CRASH

 

Crash.

Director: Paul Haggis.

Guión: Paul Haggis y Robert Moresco, basado en una historia del primero.

Intérpretes: Matt Dillon, Thandie Newton, Don cheadle, Loretta Devine, Michael Peña, Jennifer Espósito, Brendan Frasier.

Música: Mark Isham.

Fotografía: J. Michael Muro

EEUU. 2005. 110 minutos.

 

Aceras de LA

 

Paul Haggis escogió para su puesta de largo cinematográfica una narración coral y urbana. En la cada vez más concurrida estela dejada por los Short Cuts de Raymond Carver/Robert Altman se sitúa este drama que pretende vivir en las aceras angelinas y desarrollar un discurso partiendo de la buena idea que le da título al filme: que los coches colisionan porque es un modo inconsciente mediante el cual los conductores –los ciudadanos de una gran ciudad como Los Angeles- manifiestan su necesidad de contacto y de cariño. Ése es el atractivo leit-motiv discursivo del filme, por lo que en las diversas historias cruzadas que va desgranando atendemos a la sucesión de acontecimientos nada habituales, en los que el contacto humano se produce en un estadio calificable de grave –del ensañamiento de un policía con una detenida a la posterior redención de aquél cuando se juega la vida por salvar a aquella misma mujer al sufrir ésta un accidente de coche; la incomunicación a la que se ve abocada un inmigrante por la dificultad de hablar en inglés y las perniciosas consecuencias que por ello está a punto de percibir la hija de un reparador de cerraduras, a su vez salvada por la actividad mediata de la hija del primero; dos malentendidos a los que se enfrenta un joven policía y cuyo final reviste un signo bien diferente… – equivaliendo ello a los sentimientos llevados al extremo que las circunstancias vitales de los diversos protagonistas nos promueven.

 

 

La puesta en escena

 

Como les sucede a los protagonistas del filme, el que lo visiona se encuentra con sensaciones encontradas: por un lado, el discurso que Haggis pretende ofrecer cojea de cierta afectación: tanto los diálogos como las propias situaciones que promueve a menudo adolecen de una mala concepción de los rasgos del realismo que el guionista y realizador pretendía imprimirles, de lo que resulta que ciertas resoluciones resulten un tanto forzadas, lo que le resta intensidad al filme; por el contrario, Haggis marca sus bazas maestras tanto en la elaboradísima y brillante estructura argumental, como – inopinadamente, considerando que ésta es su opera prima- en el capítulo de la puesta en escena, en cuya magnífica hechura se aprecia el reciclaje de diversos referentes visuales pero dando de resultas un estilo propio bien dotado para la plasmación a la vez sutil y ruda de los conflictos que se narran.

http://www.imdb.com/title/tt0375679/

http://www.crashfilm.com/

Todas las imágenes pertenecen a sus autores.

EN EL VALLE DE ELAH

 

In the valley of Elah

Director: Paul Haggis.

Guión: Mark Boal y Paul Haggis.

Intérpretes: Tommy Lee Jones, Charlize Theron,

 Susan Sarandon, James Franco, Frances Fisher.

Música: Mark Isham.

Fotografía: Roger Deakins.

EEUU. 2007. 112 minutos.

 

 

Million Dollar Screen

 

Tras pasarse cerca de una década fogueándose en la industria televisiva –como guionista, productor y realizador-, Paul Haggis alcanzó la fama en el cine tras rubricar el libreto de Million Dollar Baby –un guión adaptado- y poco después escribir y dirigir Crash, filme que se alzó con el Oscar a la mejor película de 2005 (no recibiendo el premio al mejor director, éste que fue a parar a las manos de Ang Lee por su labor en Brokeback Mountain). A partir de ahí se labró unas cotas de prestigio a las que pocos guionistas en Hollywood alcanzan, y en apenas tres años intervino en la escritura de guiones de filmes tan dispares como el díptico de Clint Eastwood sobre Iwo Jima (Flags of our fathers y Letters from Iwo Jima) y las dos películas de James Bond que han tratado de recuperar para el personaje un cierto marchamo de calidad (hablo de Casino Royale, de Martin Campbell y Quantuum of Solace, de Marc Forster). También  creó y escribió libretos para otras series televisivas, y, entre tanto trajín, desarrolló su segundo proyecto personal para la gran pantalla, esta In the valley of Elah, obra que será principalmente recordada por ser uno de los señeros filmes-protesta contra la invasión americana de Irak en 2003 (junto con Redacted, de Brian De Palma o Battle of Haditha, de Nick Broomfield, documentales como Year at danger de Steve Metze y Don Swaymos o The War Tapes, de Deborah Scranton, o incluso series  telvisivas tan aclamadas como Generation Kill, de los creadores de la excelsa The Wire).

 

        

         Cicatrices psicológicas

 

El interés de Paul Haggis por esta historia le viene de un artículo publicado en Playboy titulado “Muerte y deshonor”, firmado por Mark Boal, en el que el periodista analizaba un suceso acaecido en Port Benning, Georgia, donde un soldado que había regresado del frente en Irak fue asesinado por sus propios compañeros de pelotón.  Con esa base, Haggis construye un filme cuyo antibelicismo no se escora en la denuncia política, sino que se mueve hacia la abstracción, ya que trata de trascribir algo tan espinoso como son las cicatrices psicológicas, y ello a través del viaje emprendido por el padre del chico desaparecido/asesinado –para más señas, militar jubilado pero convencido- y de su progresiva asunción de datos reveladores no sólo de los motivos del asesinato de su hijo sino de la relación de éste con sus compañeros de tropa y su bagaje en el frente. Con más sutileza y capacidad para la sugestión que ingenio propiamente dicho, Haggis erige un poderoso puzzle de personajes y emociones, de contradicciones, de verdades irrefutables e inexplicables.

 

        

         Levantamiento del velo

 

A mí me gustó Crash, pero con reservas. Según mi parecer, su innegable esmero argumental escondía bajo la fachada de realismo social ciertos clichés y no poco efectismo sentimentaloide. Precisamente por oposición, creo que esta In the valley of Elah es una obra mucho más redonda, pues aquí sí que Haggis nos ofrece una portentosa lección de realismo, lo que resulta especialmente encomiable (por complicado) en una película proveniente de una industria como la hollywoodiense, cuyas tesis de radiografía social suelen servirse más bien desde lo alegórico. Aquí de alegórico tenemos el título –de referencia en la Historia Sagrada, el campo de batalla en el que David venció a Goliat-, o la secuencia de la bandera colgada del revés, secuencia poderosa en su definición visual pero más bien obvia como culminación discursiva. Sin embargo, la compleja composición dramática, que habita en los más pequeños detalles (y en la lacónica y sobresaliente composición que efectúa Tommy Lee Jones), va dotando de empaque la propuesta y consigue traducir lo concreto (lo íntimo) en abstracto (el discurso). Haggis demuestra inteligencia en el planteamiento de ese “levantamiento del velo” que atañe al protagonista, utilizando por ejemplo los videos que el soldado grababa en su móvil, y que, sin ruido ni efectismos, van alcanzando un completo sentido; lo mismo sucede con la pesadilla del padre, que al principio creemos que se debe al dolor por la pérdida, pero después, integrado su sentido en un flash-back, veremos que también obedece al reconcomio por un acusado sentido de culpa. Resulta muy caro a los propósitos narrativos del filme ver el modo amigable escogido por Hank (Lee Jones) para acercarse a los peones de la trama, las conversaciones que mantiene con el personal de la base militar y los reclutas (a los que siempre soborna ofreciéndoles alcohol), sus tira y afloja con la inspectora de policía, y sobretodo sus soledades y silencios, que esconden un pavoroso torrente de desasimiento.

 

        

         SEPT

 

Si en las pocas secuencias protagonizadas por Susan Sarandon (también espléndida) el filme holla con austeridad su poso dramático, y en la esforzada investigación de la inspectora que encarna Charlize Theron (tercera en concordia interpretativa) reside la convención genérica, policiaca, que raíla el desarrollo de la investigación –bien aliñada con la descripción de la oposición entre la vida civil y la militar mediante el tratamiento de los conflictos jurisdiccionales-, es en todo momento el personaje de Hank quien se va impregnando, e impregna a los espectadores, del peso de la historia, que balancea a la perfección lo simbólico y lo sociológico, pues a partir de una pérdida doble por parte de un padre (primero su hijo muere, después descubre la repugnancia de sus actos) se traza un durísimo, descorazonador retrato de la realidad social y cultural de un país cuyas jóvenes generaciones (de estratos sociales inferiores) siempre tienen una guerra en la que participar, y por tanto un horror con el que convivir (sí, las enseñanzas de Apocalypse now, una vez más, aunque también la orfandad del pueblo respecto de su padre/madre patria que vienen predicando los artistas americanos izquierdistas desde que Kerouac la supurara al final de On the Road). Aunque las líneas sean difusas, acaban por cruzarse: del asesinato accidental de un niño al ensañamiento con un preso herido, de las risas y bromas que erigen el compadreo necesario para la convivencia en unas condiciones extremas a esas mismas bromas y risas que acaban a navajazos porque nada importa demasiado, porque del alma ya sólo quedan despojos. Es lo que llaman “síndrome de estrés post-traumático”.

http://www.imdb.com/title/tt0478134/

http://www.rottentomatoes.com/m/in_the_valley_of_elah/

Todas las imágenes pertenecen a sus autores.