DEATH PROOF

 

Death Proof

Director: Quentin Tarantino.

Guión: Quentin Tarantino.

Intérpretes: Kurt Russell, Rosario Dawson, Vanessa Ferlito, Zöe Bell, Sydney Tamiia Poitier, Jordan Ladd, Rose Mc Gowan.

Fotografía: Quentin Tarantino

Montaje: Sally Menke

EEUU. 2007. 120 minutos.

       

        Menos punch

 

        Voy a situarme a la contra de la práctica generalidad de la crítica, que al efectuar la inevitable comparación entre  Planet Terror y esta Death Proof se quedan con la película –aunque deberíamos decir segmento- filmado por Tarantino. Yo prefiero, y lo digo abiertamente, la de Rodríguez. ¿Por qué? Porque a pesar de sus irregularidades –que las tiene-, es mucho más divertida que la de su compañero. El mayor problema de Death Proof radica en su larga duración, un metraje de dos horas que dispersa una trama basada en dos clímax bien diferenciados y que, sinceramente, no daba ni mucho menos para tanto. Sí que hay que recordar al respecto que la película original, estrenada en EEUU, se llamaba Grindhouse, y lo conformaban dos largos relatos (Death Proof y Planet Terror) junto con diversos sketches de otras películas (imaginarias), para conformar algo así como un gran fresco-homenaje al cine exploitation. Al modificar la estrategia comercial en Europa y lanzar dos estrenos diferentes, el capítulo tarantiniano ganó más de media hora de metraje y me temó que perdió buena parte de su punch.

 

       

Citas y autocitas

 

        A pesar de sus desbarros deliberados –problemas de raccord, juegos con los filtros de luz, celuloide desgastado, agravios de montaje-, Death Proof no lleva a las últimas consecuencias visuales, como sí hacía Planet Terror, ese homenaje a las serie Z que, hace ya varias décadas, se estrenaban de cine en cine en los Drive inn americanos y se exprimían en infames programas dobles. Quizá también tiene que ver al respecto ese metraje añadido, pero el caso es que esos juegos formales sólo están presentes al principio y al final del filme, y se pierden en otras referencias en el largo, más bien aborrecible, meollo de la historia, donde lo que más encontramos es, en consonancia con el ego de su autor, una pronunciada inmersión en el universo reconocible del autor de Reservoir Dogs, marcado sobretodo por el fetichismo por los pies femeninos, y que recorre un auténtico juego de pistas para avezados tarantinianos, que va desde las autocitas –de la marca de tabaco que él inventó, Red Apple, a la cita a las hamburguesas Big Kahuna-, a las bromas más o menos envenenadas -la presencia en un estante de una portada de revista donde aparece Kirsten Dunst disfrazada de Maria Antoinette, de Sofia Coppola, recordemos que exnovia del director…-, o el sinfín de homenajes con voluntad freakie a las supuestas mil referencias del autor que se hallan en el pretérito cine camp y trash; todo ello bien agitado y desmenuzado, para añadirle la concreta  autorreferencia, Kill Bill (véase esa secuencia que se pasa a blanco y negro -la aparición de Especialista Mike, al igual que aquella rodada en una iglesia que suponía el reencuentro entre La Novia y Bill: en ambos casos se anuncia sutilmente el advenimiento del horror-; véase el personaje del poli tejano que encarna Gordon Parks; véase el color amarillo y negro del Mustang que conduce Tracie Thoms; escúchese el sonido del móvil de una de las chicas, cuya sintonía es la pieza Optic Nerve, de Bernard Herrman …).

 

       

Autocomplacencia

 

        Lo peor del caso es que, por desopilante que resultara la propuesta, hubiera podido dar mucho más juego: el personaje que encarna Kurt Russell podría haber devenido un glorioso exponente del psychokiller en boga en el cine de hace tres décadas si no lo vanalizarán de un modo tan patético. En relación con ello, la variación sobre el slasher caza-adolescentes libertinas basado en el potencial aniquilador de un coche suponía una idea no sólo imaginativa, sino del todo audaz, y de la que cabían no pocas y tronchantes paráfrasis sobre el subgénero que encumbraron tipos como Tobe Hooper, Wes Craven o John Carpenter allá en los setenta. También daba de sí ese voluntarioso homenaje – en el que en definitiva podría erigirse el filme- al papel de los especialistas en el cine de acción de antaño en oposición a la infografía, la oposición de lo auténtico en lo artesano a la simulación blanda en la composición por ordenador. Sin embargo, todas esas ideas no acaban de cuajar, y es porque la película pierde sus estribos en la descompensación que proviene de esos larguísimos, interminables, diálogos de los dos grupillos de adolescentes tontorronas que protagonizan los dos segmentos en que se escinde la película. Cada uno de esos segmentos concluye con un sanguinario clímax, uno de asesinato y el otro de persecución, y esas dos culminaciones de la(s) trama(s) están magníficamente servidas en imágenes por Tarantino, que es un buen coreógrafo de la violencia, de lo mecánico, de lo explosivo. Sin embargo, las estrategias argumentales que nos llevan a esos clímax no están a la altura; quizá en la primera historia –el largo pasaje en el bar regentado por el Tarantino actor- se alcanza algo parecido a lo mórbido, a lo atmosférico, a la tensión previa que requiere la culminación; pero no puede decirse lo mismo de la segunda historia, alargada hasta lo indecible en esos diálogos zafios, lamentables, y tan mal rodados e interpretados, que cruzan Tracie Thoms, Rosario Dawson y la actriz-especialista Zöe Bell. Es entonces cuando uno se da cuenta de que una cosa es degustar un cine gamberro, y otra muy distinta es dar vía libre a Tarantino para hacer lo que le venga en gana sólo porque es quien es: si Death Proof es un espectáculo presto al combustible lo único que debe esperar el espectador es pasar un rato entretenido. Y el saldo de la película está bien lejos de conseguirlo. Y demasiado cerca de la autocomplacencia.

 

       

Banda sonora

 

        Donde no defrauda Tarantino (y el grupo de buenos consejeros que a estas alturas seguro que debe de tener) es en uno de los terrenos que marcaron su impronta y su celebridad: las elecciones musicales, otra vez brillantes, que fusionan maravillosos ritmos de blues y funkie –redescubriendo a grupos como T-Rex, Pacific Gas & Electric, Eddie Floyd o The Coasters- con estimulantes homenajes cinéfilos a tipos como Jack Nitzsche (tema The Last Race, del film Village of the Giants), Pino Donnagio (uno de los temas Blow out) o Ennio Morricone (tema Paranoia Prima, de Il gatto a nove code, de Darío Argento, utilizado, cómo no, en uno de los momentos climáticos del horror).

http://www.imdb.com/title/tt1028528/

http://www.deathproof.net/

http://www.grindhousemovie.net/

Todas las imágenes pertenecen a sus autores.

Anuncios

3 pensamientos en “DEATH PROOF

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s