SCANNERS

 

Scanners

Director: David Cronenberg.

Guión: David Cronenberg

Intérpretes: Stephen Lack, Jennifer O’Neill, Michel Ironside, Patrick McGoohan, Lawrence Dane, Robert A. Silverman.

Música: Howard Shore.

Fotografía: Mark Irwin

Canadá. 1981. 104 minutos.

 

Cronenberg

 

¿Dónde situar Scanners? ¿Cuál es su lugar en la filmografía de Cronenberg? Sin duda que el realizador canadiense, uno de los más grandes creadores del Cine contemporáneo, ha ido conformando, obra a obra, un fascinante, mosaico de temas y reflexiones, fascinante por aunar la densidad alegórica y la proyección intelectual con la intensidad de lo dramático y lírico. Sin duda que, temáticamente al igual que cronológica, Scanners merece su filiación en el conjunto de obras con las que Cronenberg, tras sus pinitos en televisión dejó su primera y rompedora estela cinematográfica, desde que en el año 1975 filmara Vinieron de dentro de… (Shivers) hasta que con Videodrome (1983) alcanzara el definitivo cénit de esas ideas germinales sobre lo que se dio en llamar “la Nueva Carne”. Sin embargo, una mayor perspectiva de su filmografía obliga a plantearnos el parentesco de obras como Spider o, sobretodo, Dead Ringers con la presente Scanners, quizá evolucionando hacia lo psicopatológico pero también hacia la abstracción absoluta, en la senda seguida (en más de un sentido) por A history of violence y Eastern promises.

 

       

Telépatas

 

El filme, escrito amén de dirigido por Cronenberg, nos adentra en el mundo de la telepatía a través de una trama de resortes que empiezan a dejar el campo del horror en su estadio más psicológico, para buscar sus fórmulas enunciativas más cercanas al cine de suspense. Su protagonista, Cameron Vale, necesita respuestas, y se pasa la película buscándolas, reuniendo pistas, para comprender lo que inicialmente le parecía impensable, que sus fuertes poderes telepáticos tienen una razón de ser, obedecen a una causa concreta (su condición de conejillo de indias con un medicamento, el Ephemarol), pero también para comprender algo mucho más esencial: que su telepatía, que tantos (y perdón por la burda dilogía) quebraderos de cabeza le ha causado puede verse como una enfermedad, pero también como algo bien distinto, como una oportunidad de trascendencia sólo al alcance de unos pocos. Su némesis, Darryll Revok, siempre lo ha visto así, pero la diferencia entre uno y otro tiene que ver con la conciencia del estigma: Vale quiere descubrir cómo utilizar de forma utilitaria o altruista ese poder (lo que da sentido al único personaje positivo de la trama: Kim, al respecto de la cual, Cronenberg, que siempre va al grano, nos ahorra todo lo obvio -la historia de amor, los contubernios sentimentales, el descubrimiento de los grandes valores, etc: todo queda perfectamente soterrado-), y en cambio Revok tiene una visión narcisista de su poder, de lo que deriva un afán desmesurado de poder, correspondiente al odio que siente por los que son diferentes a él, o más bien a los que le hicieron sentir diferente. La presentación de uno y otro personajes es categórica al efecto de lo que acabarán dando de sí: el primero es víctima y verdugo al mismo tiempo (ataca mentalmente a una señora con la que se carea en una cafetería y a la que oye hablar mal de su aspecto; no porque quiera herirla, sino porque no puede controlar sus impulsos).; el segundo, lleva a cabo un atentado con sutil alevosía e inmenso genio (hace explotar literalmente la cabeza de su oponente telepático en una demostración pública; en la escena más sanguinaria y –quizá curiosamente- más famosa de la película).

 

 

 

Profundidades

 Cronenberg, insisto, sabe pulir sus historias hasta dejarlas en esquemas, porque sólo de esa forma puede alcanzar la exuberancia temática y la profundidad expresiva y discursiva del subtexto. Scanners, obra en la que a nivel de producción se detecta cierta mejora que en sus obras precedentes, no es una excepción. Desgrana un complejo relato donde una trama sobre espionaje industrial se da la mano con elementos de fantaciencia y hasta con lo edípico y lo místico, y lo hace de forma congruente a la par que intensa, poniendo en jaque al espectador con una incesante carrera de pistas que se van concatenando para ir dando un calado cada vez mayor a lo que inicialmente parecía una nada más que imaginativa, anecdótica, trama de género. La densidad atmosférica de la película encuentra su sentido en lo sombrío de la iluminación, pero también en los burocratizados, gélidos, mecanizados paisajes por los que transitan los personajes -pasillos laberínticos, escaleras mecánicas, oficinas, habitaciones sin ventanas, salas repletas de computadoras y elementos electrónicos…-, que plantan la narración en un espacio que diríase feliz fusión entre el fantastique de Brainstorm de Douglas Trumbull y filmes policiacos de la conspiranoia del estilo The Conversation (Francis Coppola) o The Parallax View (Alan J. Pakula). La puesta en escena, austera y contundente, está apuntalada por diversos clímax violentos en los que se deja sentir la sobresaliente concepción de la narrativa de Cronenberg (v.gr. el despido del doctor Paul Ruth), y se enriquece con incesantes juegos de montaje de imagen (rostros sobreimpresionados) y de efectos de sonido (sonidos agudos, chirriantes, que describen la mecánica del acto telequinésico, la lucha a menudo cruenta que se desarrolla en el interior de la mente).  La incursión de un secundario con poco peso en la trama, un artista posmoderno, le sirve al realizador para ofrecernos una secuencia en la que los personajes viajan literalmente al interior de una cabeza (una gran escultura), secuencia prodigiosa en su definición ética y estética, amén que definitoria de intenciones en su culminación, no por azar abrupta y violenta. En otro momento de la función, el progresivo dominio de su mente sobrenatural por parte de Vale le lleva a alcanzar la fusión mental-transferencia de datos con una computadora-madre (la de la corporación ConSec), fusión que se convierte en física en el momento de su destrucción, dando lugar a una pirotecnia de dantescas proporciones en la que, por lo demás, Cronenberg se permite un homenaje a una secuencia de the Birds, de Hitchcock (la gasolinera que explota junto a la cabina telefónica también en llamas…).  Por la fuerza de estas y otras secuencias aisladas tanto como por el empaque cinematográfico y discursivo de la obra en su conjunto, Scanners resulta una obra altamente recomendable para los amantes del cine sin fronteras, una más de las valiosas piezas en las que Cronenberg exploró en clave hiperbólica, sórdida y explosiva la intrínseca relación del hombre con su entorno y con su propia trascendencia.

 

http://www.imdb.com/title/tt0081455/

 

http://www.davidcronenberg.de/starburstscanners.html

 

Todas las imágenes pertenecen a sus autores.

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