CHE. EL ARGENTINO

 

 

 

Che 1: The Argentine

Director: Steven Soderbergh.

Guión: Peter Buchman, basado en escritos de Ernesto “Che” Guevara.

Intérpretes: Benicio Del Toro, Demián Bichir, Rodrigo Santoro,

Catalina Sandino Moreno, Ricardo Álvarez.

Música: Alberto Iglesias.

Fotografía: Steven Soderbergh

EEUU-Francia-España. 2008. 129 minutos.

 

Lección de historia

 

¿Sabían que el proyecto de llevar al cine la vida de Ernesto Guevara perteneció a Terrence Malick hasta poco antes de concretar la preproducción de la película? A poco de pensarlo, uno no puede por menos que imaginar que el resultado en imágenes no podría haber resultado más distinto. Lo que es lo mismo que diferenciar dos estilos bien delimitados, como son los del director texano y el realizador de Underworld. Lo que está más que claro son las intenciones de Steven Soderbergh al abordar esta biografía de uno de los personajes más iconográficos del siglo pasado. Y si están claras las intenciones es sin duda porque Soderbergh las lleva a buen puerto, al menos en esta primera parte del díptico (en realidad, las dos obras fueron concebidas como una sola, pero se estrenaron por separado por razón de su larga duración: ello nos hace pensar que la continuación seguirá, sino idénticos, parejos parámetros estilísticos): el realizador pretende ilustrar la vida del guerrillero y de la ideología llevada al extremo en sus actos. No se trata de un biopic al uso, porque para empezar no hay ningún estudio hollywoodiense detrás de la película (sí que es una coproducción norteamericana, francesa y española), y porque, al fin y al cabo, no se respeta ni un solo clisé de los que conforman las biographic pictures canónicas (si me apuran, sólo uno: mostrar las bronquitis de Guevara de una forma más o menos constante). Tampoco es una película bélica, por mucho que el grueso de sus pasajes transcurran en la selva, en el proceso de adhesión a la causa de los territorios cubanos previa la llegad a La Habana en año nuevo de 1959. Pero tampoco tenemos una radiografía de ínfulas psicoanalíticas al estilo del Nixon de Oliver Stone. El sustrato de la película es autobiográfico, los “pasajes de la revolución” que el propio Ernesto Guevara nos dejó. Así que aunque parezca que la mirada de Soderbergh pretenda dar alas al icono, en realidad lo que trata de hacer (y a menudo consigue) es vestir las razones que habitan tras el icono. El mayor interés del filme radica sin duda en trazar una vía (cinematográfica) por uno de los lugares/momentos/personajes más trascendentales del siglo XX, y asumir su cualidad expositiva con humildad, transcribiendo las notas legadas por quien vivió en ese lugar y momento y protagonizó esos actos. Así se erige esta Che principalmente como una lección de historia, tan parcial como cualquier otra, destinada al gran público (me refiero a cualquiera interesado en la historia del siglo XX… desgraciadamente, me temo que eso no se define en términos de “gran público”), y especialmente a todos aquéllos que de algún modo o por otra razón se han dejado seducir en algún momento de su vida por la imagen del guerrillero y el aura que guarda o que, también de algún modo o por otra razón, desprende.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tonos y contrastes

 

El filme se estructura a partir de la narración de lo ya mencionado, el avance de las tropas castristas hasta el derrocamiento de Batista en 1959, en un avance perfectamente lineal que, empero, se apuntala con otros dos focos narrativos complementarios, uno de ellos una escena (desgajada en pocas secuencias) que se sitúa en un momento previo a la Revolución (en 1955, en México, la noche en la que Ernesto Guevara conoció a Fidel Castro –fue presentado por el hermano menor de este último, Raúl Castro-), y el otro, ubicado 1964, en el que reseguimos las actitudes y palabras del Che en su corta estadía en Nueva York, respondiendo a preguntas de una periodista norteamericana o compareciendo en el atrio de la Asamblea de las Naciones Unidas. Como sucedía en Traffic, Soderbergh utiliza tonos cromáticos diversos para cada uno de esos segmentos diferenciados (blanco y negro con imagen granulada en NY, y un tono suave y cálido, ambarino, en el pasaje mejicano –y aún hay otro experimento cromático para una única escena interlúdica: el color azul cuando se muestra el viaje en barco en el que se trasladan los ochenta y dos revolucionarios a punto de iniciar su marcha por Cuba-). La solución, allende lo formal, funciona a la perfección sobretodo al contrastar la nitidez de los pasajes que transcurren en la espesura de Sierra Maestra con la sensación de ajenidad e incluso abstracción que concierne al episodio norteamericano, donde el discurso esgrimido por el Che va contextualizando en lo ideológico el territorio de narración pura que narra el reclutamiento y avance con destino a La Habana. De hecho, la labor lumínica llevada a cabo por el propio Soderbergh constante el metraje resulta lo más interesante desde un punto de vista técnico, pues encauza en todo caso con agudeza los propósitos descriptivos.

 

 

 

 

   

 

 

Un hombre y su sueño

 

    A pesar de que en sus últimos compases Soderbergh efectúa en esfuerzo de planificación y montajes paralelos para describir con detalle la toma de Santa Clara, la construcción argumental se construye desde lo episódico, mediante la concatenación de cortas secuencias que narran los avatares de la tropa, las estrategias militares, los usos y reglas, o las reuniones al más alto nivel (principalmente, con Castro). Tal opción rehuye los aspavientos épicos en pos del perfil humano del personaje y del marco tanto sociológico como ideológico por el que transita, erigiendo la imagen de un hombre convencido de sus ideas y convincente en sus exposiciones, íntegro, honesto, que opone la reflexión al tedio, que prioriza la equidad y el sentido común en su trato tanto con amigos como con enemigos. La visión que el filme nos deja de la revolución es, en ese sentido, del todo romántica, y de hecho es la primera vez en muchos años que un filme de pretendido realismo narra avatares bélicos mostrando una cierta ética en el tratamiento de los bandos en conflicto. Se trata, ya lo he enunciado, de primar una postura ideológica según la cual no hay otro enemigo que una estructura de poder viciada que “oprime al pueblo” (es revelador al respecto cómo se alcanza –como justificación- la escena del juicio sumarísimo a dos desertores que habían delinquido, y que son condenados a muerte; o las propuestas de rendición que los guerrilleros efectúan a los mandos y soldados regulares, para evitar derramamientos de sangre: la última de esas propuestas, la conversación del Che con el mando accidental de Santa Clara –el único que queda, abandonado por sus superiores, totalmente desnortado-, se resuelve de forma elíptica, lo que funciona tanto a nivel narrativo como al efectos de dar mayor contundencia a la definición que del conflicto nos ofrece el filme).

 

  

 

Empezar la Revolución…

 

En la segunda parte de la obra, tratada en otra reseña, aparecen las rencillas que dividieron los intereses entre Guevara y Castro. Aquí sólo se enuncian (por cierto, que tanto Benicio del Toro como Demián Bichir ofrecen magníficas interpretaciones de las dos figuras) y de hecho es en esa conversación aislada que los dos personajes mantienen en una terraza en una apartamento mejicano que pespuntea el despliegue y posterior cierre del leit-motiv temático del filme como biografía pretendidamente definitiva: al principio, Castro le pide que sus tesis políticas deben alcanzar el poder en La Habana, y el Che le responde que está un poco loco; al final, y enlazando con la misma conversación, el Che le pide como contrapartida “que no se detenga la revolución” en Cuba, y que se abran otros frentes por toda Sudamérica, y Castro le responde que está un poco loco. O, dicho de otra forma, cuando Santa Clara ha capitulado, un soldado le dice al Che que la revolución ha triunfado y éste le responde que no, que han ganado la guerra y ahora tiene que empezar la revolución. Sin duda que el segmento biográfico que resta es más apasionante que el que ocupa el metraje de esta primera parte, porque su complejidad es mayor. También un mayor reto narrativo para Soderbergh.

 

 

http://www.imdb.com/title/tt0892255/

Todas las imágenes pertenecen a sus autores.

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