CLEANER

Cleaner

Director: Renny Harlin.

Guión: Matthew Aldrich

Intérpretes: Samuel L. Jackson, Ed Harris, Eva Mendes, Keke Palmer, Luis Guzmán, Maggie Lawson, José Pablo Cantillo.

Música: Richard Gibbs.

Fotografía: Scott Kevan

Montaje: Brian Berdan

EEUU. 2008. 89 minutos.

 

Harlin II

        No cuesta mucho decir que nos hallamos ante la mejor película de Renny Harlin. Lo que tampoco es decir mucho, o, dicho de otra forma, lo que no significa que Cleaner sea una obra maestra. Que no lo es. El realizador de origen finés se labró, por allá finales de los ochenta y los noventa, la fama de director blockbuster en toda regla. Tras filmar el título más lucrativo de la franquicia de Freddie Krueger, Nightmare on Elm Street 4, las puertas de la industria se le abrieron de par en par, y le convirtieron en una suerte de cruce entre un Michael Bay y un James Cameron, por decir, un realizador capaz de llenar las plateas de los cines con productos como la secuela de Jungla de Cristal, Die Hard 2, The Adventures of Ford Fairlane, Cliffhanger y Driven (para lucimiento de Sylvester Stallone), The Long Kiss Goodnight o Deep Blue Sea (estas dos últimas coprotagonizadas por Samuel L. Jackson, que aquí repite). Aunque existen matices cualitativos entre las películas citadas, lo cierto es que no se trata de un bagaje nada llamativo a no ser que usemos como baremo el box-office o, quizá jugando un poco a la sorna, lo involuntariamente hilarantes que resultan algunos pasajes de sus películas, hilaridad que a menudo procede de su despropósito tanto argumental como visual. Nada de ello concurre en esta Cleaner, un thriller entretenido, honesto, con pocas ínfulas, con cierto calado argumental y, quizá sobretodo, mucho menos manierista de lo que es habitual en el género e industria. Ya digo, no es Cleaner una masterpiece, ni nos asegura que Harlin se convertirá en un realizador admirable, pero sí que nos hallamos ante una proposición cinematográfica bien decente.

 

Conflictos dramáticos

        Es cierto que lo más interesante de Cleaner reside en la originalidad de su propuesta argumental, que traza un conflicto de personajes a partir de las posibilidades que se extraen del curioso oficio del protagonista, Tom Cutler (un perfectamente comedido Jackson), oficio que da título al filme: se dedica a limpiar entornos insalubres, especialmente los escenarios de una muerte violenta. El propio guionista de la función, Matthew Aldrich, manifestó que el germen de su libreto apareció cuando escuchó una referencia en la radio sobre tan singular profesión. Y en realidad, la trama se abre a partir de la primera opción que a uno cabe ocurrírsele con semejante caldo de cultivo: Cuttler es contratado para limpiar una escena de un crimen y, tras hacerlo, descubre que quien le ha contratado es un anónimo y que la policía no sabía nada del homicidio cometido. Él mismo, policía retirado, empieza a conjeturar sobre la posible autoría de ese crimen, y por otro lado se siente presionado por la posibilidad de que sea él, por su efectivo trabajo de borrar pistas, el principal sospechoso. Sí, es una premisa esperable, pero precisamente a partir de ella el filme trenza el devenir argumental sin pirotecnias ni golpes de efecto extravagantes, focalizando el relato en los conflictos de hasta cuatro personajes, esto es explotando una vis dramática que resulta bien efectiva, porque está planteada con inteligencia y porque está servida con habilidad y un asumido sentido de la sobriedad.

 

Desestructuración familiar

        De hecho, el filme en principio parece engrasar su desarrollo sobre una trama de corrupción policial a gran escala, y aunque en el desenlace de la función esa trama aparente tiene cierto peso, en realidad queda relegada a un conflicto doble y de corte puramente dramático, arraigado además sobre un solo eje, el de la desestructuración familiar: el proceso de catarsis de un padre (Cuttler) y su hija por la muerte violenta de la esposa y madre acaecido años atrás, y el devenir de una historia de adulterio marcada por un aborto. De hecho, creo que Cleaner es una obra en la que sólo ciertos resortes de estructura y el recurso a ciertas apariencias falsas (por lo demás, exploradas parcamente) deslindan este thriller de los márgenes puros y duros del drama. Aunque eso poco importa, y sí el hecho de que, a pesar de algunas escenas que recurren al estereotipo, los personajes son de carne y hueso, actúan bajo una presión congruente y bien explorada en las situaciones de desarrollo, y terminan su trayecto dramático en condiciones distintas pero no menos creíbles de las que marcaron el inicio. Precisamente la catarsis de la que hablaba entre Cluter y su hija tiene que ver con la revelación de un secreto, el de que Cluter participó y se benefició de la coda corrupta del cuerpo policial, ni que fuera movido por un móvil tan visceral (y por tanto, no lucrativo) como es la venganza. En realidad, tanto él como su amigo Eddie (encarnado, igual de bien, por Ed Harris) comparten un mismo sino, aunque el destino les juzgue de forma distinta. A poco de pensarlo, el desenlace de la función es bien poco complaciente, y además (considerando quién aprieta el gatillo en el clímax de la función) permite reflexionar sobre un tema recurrente en el cine americano, el arraigo de la violencia en el comportamiento humano.

 

Sobriedad

        Harlin, quizá consciente de sus limitaciones, aprovecha las prestaciones más bien intimistas que habitan en el libreto para componer una pieza basada en el minimalismo, en la que apenas hay panorámicas, que se basa en la acumulación de secuencias a menudo implosivas, en las que destacan los primeros planos a los actores y los insertos de detalle, todo ello, eso sí, muy estilizado. Utilizando como excusa escénica la sistemática higiénica y el concienzudo trabajo del cleaner, Harlin gusta de planificar las secuencias mostrando todo tipo de detalles de los escenarios en los que los personajes se mueven, y dejando por otro lado que sean los actores en sus interacciones quienes se apoderen de la carga emocional que empapa el relato. Dejando de lado algunos fundidos poco convencionales (y nada desdeñables desde un punto de vista meramente plástico), Harlin abandona todo efectismo en el tratamiento de la historia, e incluso nos ahorra (o casi) los temibles flashbacks ilustrativos de la información que se va dosificando al espectador. Y siendo como es una película de montaje, incluso se permite algún detalle interesante de puesta en escena. Pienso en la hermosa secuencia en la que se nos muestra a Cutler en su habitación oliendo el perfume de su mujer (la mitad del encuadre fundido en negro, la otra mitad mostrando la escena desde el exterior de la habitación), o en la resolución de la secuencia en la que Cutler le cuenta a Ann Norcut (Eva Mendes) el terrible pasaje del asesinato de su esposa: una angulación en semipicado deja a los personajes en un rincón del encuadre, y en primer plano hay una bombilla que se apaga.

http://www.imdb.com/title/tt0896798/

http://www.rottentomatoes.com/m/cleaner/

http://www.sonypictures.com/homevideo/cleaner/

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