EL LIBRO DE LA SELVA

The Jungle Book

Director: Wolfgang Reitherman.

Guión: Larry Clemmons, Ralph Wright, Ken Anderson y Vance Gerry, basado en la obra de Rudyard Kipling.

Intérpretes: Phil Harris, Sebastian Cabot, Bruce Reitherman, George Sanders, Sterling Holloway, Louis Prima.

Música: George Burns,

Canciones: Richard M. y Robert B. Sherman.

Montaje: Tom Acosta y Norman Caslile

EEUU. 1967. 78 minutos.

 

En 2007 se cumplió el cuadragésimo aniversario de la realización de esta película, remedo según los cánones de la factoría Disney el inmarchitable clásico homónimo escrito por Rudyard Kipling, The Jungle Book. Esta conmemoración es una magnífica oportunidad para volver a cantar las gracias de esta grandiosa película, sea para activar la nostalgia de aquéllos que, como yo, crecimos disfrutándola, sea para presentarla a las nuevas generaciones.

 

Rudyard Kipling

El filme se desmarca con mucho de las insignias temáticas y tonales tan caras a los productos disneyanos, entre los que se suele contar el gusto por la melaza y la ñoñez a menudo combinada con un dramatismo no por disfrazado menos feroz; ello puede ser debido –si se me permite el comentario malicioso- a que The Jungle Book es el primer filme de Disney sin Walt Disney (que murió un año antes de la realización de la película). En cualquier caso, los guionistas Larry Clemmons, Ralph Wright, Ken Anderson y Vance Gerry extrajeron, en su trasvase al público infantil al que –a priori- va destinada la película, enorme partido de los postulados insertos en la obra de Kipling (recordemos, basada en cuentos de animales de la selva india que, de forma antropológica, plantean lecciones morales), probablemente por respetar, muy por encima de la media en las obras de Disney, la textualidad argumental (al menos de las primeras historias que constituyen El Libro de las Tierras Vírgenes de Kipling).

 

El temido fuego

Con un tono siempre desenfadado, pero en cuya amabilidad anida una (a menudo no tan soterrada) mordacidad, la narración de los avatares de Mowgly se erige principalmente en una oda a la vida en libertad, quintaesencial enseñanza que se desgrana en las diversas parábolas que germinan de la relación que el niño establece con los animales, principalmente la pantera Bagheera y el oso Baloo; de su amistad, del peligro, del deber y de la duda y la incomprensión. Sobre ese fresco puerilizante habita, cual si se tratara de un armonioso diorama, un canto de amor por la naturaleza y los animales, ítem que parte de la personificación –meticulosa, genial- de los personajes, pero que deriva en la oposición que se representa en el fuego: el fuego que el rey de los monos quiere poseer para encarnarse en hombre (metáfora no por gráfica menos elevada), el mismo fuego al que teme Shere Khan, personaje que, aunque asuma la condición de depredador-villano de la función, o precisamente por ello, acaba por representar a la perfección esa oposición (y el sometimiento de los animales al hombre, pues el fuego lo vence).

 

Modernidad

Veinte años antes de la aparición de la edad “informatizada” y considerada “moderna” del cine de animación (que, si mis anales consultados no van errados, se produjo con la película Basil, el ratón superdetective, The Great Mouse Detective, 1986), The Jungle Book es un filme que atesora las virtudes de la modernidad en mayúsculas sin cacarearla. La ironía con la que se retrata a los personajes secundarios traza lúcidas parábolas sobre tipologías humanas o institucionales perfectamente reconocibles en la realidad (el marcial y chocheante coronel Hati; las ladinas estratagemas sentimentaloides de la serpiente Ka; la soledad y hasta lirismo que representan –a capella- los buitres;…). Asimismo, las peleas entre Baloo y Bagheera tienen mucho de domésticas (pues son sus progenitores de facto -con permiso de la loba protectora que lo acogió en la más tierna infancia-); a este respecto, aunque la pantera represente la voz de la prudencia y la sabiduría, cuando el conflicto termine (al ser abandonados por Mowgly) se doblegará gustoso a la doctrina sobre las “bare necessities” gloriosamente acuñada por Baloo, apuntando que la vida salvaje es connatural a esa filosofía, y por tanto, a contrario sensu, que está vedada al ser humano.

 

The Bare Necessities

El realizador Wolfgang Reitherman (auténtico peso pesado del departamento de animación de la factoría Disney, en la que colaboró durante cuatro décadas) propone un ritmo frenético, canalizado visualmente mediante soluciones que nos hablan de velocidad, dinamismo (sirvan de ejemplo las transiciones narrativas que utilizan a la pantera viajando por entre las ramas de los árboles con proverbial agilidad o la secuencia en la que los monos “roban a Mowgly” a Baloo). Y si el ritmo es frenético, la música es fascinante: el meollo argumental se hace coincidir con los números musicales, sobre cuya temática me he referido de pasada en lo precedente, pero que en el apartado formal acaban erigiéndose en el plato fuerte de la película, al combinar despampanantes coreografías (especialmente el episodio en el templo de los monos, o el pasaje cuasi-onírico interpretado por la serpiente) con una maravillosa y absolutamente heterogénea recolección de canciones - composiciones del dúo habitual de la casa, Richard M. y Robert B. Sherman-, tan poderosas que dan el tono de cada instante, combinando –en el estrecho margen de 75 minutos que dura el metraje- el swing, el scatt, pinceladas de reggae, de samba e incluso una fanfarria castrense. En definitiva, una banda sonora trepidante y trufada de piezas clásicas –ahí están The Bare Necessities“, “I’ve Wanna Be Like You” o “My Own Home“-, tan inmarchitables como el propio filme y su sustrato.

 http://www.imdb.com/title/tt0061852/

http://disneydvd.disney.go.com/the-jungle-book-40th-anniversary-platinum-edition.html

http://en.wikipedia.org/wiki/The_Jungle_Book_(1967_film)

http://disney.go.com/vault/archives/movies/junglebook/junglebook.html

http://en.wikipedia.org/wiki/I_Wan’na_Be_Like_You_(The_Monkey_Song)

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