SYRIANA

 

Syriana

Director: Stephen Gaghan.

Guión: Stephen Gaghan, basado en el libro de Robert Baer.

Intérpretes: Matt Damon, Christopher Plummer, George Clooney, Amr Waked, Jeffrey Wright, Amanda Peet, Alexander Sidding.

Música: Alexandre Desplat.

Fotografía: Robert Elswitt.

EEUU. 2005. 118 minutos.

 

En la era de la información

 

El visionado de filmes del talante de esta Syriana debería plantear en el espectador una serie de reflexiones, no ya referidas a lo que existe más allá del corsé del entertainment (porque a estas alturas me parece inaceptable la postura de los espectadores que sólo van a recibir adrenalina o sedación en las salas, y que nunca jamás se les ocurre que una película les pueda inquirir o les exija esfuerzos intelectuales o emocionales de ningún tipo), sino relacionadas con el cine como fuente de información en la era de la información. No me cabe duda de que habrá muchas personas a las que Gaghan no va a la zaga, que conocen de cerca y con conocimiento de causa los mecanismos en los que el negocio transnacional del petróleo se fragua, así como sus agentes implicados, tanto como las complejidades mayores que sin duda reviste un análisis pormenorizado de causas y consecuencias. Sin embargo, menos dudas tengo de que el grueso mayor de los espectadores que se acercaron a las salas de cine a ver Syriana desconocen los entresijos de esos mecanismos de orden político, militar, económico y social, sus motivaciones y sus repercusiones, y ello a pesar de ver, leer y escuchar cada día mulitud de informaciones que nos hablan del golfo pérsico, de conflictos armados, de business entre jeques del petróleo y grandes compañías americanas y, porqué no decirlo, de terrorismo islámico. Me da a mí la impresión de que los mass media nos bombardean con datos, pero pocas veces nos ayudan a comprenderlos, quizá porque son conscientes de que, primero, eso requiere un esfuerzo de periodismo serio y comprometido que por desgracia no abunda, y, segundo, porque resulta más provechoso ahorrar esfuerzos y dedicarse a impactar, impactar más que dotar de criterio al receptor de información.

 

 

Visiones subjetivas

 

Lo que resulta evidente es que en ese marasmo de sobreinformación deformante bajo cuyo yugo sucumbimos a diario tan plácidamente, resulta no ya aconsejable sino necesario que alguien se atreva a recapitular y lanzar tesis que pretendan una descripción mínimamente rigurosa de lo que damos en llamar “el estado de las cosas” sobre una materia determinada. Y a mí me parece que Stephen Gaghan lo hace, y lo hace muy bien con esta Syriana (y, porqué no decirlo, bajo el auspicio de Section Eight, la productora señoreada por Clooney y Steven Soderbergh). Por ello, me da la impresión de que los cincuenta millones de dólares que recaudó el filme en los States son una buena noticia, y particularmente me alegro de haber gastado mi tiempo y mi dinero en visionar una película que pretende doctrinizar sobre un asunto que incumbe a la ciudadanía. Cierto es que las tesis alcanzadas son criticables, pero los detractores de Syriana –como en cierta medida los de los filmes de Michael Moore- a menudo pecan gravemente de destruir lo que les molesta de una película sin atreverse a dar una pertinente y seria versión de los hechos que trascienda de la no-versión a la que los medios nos someten (es decir, sin atreverse a construir, llamándonos tácitamente a aceptar que es mejor quedarse con la desinformación que con una visión subjetiva de las cosas –digo que esto es grave porque al conocimiento sólo se llega mediante puntos de vista, como el de Gaghan, como tantos otros, al tenor de todos los cuales podemos y debemos moldear los datos según nuestro intelecto para alcanzar una visión propia y crítica de las cosas; lo que los detractores gratuitos promueven es, finalmente, que dejemos de saber y, lo que es más grave, que dejemos de pensar).

 

 

Peones en la trama

 

Una vez cerrada esta no tan pequeña digresión, y centrándonos en terreno cinematográfico, es justo decir que Syriana está confeccionada siguiendo el modelo de su predecesora Traffic, lo que simplemente nos indica cuáles son las intenciones de los responsables (coincidentes) de una y otra películas. A esto hay que añadir, por lo demás, que el argumento de Traffic era mucho más sencillo y asimilable que el de Syriana (porque el bagaje de información que el espectador dispone en lo referido al tema del tráfico de la droga es muy superior y concreto al que concierne al negocio global del petróleo). Es en efecto Syriana una película de gran complejidad –de ésas en las que apetece tomar apuntes-, con muchos personajes que tienen mucho que hacer y decir, si bien hay hasta seis que revisten importancia preponderante: Dean Withing (Christopher Plummer), asesor de altas esferas que coadyuva a dar efectividad a la fusión legal de las dos empresas petrolíferas; Bennett Holiday (Jeffrey Wright), abogado que investiga para el bufete de Withing esa legalidad de la operación de fusión, que irá tomando conciencia de que la legalidad perece ante intereses superiores, y que la única finalidad de cuyo trabajo reside en evitar la investigación gubernamental; Brian Woodman (Matt Damon), personaje-puente, analista económico que, por razón de una circunstancia personal desgraciada, entra en contacto con Nasiir Al-Subai, uno de los príncipes de una región de Oriente Medio (presumiblemente, los Emirates Arabes, o Arabia Saudí), al que asesora sobre política económica; el propio Nasiir Al-Subai (Alexander Sidding), que aspira a efectuar reformas político-sociales en su región y firmar con China contratos de explotación en caso de que su padre le nombre heredero, para lo cual le toca lidiar con un hermano, Meshal, que está siendo atraído por las empresas norteamericanas; Bob Barnes (Clooney), agente de la CIA que se enfrentará a su propia condición cuando descubra que ha sido peón y chivo expiatorio de un juego que desconocía; y finalmente, Wasim Khan (Mazhar Munir), inmigrante que trabaja en una refinería de la transnacional americana y que perderá el empleo cuando se modifique el status jurídico y la política laboral de la sociedad, entrando en contacto con una madrassa donde le inculcarán los valores más férreos del islam y posteriormente será educado como terrorista suicida.

 

 

El oro negro

 

El sino de todos estos personajes está conectado por el flujo del oro negro: sus razones y su condición se rigen por la coyuntura económica que los intereses empresariales promueven -asistidos por el interés político que representan la CIA y demás corporaciones públicas norteamericanas que aparecen en la cinta-, y que los partícipes de dicho comercio secundan. Y el filme no evita la toma de postura al respecto de los perniciosos efectos que para la vida humana (de pueblos enteros) alberga el desarrollo de las piezas –y la preponderancia de algunas de ellas sobre las demás- en aquel tablero económico. La caligrafía de Gaghan, caracterizada por una necesaria economía descriptiva, hereda en buena medida la frialdad y las formas de Soderbergh, lo que sirve perfectamente a las intenciones (y ambiciones descriptivas) del filme. Como también sucedía en cierto modo en Traffic, los relatos humanos (la relación de Bennett con su padre, la reunión de Bob con su hijo, las contingencias en el hogar de los Woodman) se convierten en el punto débil del filme, ello debido a la dificultad de yuxtaponerlos con la esencia discursiva de la película. En todo caso, a la finalización de Syriana uno no debería sentirse especialmente deprimido, simplemente saber un poco más sobre las razones por las que se deprime, por las que el mundo entero debe deprimirse. Sin querer canonizar sobre las arengas contenidas en esta valiente película, quien esto suscribe agradece al libro See no evil y a la película en el mismo basada –y a su máximo responsable Stephen Gaghan- su esfuerzo por alumbrar, desde la oscuridad de una sala de cine, que las razones para tantos cóleras se sitúan y respiran mucho más allá de los desgajados apuntes de éste u otro noticiarios.

http://www.imdb.com/title/tt0365737/

http://syrianamovie.warnerbros.com/

http://en.wikipedia.org/wiki/Syriana

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