SEÑALES

 

Signs

Director: M. Night Shyamalan.

Guión: M. Night Shyamalan

Intérpretes: Mel Gibson, Joaquin Phoenix, Roarie Culkin, Abigail Breslin.

Música: James Newton Howard.

Fotografía: Tak Fujimoto.

EEUU. 2003. 101 minutos.

 

Cuestiones de Fe

 

En el clímax de The sixth sense una moneda rodando por el suelo era suficiente para que el bueno de Shyamalan, tras casi dos horas hilvanando informaciones fragmentadas, arrastrara a Bruce Willis y al espectador a descubrir la terrible verdad. Lo mismo sucedía con los fragmentos de recortes de periódicos del escritorio de Samuel L.Jackson en el (segundo) desenlace de Unbreakable. Aunque la fórmula se repite en Signs, es más obvia, menos sensitiva: parte de un flashback incompleto –la secuencia de la muerte de la esposa de Graham Hess-, que se completará en el momento culminante ante los ojos del espectador, el espectador que sólo entonces conseguirá cerrar el círculo, cerrar las piezas del puzzle. En el cine de Shyamalan, a menudo el leit-motiv aparece sugerido durante todo el metraje, para mostrarse en todo su esplendor en los instantes climáticos (y merced del virtuosismo en la puesta en escena y el dominio de los elementos del que hace gala el realizador, ese levantamiento del velo suele servir como golpe de efecto definitivo a la retina del espectador). En The sixth sense era la condición de fantasma, en Unbreakable era la condición ignorada de superhéroe (y su antagonista-villano). En Signs es algo mucho más indefinible: la fe y su fuerza, puestas a disposición del espectador a través de una historia particular, la del drama personae del personaje interpretado por Mel Gibson. Y aunque resulte paradójico, precisamente por ello, por embrancarse el director-guionista en materias de fondo más complejos, más peligrosos –mucho más que el de las anteriores ocasiones, motivos claramente fantásticos-, es por lo que la ecuación le falla a Shyamalan. O si no le falla, al menos sí que se contempla con más frialdad, con más distancia, con más reservas. Quien mucho abarca, poco aprieta.

 

 

      

H.G Wells, Orson Welles, la Serie B y Spielberg

 

Porque Signs, de la que podríamos decir que es una revisitación de La guerra de los mundos del Welles radiofónico, es una película espléndida: un espectáculo sencillo, con ínfulas de la serie B más inspirada. Dando más rienda a la pericia que a la personalidad (se detecta claramente en la escritura y planificación de las secuencias de suspense, en el uso del montaje y en la utilización de la música), el realizador lanza su mirada, a través de los ojos de una familia cualquiera, a la invasión extraterrestre de la Tierra. Al espectador avisado acuden sin duda ecos de obras pretéritas de esa gloriosa CI-FI que las divisiones menores de los estudios (o los estudios especializados en low-budgets) sacaron como rosquillas en los años cincuenta del siglo pasado, pero también caben otras referencias más cercanas: si realmente las coincidencias no existen, hay dos planos, uno de un columpio en un jardín, y otro de un niño ante el fregadero mirando por la ventana, que son homenajes inconfesos a un reverso amable de la película, el “ET” de Spielberg.

 

 

De género

 

Si nos quedamos en ese terreno del estricto filme de género (o, si lo prefieren, de suspense-con-alienígenas), el filme está concebido y ejecutado con una precisión absoluta, huyendo de los efectismos manidos del mainstream y abogando, con mucho criterio, por la utilización de recursos más sui generis e interesantes (la importancia tendenciosa de los elementos más sencillos en pantalla, los planos subjetivos de origen desconocido, y demás detalles de planificación, e incluso esos créditos iniciales, magníficos) como instrumento para causar al espectador las emociones buscadas, que en esta ocasión son una conjunción perfectamente equilibrada de sonrisas y sobresaltos. Sucede en Signs sin embargo que, sin llegar al descalabro de Lady in the Water, el discurso trascendental que el autor pretende colarnos resulta a la postre demasiado simplista, y es bien capaz de atragantarse en el espectador menos indulgente. Ese trasfondo –tan vital en las otras películas de Shyamalan, quizá con la excepción parcial de The Happening– no se integra tan bien en el desenlace de esta tercera aventura shyamalana, y ello menoscaba un tanto el peso de la película. Que no los cien minutos de entretenimiento endiablado que contiene.

http://www.imdb.com/title/tt0286106/

http://rogerebert.suntimes.com/apps/pbcs.dll/article?AID=/20020802/REVIEWS/208020305/1023

Todas las imágenes pertenecen a sus autores.

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