sobre la psicología de los personajes en el guión, sobre el contenido de los planos y la importancia de los detalles en la puesta en escena) cuanto por las molestias que se toma el cineasta en describir el statu quo de esos jóvenes en diversas secuencias corales (principalmente fiestas, una al principio y otra hacia el final) y revelar pensamientos y actitudes en ellas de una forma algo más intuitiva.

 

Balanzas

Precisamente esas secuencias –o incluso la anécdota dramática que refiere los desencuentros amorosos, entre dos jóvenes, o entre el profesor y su esposa, también profesora-, que, a priori, son un condimento (pues, claro está, el plato fuerte radica en la filmación de las clases magistrales) logran nada menos que oxigenar la trama. Proceder así en lo narrativo supone un acto de honestidad por parte de Gansel: pone las cartas sobre la mesa, rehuye la pedantería (lo que Singleton no hizo), y nos recuerda que éste es un producto para el gran público, en el que todas las cuestiones planteadas quedarán así, en el mero enunciado, en lo que podríamos llamar un reader´s digest (algo que también sucedía en la novela, al menos según me ha parecido entender en diversas reseñas –pues no la he leído-). La fuerza de la premisa argumental, planteada en tales términos, ya da para mucho. Aquí no es cuestión de buscar apóstrofes filosóficos o sociológicos de primer orden (por poner ejemplos contemporáneos al contraste, véanse las tercera y cuarta temporadas de la serie televisiva The Wire o Half Nelson de Ryan Fleck), o de efectuar ejercicios cinematográficos de ribetes líricos (Elephant o Paranoid Park de Gus Van Sant); se trata más bien de raílar un relato con frescura, habilidad y respeto a las mesuras que equilibran lo discursivo con lo comercial. Precisamente pensando en esa balanza, soy de la opinión que el desenlace de la función peca de un exceso dramático que cabe leer en términos efectistas: la admonición que contiene –y ese cierre que se pretende ambiguo, la cámara mostrando el rostro inescrutable de profesor ante la mirada de sus… ¿víctimas?- contamina con su gravedad muchos de los postulados que, hasta el instante de romper la baraja de forma tan categórica, habían funcionado bien. Es una lástima.

 

¿Y qué fue de la anarquía?

Lo más trágico del caso es que el profesor Rainer Wenger, que en la película es presentado como un personaje de personalidad y bagaje bien poco cuadriculado (se llega a anotar que fue okupa durante un tiempo), no quería en ningún caso ocuparse del tema de la autocracia, y, antes de que sucediera nada, lamentó profundamente no haber podido explicar la anarquía. No pude evitar preguntarme qué les hubiera contado Wenger a sus alumnos, qué caso le habrían hecho, que repercusión tendrían sus clases magistrales sobre anarquía en las mentes y actitudes de sus pupilos, incluido el pobre Tim. Aunque eso es (sería) otra película, y por tanto deberá (debería) ser contado en otra ocasión. Esperaremos.

http://www.imdb.com/title/tt1063669/

http://movies.sky.com/review/the-wave

http://www.filmkritiker.info/Film-Kritik-DVD/Die-Welle/

http://www.hollywoodreporter.com/hr/film/reviews/article_display.jsp?rid=10564

http://www.welle.info/

http://www.dw-world.de/dw/article/0,2144,3185563,00.html

http://conversardepeliculas.blogspot.com/2008/04/die-welle-la-ola-wave.html

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