SPIRIT

 

The Spirit

Director: Frank Miller.

Guión: Frank Miller, basado en la obra de Will Eisner

Intérpretes: Gabriel Macht, Samuel L. Jackson, Eva Mendes, Scarlett Johansson, Paz Vega, Jaime King, Louis Lombardi.

Música: Danny Newman

Fotografía: Bill Pope

EEUU. 2008. 94 minutos.

 

Defender a Frank Miller

 

Aunque se suele decir que la vida es cuestión de matices y que sobre gustos no hay nada escrito, parece que el bueno de Frank Miller ha conseguido concitar con esta su adaptación del cómic clásico de Will Eisner algo tan difícil como la unanimidad crítica: The Spirit es la película que peores críticas ha recibido en muchísimos años, y sin duda se trata de la película del subgénero de superhéroes de cómic que más varapalos ha recibido (muchísimos más que, por ejemplo, Daredevil, Catwoman o The Fantastic Four) desde que las adaptaciones del Noveno Arte empezaran a proliferar hará cosa de una década. Si la crítica procura algún sentido o fuerza legible en términos mercantiles, ésta se dirime en las unanimidades: al igual que una película sobrevalorada consigue que el público se acerque más a los cines (pongamos el caso más o menos reciente de Lost in Translation), cuando se ensañan tan unívoca y claramente con otra consiguen que el público huya en masa de las salas: The Spirit se ha dado un sonoro batacazo en las taquillas en el fin de semana (¡navideño!) de su estreno. En cierta medida, todo ello me ayuda a rubricar esta crítica para intentar defender el trabajo de Frank Miller, instalándome a la contra para, cuanto menos, introducir grises en tan poco matizado paisaje. No porque Miller sea uno de mis autores de referencia de la novela gráfica (que lo es), ya que eso no le convierte per se en buen cineasta (aunque por ello sí merece que se le tenga un respeto como guionista), sino porque entiendo que The Spirit es una obra que no carece de interés, y que brilla a la misma, sino a más altura –ni que sea por los riesgos asumidos-, que la tan celebrada Sin City.

 

Tras Sin city

 

No puedo hablar sobre lo fidedigno o no de la adaptación cinematográfica del universo urdido por Eisner en su homónima serie clásica porque la desconozco, si bien es notorio que el autor fue uno de los referentes de Miller y que por tanto la versión cinematográfica supone, entre otras cosas, un tributo. Ello debe tenerse en cuenta para analizar la composición estética de la película, aunque al respecto también resulta ineludible mencionar la autoreferencia de Sin City, el ya citado filme dirigido por Robert Rodríguez, cuya autoría correspondía en buena parte al propio Miller, ya que, siendo una adaptación de una obra propia, no sólo elaboró el libreto del filme sino que también participó activamente en la manufactura escénica, cuya curiosidad residía en buena parte en su sumisión expresa al lenguaje convencional del cómic. Todo ello está presente en esta The Spirit, donde Miller cuida al máximo esa definición estética basada en el minimalismo y la impostación cromáticas como vehículo de expresión conceptual marcado por la vocación de irrealidad, un afán de esencialidad descriptiva y un muy particular tratamiento de la violencia (a modo de ejemplo me quedo con ese plano en escorzo de la sombra de la cabeza del traficante de antigüedades a la que le faltan los sesos). En este caso, este tratamiento visual no sigue siempre idéntico derrotero estético, como sucedía en Sin City –tanto cómic como pelícua-, sino que obedece a diversos niveles de intensidad: la radicalidad de los blancos y negros (y la corbata roja) está más presente cuando vemos al protagonista en acción, generalmente surcando las calles y tejados de Central City, un escenario de la acción a la que la narración le concede una aura muy particular, cuasimitológica –una especie de Gotham City o de Metropolis-, por mucho que en el plano visual no se incida suficientemente en esa definición.

 

Distorsionante

 

Todo ello, sin embargo, puede verse como poco más que la atrayente fachada de una obra cuyas intenciones son muy diversas de las que articulaban la serie negra de Sin City: especialmente el tono y el tratamiento dramático de los personajes marcan una diferencia cabal entre The Spirit y la tantas veces citada obra de Rodríguez (y a su vez constituye el motivo por el que la obra ha sido tan severamente denostada). Tal como los créditos iniciales establecen la presentación, parece que The Spirit se personificará cual héroe sin mácula según los cánones del comic-book convencional (un cruce entre el primer Superman y Dick Tracy, por ejemplo), en una trama de aspavientos rimbombantes. Conforme avance el metraje veremos que las convenciones están ahí (las heridas del pasado, la existencia de una némesis, el amor de la infancia, la tensión entre la independencia del héroe y la colaboración con la policía…), si bien existen ciertos elementos distorsionantes que en parte tienen que ver con la extraña condición semivampírica del héroe, condición que comparte con Octopus, el villano incorporado por Samuel L. Jackson –que convierte a ambos en personajes casi indestructibles, lo que da lugar a unos enfrentamientos marcados por la más estrambótica aparatosidad: como dice Octopus, cuando se pelea con The Spirit, la pelea dura toda la noche-, y que dirimirá el meollo argumental por derroteros que tienen que ver con lo sobrenatural y chocantes referencias a la mitología griega (la sangre de Heráclito). Pero no es la única distorsión: conforme avance la trama veremos que el héroe no es de una pieza, y sus ínfulas románticas tienen algo de engreimiento, se trata de un tipo más bien bravucón y quizá demasiado atento a las faldas (circunstancia que se hace sangrante en las secuencias que comparte con la hija del comisario, esa especie de novia-de-toda-la-vida a la que adula de un modo más bien fanfarrón para acto seguido dejarla colgada por la primera que pasa); con ello, Miller se permite introducir entre los hilos argumentales ciertas reflexiones más bien subversivas (o hasta, si lo prefieren, posmodernas) sobre la heroicidad entendida según los resueltos parámetros de lo estandarizado. Ítem más, la presunta heroína (San Sárez, interpretada por Eva Mendes), es al mismo tiempo una femme fatale que en su día abandonó al héroe por sus delirios materialistas; una vez más, Miller acota cierto comentario soterrado que por muchos será tachado de sexista, y que yo me limito a justipreciar como incorrecto políticamente, lo que en estos tiempos ya es un valor en sí mismo. Aunque lo más decididamente freak de la trama está canalizado por el personaje de Octopus, su ayudante interpretada por Scarlett Johansson y esos clones tontorrones de usar y tirar, que insertan en la trama sus condimentos más bizarros; semejante camarilla convierte la trama en delirante en pasajes en el fondo tan desternillantes como la autopresentación del villano bajo un monumento con la esvástica y ataviado cual oficial nazi de alto rango.

 

Frank el gato

 

Lo que acaba sucediendo con The Spirit es que conforma –deliberadamente- un corpus extravagante donde los haya, fusionando en su seno lo pulp, lo camp, lo reaccionario y los excesos estéticos, y el espectáculo resultante resulta difícilmente digerible por el público. Cierto es que la película a veces se convierte en un batiburrillo infame entre lo alucinatorio y lo directamente pedestre, y que el desarrollo narrativo está marcado (lógicamente) por la irregularidad. Pero no es menos cierto que existen planteamientos argumentales y diversas secuencias resueltas por Miller con ingenio y capacidad para la sugestión. Pero, sobretodo, hay que convenir que el cineasta ha recorrido el camino más largo, ha asumido todos los riesgos, se ha dejado llevar por los cauces que le han dado la real gana, y eso es digno de elogio, no por lo que supone de apetecible incorrección, sino porque, entre pies con cabeza que acaban en una trituradora, mujeres que dejan el retrato de su culo en una papelera y héroes que sonríen a la cámara y muestran una sonrisa profidén, hay un gato que lo contempla todo con el suficiente sarcasmo, con un ápice de alevosidad y otro de inclemencia. Un gato que vemos en pantalla, y que es Miller, que nos guiña el ojo desde uno de los últimos puertos que ha alcanzado en su siempre excesiva y tan a menudo brillante carrera artística.

http://www.imdb.com/title/tt0831887/

http://www.willeisner.com/

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