ESTA TIERRA ES MI TIERRA

Bound for Glory

Director: Hal Ashby

Guión: Robert Getchell, según la autobiografía de Woody Guthrie

Intérpretes: David Carradine, Melinda Dillon, Ronny Cox, Randy Quaid, Gail Strickland,  John Lehne, Ji-Tu Cumbuka

Adaptación musical: Leonard Rosenman

Fotografía: Heskell Wexler

Montaje: Pembroke J. Herring y Robert C. Jones

EEUU. 1976. 143 minutos

 

Woody Guthrie

Woody Guthrie (1912-1967). Un personaje que no necesita (o no debería necesitar) presentación. Prolífico trovador estadounidense de herencia rural, conocido por sus ideas afiliadas al socialismo y su identificación con la gente común, los pobres y los oprimidos, o, puesto en contexto, con las víctimas de la Depression que asoló los EEUU tras el crack bursátil de 1929; autor de imborrables himnos como This land is your land o Pastures of Plenty, se puede hablar de Guthrie como el padre espiritual del movimiento folk que a mediados de los cincuenta empezó a cobrar fuerza en el panorama cultural norteamericano y que informó en buena medida los movimientos contraculturales de la siguiente década. Amén de su excelso e influyente repertorio musical, Guthrie también nos legó un libro autobiográfico, Bound for Glory, publicado en 1943 y en el que, mediante el vitalista dibujo de diversas de las experiencias que jalonan su trayectoria, imprime con inteligencia y mucho sentimiento su ideología y reflexiones sobre el periodo y lugar concretos en los que le tocó vivir.

 

Elecciones argumentales

Precisamente esa autobiografía (editada varias veces en España con el título Rumbo a la Gloria, la última en un lujoso formato presentado por Global Rhythm Press, en 2009) da título (original) a la película que nos ocupa, y se cita como la obra de la que parte el guionista Robert Getchell para confeccionar el libreto de la misma. Aunque yo creo que cabría hablar más de inspiración que de adaptación. Por un lado, por razones en parte relacionadas con cuestiones de estructura, pues el libro era una sucesión de set-piéces diversas de la vida del músico que no pretendían una continuidad, y esa dispersión episódica es difícilmente casable con los cánones de la biographic picture a los que, con ciertos matices, la película se pliega. Por otro lado, a nivel de contenidos, muchos de los cuales se descartan en la película (especialmente el maravilloso tercio inicial del libro, referido a la infancia de Guthrie en Okemah), que por el contrario recoge datos biográficos objetivos que en la autobiografía no se detallan (por ejemplo los años de vida en Tampa, Texas, junto a Mary Jennigs, y la existencia de los tres hijos que tuvo con ella, Gwen, Sue y Bill), y que a nivel esencial se centra en la progresiva asunción por parte de Guthrie de sus ideas políticas merced de sus experiencias recogidas on the road, su afiliación a la causa sindicalista y el modo en que esas ideas cristalizaron en su combativo bagaje como compositor e intérprete musical. Estamos hablando, pues, de una labor de guión que sincretiza la sinopsis vital universalmente recordada de Guthrie y que recurre a la autobiografía como guía, si me permiten, espiritual, extrayendo textualmente, eso sí, pasajes descriptivos o dialogados puntuales y concretos (los viajes clandestinos en el tren, la labor de Guthrie como rotulista, el diálogo con un párroco que le niega darle comida bajo un curioso razonamiento, la interpretación de canciones en los campos de cultivo para recreo de los trabajadores recolectores, la secuencia en la que duerme a la intemperie acurrucado a otro homeless, para combatir el frío, etc).

 

         Mitológicas

Hal Ashby, hoy bastante olvidado cineasta pero que merece figurar en la ilustre terna de los directores del New Hollywood de los años setenta (y por tanto ser emparentado con Coppola, Scorsese, Malick, Bogdanovich, De Palma, Lucas y Spielberg, entre otros), abordó esta biografía cinematográfica en 1976, tras la realización de Shampoo y antes de dirigir Coming Home. Ashby, excéntrico personaje que por aquellos años abrazó la causa hippie, optó por erigir un retrato de tintes mitológicos del personaje y su contexto, fundiendo en buena medida al primero en lo segundo, al hombre (y su música) en el paisaje (físico, económico y social). Para ello se asocia con un inspirado David Carradine, quien ofrece una esforzada y a menudo matizada composición del biografiado; con Leonard Rosenman, responsable de la adaptación de las diversas de las piezas de Guthrie que van jalonando el tono desde la pista sonora; y con Haskell Wexler, el operador lumínico, quien nos propone unas texturas terrosas y una luminosidad ocre para imbuirnos de esas razones mitológicas que informan a las enseñas del Americana de toda la vida, con ecos iconográficos y expresivos de las obras clásicas que sobre la Gran Depresión realizaran cineastas como John Ford o Henry King o Herbert J. Biberman (Wexler se alzó con el Oscar a la Mejor Fotografía, algo que los anales a menudo relacionan con un adelanto técnico por el que es recordada la película, pues en Bound for Glory se utilizó por primera vez la steadycam, particular que merece ser matizado: por un lado, es difusa la responsabilidad en la utilización de la cámara en mano en el aparato de la puesta en escena; por otro, hablamos de un adelanto estrictamente técnico -la steadycam como dispositivo que permite llevar la cámara atada al cuerpo del operador de cámara mediante un arnés-, pero no de las tendencias estéticas o determinados efectos asociados a esa técnica, que antes de su invención se efectuaban con otros métodos –a modo de ejemplo, y sin ir más lejos, pienso en un largo plano-secuencia subjetivo en la película Duel, rodada por Steven Spielberg el año antes para televisión-).

 

         Un tren rumbo a la gloria

La verdad es que, siendo un poco malicioso, Bound for Glory nos podría ejemplificar, por contraste con títulos realizados en los últimos tiempos como Ray (Taylor Hackford, 2004), De-Lovely (Irwin Winkler, 2004) o incluso Walk the line (James Mangold, 2007), la crasa diferencia caligráfica que existe entre los biopics de los años setenta del siglo pasado y los de la actualidad, siempre sin movernos de los parámetros industriales del mainstream de Hollywood. La esmerada labor de Getchell para trascender el mero enunciado dramático e incidir, mediante perfiles humanos, situaciones y diálogos, en lo sociológico, en el zeitgeist de la América menos glamourosa del periodo entre guerras. Y sobretodo la libertad creativa de Ashby para construir su relato desde ciertas nociones poéticas –que se pueden resumir en el leit-motiv visual de los viajes en tren en los crepúsculos, decisión creativa tal vez obvia pero edificada en imágenes de forma soberbia-, que dan de resultas una película raílada de forma convencional pero que supone al mismo tiempo una aproximación perfectamente válida, capaz de trascender la anécdota, a un personaje cabal en el enmarañado cultural de los EEUU del siglo XX. Y no quiero llamar a nadie a confusión. Yo no soy de los que creo que en la industria de Hollywood actual falta talento. Creo que faltan otras cosas, pocas de ellas relacionadas estrictamente con el lenguaje y la técnica cinematográfica.

http://www.imdb.com/title/tt0074235/

http://www.woodyguthrie.org/

http://rogerebert.suntimes.com/apps/pbcs.dll/article?AID=/19770309/REVIEWS/903269998/1023

http://filmsgraded.com/reviews/2007/05/boundf.htm

http://homecinema.thedigitalfix.co.uk/content.php?contentid=5582

http://www.dvdverdict.com/reviews/boundforg.php

http://www.spiritualityandpractice.com/films/films.php?id=6950

http://www.enotes.com/bound-for-glory-salem/bound-for-glory

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