BOBBY

Bobby

Director: Emilio Estévez.

Guión: Emilio Estévez

Intérpretes: Anthony Hopkins, Sharon Stone, William H. Macy, Lawrence Fishburne, Freddie Rodriguez, Martin Sheen, Helen Hunt.

Música: Mark Isham.

Fotografía: Michael Barrett

Montaje: Richard Chew

EEUU. 2006. 107 minutos.

 

Liberales en Hollywood

Si se me permite bromear con las decisiones profesionales y políticas de los actores, podríamos decir que Martin Sheen, que en su rol de Joshua Bartlett ha sido Presidente de los Estados Unidos durante siete temporadas en la (maravillosa) serie creada por Aaron Sorkin The West Wing, ha cedido el testigo a su hijo ¿predilecto? Emilio Estévez, quien con esta más bien inesperable opera prima nos planteó un sencillo y sentido homenaje a la figura del senador y frustrado aspirante a la presidencia de los States Robert F. Kennedy. No sólo dirigió el filme sino que es fue responsable del guión, lo que nos indica hasta qué punto se trataba de un proyecto personal. Que el filme se realizara y estrenara en los tiempos en los que la Administración Bush se estaba atrincherando en el victimismo de su propio fariseísmo corporativo, y siendo cada vez más criticada en todos los foros, había perdido el apoyo del Congreso y el Senado y el fantasma de Vietnam cada vez revoloteaba más cerca de Iraq, puede bien merecer un análisis político-ideológico. Estévez, como su padre, se unió al grupo cada vez más nutrido de cineastas y actores con peso propio en el establishment que se atreven a lanzar, más o menos veladamente, proclamas demócratas, con variable nivel de compromiso (no podemos equiparar a Estévez con, pongamos por ejemplo, Tim Robbins o George Clooney), pero cada vez más aglutinados en su toma de posición visible y activa (un ejemplo coetáneo lo hallamos en la gala de entrega de los premios de la Academia en su 79ª edición, en la que el mismísimo Al Gore subió al escenario a hablarnos de política medioambiental, recogió un Oscar por el documental An unconvenient truth e incluso bromeó con Leonardo DiCaprio al respecto de su –de hecho imposible- Nominación como aspirante a la Presidencia).

 

En el Ambassador

Bobby se erige como un testimonio del trágico asesinato de Bobby Kennedy planteado desde una perspectiva inédita: la de diversos personajes que se hallaban en el Hotel Ambassador de Los Angeles aquel día y noche de 5 de junio de 1968 (algunos de ellos que resultaron heridos en el atentado), en una progresión narrativa jalonada mediante diversos speechs originales del propio senador reveladores de sus ideas políticas y el especial hincapié en su vertiente crítica con la Administración previa y sus ansias de reforma. Al respecto, vaya por delante que el filme de Estévez apenas resiste una análisis de rigor cinematográfico: parte de una buena pero demasiado compleja idea que se le escapa de las manos en no pocas ocasiones de un metraje irregular, donde, allende el buen hacer de muchos de los actores que se prestan a la trama –¿político-ideológica?-, el filme encuentra un irresoluble óbice en los propios devaneos constantes entre lo textual, lo tonal y lo rítmico, que no alcanza la tesis discursiva (o radiografía social, emocional o apenas humana) que al filme cabría presuponerle: la carga metafórica o simbólica evidente planea sobre personajes y situaciones pero con resultados muy diversos, de lo interesante  –como las protagonizadas por Sharon Stone o por Freddie Rodríguez, el camarero que se pierde el partido de los Dodgers- a lo liviano o superficial  –el matrimonio de Martin Sheen y Helen Hunt, la cantante encarnada por Demi Moore, los dos becarios que prueban el ácido-, e incluso en algunos casos el terreno de lo fallido -el personaje de Svetlana Metkina, la reportera checa, nación a la que no resulta baladí hacer mención en el contexto histórico global, pero el sentido acaso metafórico de cuya inclusión en la trama queda diluido en la anécdota-.

 

Finale

Quizá por la propia estructura secuenciada hacia ese trágico desenlace conocido por el espectador (y con todas las limitaciones que eso implica), sí que es cierto que en los últimos compases Bobby remonta el vuelo con una magnífica planificación y ejecución del atentado, así como algunas ideas visuales en las que la carga ideológica halla parangón en el terreno de la intensidad dramática: pienso en el plano que nos muestra la anotación sobre el Rey Arturo en la pared manchada de sangre, o en la mirada desolada del personaje de Anthony Hopkins, representante de una visión de la historia caduca, de una mentalidad que no deja de contener la tesis del filme, al claudicar en su incomprensión a la falta de contemplaciones de un sistema que, a balazos, va perdiendo su identidad, arrebatando al pueblo los valores que deberían sostenerlo. Así rubrica Estévez su testimonio a un personaje fundamental en la historia reciente de los Estados Unidos, el sentido de cuya pérdida, según nos aclaran los diversos parlamentos que se citan –y las imágenes de archivo que se concatenan, a menudo hábilmente, al territorio ficiticio-, no distaba mucho del asesinato de su hermano, cinco años antes, en Dallas. Si Robert F. Kennedy hubiera vivido, es seguro que Nixon no hubiera encontrado allanado el camino a la presidencia. Si Robert F. Kennedy hubiera gobernado… Es en ese territorio, el de la elegía más afligida que visceral, donde puede verse este filme irregular pero no despreciable. A quien hubiera preferido una visión historicista o intelectual, me queda recomendarle el excelente libro que sobre el año 1968 escribió Mark Kurlansky.

http://www.imdb.com/title/tt0308055/

http://www.mangafilms.es/bobby/

http://www.rottentomatoes.com/m/1162559-bobby/

http://www.rfkmemorial.org/lifevision/onthemindlessmenaceofviolence/

http://en.wikipedia.org/wiki/Bobby_(2006_film)

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