LA MATANZA DE TEXAS (2004)

 

 

The Texas Chain Saw Massacre 2004

Director: Marcus Nispel.

Guión: Scott Kosal, basado en el guión del filme

de 1974 escrito por Tobe Hooper y Kim Henkel.

Intérpretes: Jessica Biel, Jonathan Tucker, Erica Leerhsen, Mike Vogel, Eric Balfour, R. Lee Ermey.

Música: Steve Jablonsky.

Fotografía: Daniel Pearl

EEUU. 2003. 98 minutos.

 

Remake (I)

 

Yo debía de tener unos doce o trece años, era un mozalbete que aspiraba a convertirse en teenager mediante fórmulas diversas, una de las cuales era una afición creciente por el cine de terror contemporáneo: me había internado en los delirios de Michael Meyers que Carpenter acuñó en un momento de inspiración y a las –por entonces, no tan prolíficas ni zafias- sagas de Freddie Krueger y de Jason Vorhees. Una mala noche, en la segunda cadena de Televisión Española, alcancé mi propia trampa: fui abducido, mis sentidos zarandeados y mi pretendida inmunidad al horror vilipendiada por la sucia brutalidad de la obra maestra indiscutible de Tobe Hooper. The Texas Chain Saw Massacre se convirtió para mí en el mayor y más temible referente del género, una película que adoraba y me inquietaba a partes iguales, que aun ahora sigo venerando por la idéntica razón por la que mis sentidos siguen erizándose cuando Sally o el hombre de la máscara de cuero se acercan a mi retina. Es por ese motivo que, muchos años después, a pesar de que en líneas generales he perdido interés por el género slasher, me acerqué con ganas al remake de La Matanza de Texas, no con ánimo alguno de comparar, sino con una pretensión netamente radiográfica. Y la verdad es que no me defraudó en absoluto. Marcus Nispel es el realizador de este remake, titulado The Texas Chain Saw Massacre 2004, y subtitulado originalmente 18 de agosto de 1973, porque se permite –en los breves prólogo y epílogo- aprovechar la ventaja de la inspiración en hechos reales, como ya hacía su precedente. La principal diferencia entre una y otra obras radica en su definición visual: del documentalismo –y la cruda desnudez de la cámara de 16 mm- de 1.974 transitamos hacia el más que confeso afán esteticista en la versión Nispel/Bay (quiero citar al productor, porque me resulta de lo más curioso que el realizador de Armageddon o Sesenta segundos sea el prócer de esta película). Esta principal diferencia obedece a razones de tiempo y de cánones, es la diferencia entre la sensibilidad del espectador de dos generaciones bien diferenciadas, y me parece una opción, la del remake, lógica y justificada (para evitar un tributo gratuito de todo punto innecesario) y, a la vista de los resultados, acertada.

 

 

 

 

La nueva estética de lo macabro

 

Lo que más me gusta de la película de Nispel es que respeta en todo momento el clásico cuya adaptación tiene entre manos sin por ello renunciar ni un ápice a la propia personalidad. Y lo que más me asombra es el dominio que Nispel demuestra del lenguaje cinematográfico, de lo que se sigue algo bastante difícil: que los propósitos cristalicen en resultados visuales: con leves variaciones argumentales respecto de la película de Hooper, The Texas Chain Saw Massacre 2004 nos propone un viaje iniciático a lo macabro, personificando el horror en una América profunda dotada de una impronta gótica. Se aprecia constante el metraje del filme el gusto por la filigrana técnica bien entendida, no sujeta al efectismo en la colocación de la cámara sino a la búsqueda de la idea sugerente, a menudo mórbida, en el plano (utilizando recursos bien conocidos pero bien dosificados por Nispel, como esos planos lejanos y solitarios de la casa, los lentos travellings que siguen a los protagonistas, el perfil obtuso para retratar elementos de matarife, o los planos cortos para describir el terror posado en los rostros de verdugos y víctimas); la tarea lumínica, marcada en buena medida por el espesor, alternando entre la saturación de colores cálidos que arrojan una sensación de asfixia sobre los personajes (primera parte del metraje) y la descripción de la noche y del cuarto de martirio mediante tonos azulinos, caros a la lúgrube sugerencia por lo que tienen de difuso, de indefinido (segunda parte del metraje); el uso de una partitura musical machacona, claustrofóbica, arrítmica, inquietante; el montaje saturado de planos cortos, presto a exprimir el sentido narrativo de los elementos que el espectador reconoce y que Nispel retrata de un modo inaudito (las herramientas de martirio, los collares de dentaduras, los potes de formol de dudoso contenido, los objetos que se encuentran en el suelo de la carretera, que nos hablan de lo macabro, y sobre los que la cámara se detiene momentáneamente a título de mal augurio).

 

 

 

 

Remake (y II)

 

Con ello, Nispel alcanza el tono y el ritmo de su película, y consigue una magnífica progresión narrativa, sin por ello olvidarse de albergar homenajes explícitos a la catadura e idiosincrasia del filme de 1974: planos idénticos como el de la luna llena; clichés visuales (la tarea de zurcidor de Leatherface) o transiciones narrativas (la falsa pausa de la carrera de Jessica Biel en la roulotte) directamente extraídas de su referente; detalles reconocibles y hasta cierto punto jocosos (pienso en los tres coches abandonados y destartalados junto a los cuales se encuentra un cuarto vehículo en semejantes condiciones, que recuerda poderosamente la furgoneta en la que Sally, su hermano Franklin y los demás teens viajaban en 1974); o sabias relecturas del leit-motiv del filme original (la secuencia en el matadero, donde se lleva al extremo de la explicitud el modus operandi de los psicópatas, e incluso se subvierte el sentido de la narración –cuando la Biel mutila a Leatherface con un cuchillo de carne-). Si no existiera el filme de Tobe Hooper, estaríamos hablando de un filme de terror comme il faut, que recoge las fórmulas narrativas y visuales actuales del género y sabe utilizarlas con suma pericia. La existencia del referente de 1974 promueve otra lectura (que no desmerece la anterior), en la que se da una vuelta de tuerca a lo que de mitológico tiene el filme de Hopper, en la que la fealdad se torna en belleza para arrojar otro saldo en los confines del abismo del horror. En el meollo discursivo  del filme se radicaliza el retrato de los habitantes de esa comunidad rural, se agrava la diferencia entre los yogurines que transitan y los freaks que habitan en esa Texas descarnada, y la presencia de un bebé rescatado inesperadamente e in extremis nos sugiere algún tipo de soflama el juego de cuyas múltiples lecturas dejo al libre albedrío de cada uno. Es cierto que hay en el presente remake peajes comerciales evitables, principalmente en lo que concierne al talante heroico del personaje que encarna Jessica Biel y que promueve un desenlace muy distinto, mucho menos doloroso, del que aguardó a Marilyn Burns en 1974. Al respecto, debe decirse que, aunque menoscaban un poco el resultado final, son aceptables las concesiones cuando la hechura de la película merece la pena y cuando, por lo demás, esas propias concesiones están rodadas con habilidad (pienso en el ardid de guión que confunde al espectador cuando le invita a imaginar que la protagonista está haciendo un puente al camión sobre el que se avalanza R. Lee Ermey cuando en realidad lo está haciendo al coche de policía que va a atropellarle, por activa y por pasiva, antes de escapar).

 

http://www.imdb.com/title/tt0324216/

http://www.miradas.net/0204/criticas/2004/0405_matanzadetexas.html

Todas las imágenes pertenecen a sus autores.

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