LAS NOCHES ROJAS DE HARLEM

Shaft

Director: Gordon Parks.

Guión: Ernest Tidyman y John D. F. Black, basado en la novela del primero.

Intérpretes: Richard Roundtree, Moses Gun, Charles Cioffi, Christopher St. John, Gwen Mitchell, Lawrence Pressman.

Música: Isaac Hayes.

Fotografía: Urs Furrer.

EEUU. 1971. 102 minutos.

 

Policiaco’70, EEUU

 

Para gustos, percepciones, soy de la opinión que las cintas policiacas realizadas en Norteamérica en los años setenta, usualmente encorsetadas bajo los epígrafes genéricos referidos al “thriller” o la “acción”, no pierden vigencia ni capacidad de sugestión con los años, sino todo lo contrario. Y no me estoy refiriendo a las temáticas o los tratamientos argumentales, que doy por supuesto que eran infinitamente mejores a los que hoy en día son moneda corriente –especialmente en la construcción de una compleja psicología de los personajes, que pasó a degradarse a la trivialidad encauzada en buddy movies o la rocosa vacuidad de los action heroes que consagraron Schwarzenegger, Stallone, Seagal y después Van Damme-, sino, estrictamente, a la estética visual, a la construcción de atmósferas, a la suelta referencia a la violencia en imágenes.

 

Del blaxploitation

 

Toda esta parrafada me viene al caso para referirme a una película como Shaft, dirigida en 1971 por el afroamericano Gordon Sparks, y que, a pesar de la novedad referente al color de la piel de su héroe protagonista, no pasaba de ser un policíaco convencional. Sí, una perspectiva crítica en esos parámetros –tan válidos como cualesquiera otros- me llevaría a decir que Shaft, aunque precursora de un subgénero tan popular como fue el blaxploitation, no era una obra que reflejara con el presunto realismo que a menudo se le otorga el pulso de la gente de color reaccionando a su condición de paria en una sociedad hecha a medida de los blancos caucásicos; podría decir que las referencias raciales en Shaft no pasan en el fondo de ser anecdóticas –las pullas que el detective le dedica al inspector de policía- o hasta forzadas –esa escena en la que un taxi deja a Shaft para recoger a un blanco-; podría mencionar que la operación tenía mucho de mesurada y mercantilizada, ya que venía auspiciada por un gran estudio (MGM) al darse cuenta de las posibilidades de mercado que los filmes de acción hechos por y para afroamericanos podían tener tras ver los buenos resultados en taquilla de obras totalmente independientes realizadas por tipos como Melvin Van Pebbles o el propio Gordon Sparks; podría acotar un dato tan relevante como que el guión de Shaft está escrito por un blanco, Ernest Tidyman, basado en su propia novela, que pasa de puntillas sobre las coyunturas  sociales y económicas que diferencian a las razas (a ese realismo aludido, que hubiera encontrado un mejor patrón, por ejemplo, en las novelas de Chester Himes).

 

Contra la mafia

 

Todas esas aseveraciones resultan pertinentes, especialmente atendiendo al marchamo de “filme representativo” que se le ha quedado a la película, aun tantos años –varias secuelas y un remake- después. Vengo a decir que no comulgo con esa condición representativa, pero confieso mi consideración por una película que me parece muy entretenida, principalmente en cuanto a partícipe de las insignias visuales y temáticas a que me he referido al principio de esta reseña. Hablo de un guión bien elucubrado, cuya excusa –casi jocosa- es el enfrentamiento entre una suerte de guerrilla urbana negra (capitaneada por Shaft, of course) contra nada menos que la Mafia italiana, pero que se alambica con suficiente astucia, dejando reflejos de luces y sombras en la descripción de los diversos personajes en liza y contando con unos buenos diálogos –especialmente la atractiva tirantez o complicidad en la relación del inspector con la policía, más concretamente con el partner improvisado en que se erige el teniente Androzzi. Hablo del modo en que la cámara se sitúa a pie de las calles de Manhattan (centro o norte), siguiendo los pasos y pesquisas de Shaft, imágenes que atestiguan una estética diría que contrapuesta a la asepsia fotográfica de los tiempos actuales, y que sirve a las pulsiones de la historia –a su credibilidad- sin necesidad de abundar en absoluto en el detalle sociológico que sí pueda hallarse por ejemplo en obras contemporáneas de Sidney Lumet o John Cassavetes. Hablo del elemento violento, servido en cortas pero impactantes dosis, libre de mayores efectismos y a la vez de concesiones.

 

Isaac Hayes

 

Pero si se habla de Shaft resulta indispensable convenir que la más particular idiosincrasia de la película proviene de la magistral partitura musical compuesta e interpretada por Isaac Hayes, una partitura genuina, que abunda, con magistral equilibrio, en lo atmosférico tanto como en lo temático, mediante una virtuosa fusión de formas del rythm & blues, del soul más melódico y de aderezos de gospel que se sirve en generosas dosis constante el metraje y que nos habla continuamente, mucho más allá de las imágenes, de los espíritus libres en la ciudad y la noche.

http://www.imdb.com/title/tt0067741/

http://www.moviegrooves.com/shop/shaftcd.htm

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