WATCHMEN

 

Watchmen

Director: Zach Snyder

Guión: David Hayter y Alex Tse, basado en el cómic de Alan Moore y Dave Gibbons

Intérpretes: Patrick Wilson, Malin Akerman, Jackie Earle Haley, Billy Crudup, Matthew Goode,  Jeffrey Dean Morgan.

Música: Tyler Bates.

Fotografía: Larry Fong

EEUU. 2009. 161 minutos.

 

        El Noveno Arte

 

        A esta crítica de cine le costaría mucho hablar sólo de cine. Tampoco me atrevería a probar con la recensión del sustrato literario de que parte la obra de Zach Snyder, algo que, desde la primera vez que leí Watchmen, me supera. Eso sí, nadie me va a discutir que Alan Moore es el gran maestro del llamado Noveno Arte. Si los anales reúnen al autor de La Broma Asesina con Neil Gaiman a la hora de señalar a los escritores que consiguieron colgarle al cómic el marchamo de “literatura”, a la hora de hablar de Moore (o de Frank Miller o de Gaiman o de otros, aunque de ellos no toque hablar aquí) habría que decir muchas más cosas, y en este caso, Alan Moore, yo más bien especificaría que se trata de uno de los más grandes literatos del siglo XX, un hombre que no sólo nos ha entregado algunos de los relatos más ricos, brillantes, sugestivos y de mayor poderío alegórico que he leído jamás, sino que ha sacado un jugo inimaginable a la experimentación de las fórmulas estructurales y representativas y de las técnicas narrativas que caben en el formato del cómic, abriendo puertas expresivas que ya nunca se cerrarán, legándonos un patrimonio artístico que logra la más elocuente, arrebatadora e impensable sinergia entre lo exponencialmente más virtuoso que habita en las disciplinas artísticas que integran lo que, a menudo tan alegremente, llamamos “los cómics” (y que en este país aún mucha gente asocia con otro término de connotaciones aún más livianas, “los tebeos”). Leyendo tan vehementes palabras pueden pensar que me mueve cierta embriaguez subjetiva. Creo que no, cada palabra está escrita con sosiego y con la responsabilidad que emana de la previa reflexión. Simplemente les reto. Lean la citada La Broma Asesina, cómic que, al recabarlo, les parecerá un relato cortito sobre el hombre murciélago y su némesis. Si por un afortunado azar llegara a sus manos, lean la serie Miracleman, y traten de no sorprenderse en el cambio de tercio narrativo que se perfila en los últimos compases de la historia. Lean V de Vendetta, que fue escrito durante los años del thatcherismo, y que habla de gobiernos ultraconservadores. Lean From Hell, que dice arrojar luz sobre el mito del lúgubre Jack el Destripador y resulta estar impartiendo una soberbia lección de historia en la sombra. Pasen y lean. Y después hablamos. Lean Watchmen. Lean, háganse el favor, Watchmen, quizá la línea de perfección más iluminada del maestro, una obra que debe gustar a los amantes de las historias de superhéroes y a quienes las denostan. Por igual y por el mismo motivo: por ser la obra definitiva sobre superhéroes.

 

       

Adaptación

 

        Dicen que Alan Moore siempre reniega de las adaptaciones cinematográficas de sus obras. Tampoco es de extrañar que pueda sentirse defraudado con From Hell de los hermanos Hugues y V de Vendetta de los Wachowsky, la primera por su insultante asepsia, malversación estilística y quiebra rotunda con el meollo del texto escrito, la segunda por su trasposición en el fondo tan liviana de los asuntos graves que se dirimían en la urgente, febril historia del cómic. La pregunta que se suscita es, ¿le gustará Watchmen, la película de Zach Snyder? Evidentemente, sólo él puede responder a esa pregunta, si bien su objeto contiene, creo, las claves para apreciar el filme: y ello porque Snyder fue bien consciente, ya desde que asumió el proyecto, de la excelencia del material que adaptaba, y si algo llama la atención de la primera a la última secuencia de la película es su voluntariosa adaptación en el sentido más estricto del término, esto es ilustración cinematográfica del texto. Punto de partida que, si bien en abstracto es tan válido como cualquier otro al efectuar un abordaje cinematográfico a un material literario, en este caso concreto era más bien una obligación, precisamente por la trascendencia de la obra de Moore, por su formato cartesiano y, claro, porque arriesgarse a hacer otra cosa y hacer algo menos interesante –lo que resultaría muy probable, en caso de intentarse- hubiera supuesto un fracaso artístico. Anótese que digo “artístico”: precisamente una de las mayores virtudes de la película radica en algo a lo que la crítica sesuda pocas veces presta demasiada atención, y que tiene mucha, tomando en consideración que el cine es un arte industrial basado en grandes presupuestos que devienen créditos a la taquilla: Watchmen, la película, es una obra que se toma muy en serio su cometido de fidelidad al texto que adapta, y las simplificaciones, que existen, no suponen en su mayoría rendiciones convencionales sino que tienen más que ver con la necesidad de sincreción que exigen los 160 minutos de metraje. 160 minutos que, es fácil imaginar, fueron el corte de duración máximo que los responsables económicos de la cinta impusieron al director para el estreno de la película en cines.

 

       

De Miller a Moore

 

        Lo mejor que atesoraba 300, la obra anterior de Snyder (adaptación de un también célebre cómic de Frank Miller), aquí vuelve a concurrir, aunque de forma más radical. Y también feliz. 300 merecía un reconocimiento por la pericia con la que el equipo técnico había trasvasado al cine la condensa y tan envolvente ambientación ideada por Lynn Varley para el cómic. En Watchmen, el primer cometido de Snyder vuelve a radicar en doblegarse a las fuentes estéticas, por lo que creo que nadie puede negar que Watchmen es, cuanto menos, una magnífica ilustración en imágenes de la labor de Dave Gibbons, dibujante del cómic de Moore. Pero, allende las imágenes, puede decirse que lo mismo sucede con la voluntariosa sumisión a la estructura episódica del formato de origen –igual que sucedía en 300, pero aquí de forma más justificada, por tratarse de un cómic dividido en doce capítulos-; en la adaptación de Miller, esa sumisión generaba, a mi entender, algunos problemas de ritmo, y aquí, aunque el riesgo era quizá superior, Snyder sale airoso del respeto estructural que le dispensa al cómic: ya no se trata de que el fan del cómic agradezca el hecho de que el filme revele concienzudamente su vocación episódica (mediante soluciones visuales o sonoras que así lo enfatizan –como ese travelling desde una escultura del cementerio que da inicio al pasaje del entierro del Comediante; como la intrusión de una pieza musical de los ochenta para mostrar un cambio de situación, escenario y personajes; como un fundido tan súbito como el que cierra el episodio en Marte-), sino de que esas soluciones cinematográficas funcionan bien, pues sirven para enmarcar los enunciados argumentales diversos, en ocasiones con su propia presentación-nudo-desenlace (el episodio que reúne al Búho con Laurie) y que llegan a concitar en lo cinematográfico idéntica intensidad que la ofrecida por el cómic.

 

       

La parábola ideológica

 

        De hecho, basta la presentación de la película para comprobar que Snyder ha querido satisfacer al admirador del cómic ofreciéndole las dos cosas que éste le iba a exigir: amén del citado acatamiento estético, está la especial atención a la descripción del contexto político que, más que atravesar la trama, la explica (la entelequia basada en que los EEUU vencieran en Vietnam, que Nixon se perpetuara en el poder, y con él la más álgida Guerra Fría… o, enunciando el poro ideológico de otra forma, citando al presentador televisivo que aparece en el filme al referirse al Dr. Manhattan, que “el superhombre existe y es norteamericano”, o citando al Comediante tras asesinar a diversos manifestantes en una revuelta estudiantil: “el sueño americano era esto”). En el fondo, Watchmen es, básicamente, una parábola ideológica, de cuestionamiento de valores, decisiones, anatemas o sentidos que desentrañan la mirada oficial a la historia del siglo XX, no para replantearla en otro sentido (lo que se hace sólo en el reflejo de la ficción, esto es, lejos del ánimo puerilizante), sino para hacernos reflexionar sobre lo intrínsecamente difícil que resulta encontrar la legitimidad que se otorgan los ejecutores de juicios ideológicos, incluyendo a aquéllos que han consolidado verdades que ya han dejado de cuestionarse. Es sin duda por ello que en el prólogo, antes de detallar con pelos y señales el ataque al Comediante en su domicilio, Snyder nos muestra a Nixon y su locutorio político, es decir, nos pone en situación, y continúa haciéndolo en los prodigiosos créditos iniciales, en los que, amén de detallar cuestiones preliminares que en los cómics se hallaban en los anexos de los primeros capítulos, se incluyen detalles tan poco opinables como el asesinato de Kennedy … ¡a manos del Comediante! (todo ello, ficción y contexto, ilustrados en la pista de sonido por el “Times they are-a-changing”, de Bob Dylan –de nuevo, poniéndonos en situación: Dylan tenía importancia en el texto del cómic, Moore citaba la letra de dos de sus canciones para puntear tanto el inicio como una de las culminaciones de la función: eran Desolation Row y All Along the Watchtower, que en el filme también aparecerán, versionadas-).

 

 

       

Menguas

 

        Esa aparición, tan espectacular, de las razones ideológicas que informan a la ficción, no se desfigura en el desarrollo narrativo (de hecho, Nixon y su camarilla –incluido Kissinger- aparecen más en la película de lo que lo hacían en el cómic), y aunque la trama explicativa de la maquinación terrorista de Veidt se simplifica al máximo, la solución argumental de la película obedece servilmente la propuesta por el cómic, aunque, quizá haciendo esta obra hija de su tiempo, la forma en la que aparece el terrorismo obedece a otro concepto estético –hijo de War of the Worlds de Spielberg- y es mucho más comedida que en las brutales soluciones visuales del cómic, que generaban una repulsa mucho mayor hacia los actos de fascismo del autoproclamado garante de la paz mundial: ello significa también que, aunque la resolución explícita sea idéntica, el apartado motivacional se resienta, y por muy bien que filme Snyder la última conversación entre el Doctor Manhattan y Rorschach, la película no llegue a transmitir el dramatismo, la gravedad en sus términos ideológicos últimos, que habitaban en el cómic. Y es que, en el cine, como en el cómic, ojos que no ven…. Aunque, por extensión de lo anterior, probablemente el mayor agravio efectuado al cómic tiene que ver con algo en realidad muy sutil, pero que invadía hasta el fondo la textura narrativa dibujada/escrita: la presencia de la ciudad, el retrato sociológico, el encuadre a pie de calle, realista, especialmente filtrado por la subtrama del quiosquero y el jovencillo al que aquél dejaba leer un cómic de piratas (subtrama cuyo engarce en la trama principal era, realmente, uno de los -muchos- puntos fuertes de la novela gráfica). Tomando la cosa por el todo, habrá quien se queje de que Snyder ha efectuado una labor iconográfica, ha plasmado cada detalle, pero ha perdido mucho de la esencia, del subtexto. Es una opción discutible, pero sin duda que quien la defienda tiene su cuota de razón (aunque también podrá intentársele refutar, aunque sea de aquí unos meses, cuando aparezca el DVD, pues Snyder tiene manifestado que incluirá una versión extendida del filme, con una hora y media añadida de metraje, que contendrá detalladamente la subtrama que acaecía en el quiosco… y en el interior del cómic de piratas. Wait & see).

 

       

       

Mérito

 

        Con todo esto dicho y las muchísimas más cosas que queden por decir, atando o atajando pros y contras, y volviendo al prisma del espectador que admira la insuperable obra de Moore pero, a la vez, comprende los corsés que impone la industria cinematográfica, quiero romper una lanza a favor de la tarea firmada por Zach Snyder: a mí me ha convencido su sumisión expresa a lo iconográfico, que también lo es a muchas de las reglas de la narrativa: creo que el realizador arranca el poderío de las imágenes del poderío de las viñetas, y eso no es tan fácil de conseguir. Destaco la valiente decisión de huir del star-system (la aparición de cualquier estrella hubiera resultado muy perniciosa para el equilibrio coral de los hasta siete personajes con peso importante en la historia, y por su condición tan distintiva, realista si quieren, impropia en definitiva, de superhéroes). Destaco la tarea de sincreción: de entre todas las opciones a escoger, hace que ésta parezca la fácil, lo que es ciertamente difícil. Destaco la supina identificación de las imágenes con pasajes enteros de la novela, el estudio del plano, la planificación y el uso de los efectos especiales tomando en consideración ese patrón. Y, en íntima relación con lo anterior, destaco la soberbia labor de montaje, o, dicho de otra manera, que Snyder dé con un tono, con un ritmo, que logre insuflarle vida a su película. No sé qué pensará al respecto un espectador que no esté familiarizado con el cómic, pero a mí me da la impresión que esos 160 minutos dan mucho de sí.

http://www.imdb.com/title/tt0409459/

http://watchmenmovie.warnerbros.com/

http://en.wikipedia.org/wiki/Watchmen

Todas las imágenes pertenecen a sus autores.

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2 pensamientos en “WATCHMEN

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