MARIA ANTONIETA

 

Maria Antoinette.

Director: Sofia Coppola.

Guión: Sofia Coppola

Intérpretes: Kirsten Dunst, Jason Schwartzman, Judy Davis,

Rip Torn, Asia Argento, Danny Huston, Molly Shannon, Steve Coogan.

Fotografía: Lance Accord

Montaje: Sarah Flack

EEUU. 2006. 110 minutos.

 

         Sofia, auteur

          Con mucha mayor clarividencia que la laureada obra previa de Sofia Coppola –Lost in translation-, el visionado de Maria Antoinette patenta dos circunstancias cabales que nos indican la condición autoral de la hija del mítico realizador: la primera es que hace buena aquella máxima que dice que a lo largo de su filmografía un realizador siempre dirige la misma película, y la segunda es que la directora de The Virgin Suicides está aprendiendo, a pasos agigantados, a sintonizar los recursos cinematográficos –lo que podríamos rebajar a decir “la forma”- con sus propósitos textuales.

 

 

 

Desorientación

 

         Por partes. Todas las películas de la Coppola convienen en una esencia discursiva que habla de la desorientación adolescente, de los sentimientos abiertos que eclosionan con entornos fríos y herméticos, siempre con una mirada que no se pretende tanto realista –ni siquiera behaviourista– cuanto aferrada al subjetivismo con un punto lírico. En su opera prima llevaba sus intenciones al extremo relatado en la obra de Jeffrey Euginides, y en la mentada Lost in translation, quintaesencia de una historia de soledad, se pretendía –y conseguía en parte- transmitir esa cerrazón en la que anidaban destellos de una tímida pasión. Sin embargo esta otra gran historia sobre la soledad en la que en definitiva se erige esta Maria Antoinette me recuerda más poderosamente a otra obra que no dirigió Sofia, sino su padre, pero que ella argumentó: el capítulo –para mi gusto, más bien paupérrimo, en términos de resultados cinematográficos- Vida sin Zoe de la Trilogía de Nueva York que codirigió Francis Coppola con Scorsese y Woody Allen: el entorno de opulencia sirve en ambos casos para trazar un laberinto del que la protagonista –¿alter ego de la guionista/realizadora?- no tiene noticia, pero que el espectador conoce a la perfección, y también en ambos casos la narrativa se propone de espaldas a ese laberinto que podríamos llamar realidad, o en el caso concreto de Maria Antoinette, Historia. Precisamente me parece esa cuestión la que mejor revela la audacia de Sofia Coppola al encarar esta película: servirse de un celebérrimo personaje y una encrucijada histórica por todos conocida para trazar una narración de espaldas a esa Historia, permitiendo al espectador (o hasta obligándole) de este modo a que se detenga en el que es objeto de su tesis del primer al último segundo del filme: la vida y sentimientos a flor de piel de una adolescente que vive en un palacio de cristal, que es absolutamente alérgica a la realidad porque no la llega a asir ni sentirse parte de ella jamás. Es fácil confundir ese axioma narrativo con cierta empatía –posh, o como diríamos aquí, “pija”- por el personaje histórico, pero quien esto suscribe halla en esa “perspectiva” de Sofia Coppola muchos elementos que se hallan mucho más allá de esa visión reduccionista.

 

Forma y fondo

 

Y no se trata sólo de lo que dé de sí en términos discursivos esa visión tan personal sobre un tapiz (excusa) histórico (reconocible), sino del modo en que se capturan en imágenes las pulsiones emocionales de María Antonieta –por cierto, excelente Kirsten Dunst-, del modo en que se va erigiendo la narración, en la que la forma alienta el fondo. Si Maria Antoinette es sin duda la mejor película de Sofia Coppola es precisamente porque se produce esa fusión virtuosa, y las imágenes transmiten con la mayor afinación ese discurso. La puesta en escena aprovecha con sumo talento el entorno refinado en el que se encauza (rodado el filme on location, en el Palacio de Versalles), y toda la película promueve un interesante juego entre el la personaje protagonista y el encuadre que sostiene sus actos, que también son sus sentimientos, pero también sus valores, sus valías y sus flaquezas espirituales. Las opciones escenográficas trascienden así –sin dejar de serlo- lo estético, y nos hablan del descubrimiento de la obligación y la devoción, del amor y del odio, y, a la postre, en ese desenlace lacónico y brillante, de la sobrevenida imposibilidad de redención. Es cierto que el ritmo de la obra flaquea un tanto en su segmento central, y es porque quizá la Coppola reincide demasiado en los elementos con los que peviamente ha sabido encauzar el ritmo de la función –v.gr. los juegos de repeticiones con el montaje, la utilización de la música-. Pero ello no puede empecer el innegable atractivo de una película consagrada a una idea y llevada al extremo con un talento que por momentos se revela soberbio, cuyo despacho visual no titubea en emparejar lo cartesiano y lo naïf, ofreciendo en definitiva al espectador un raudal de propuestas de lo más imaginativas, imaginación que tiene tanto de voluntarioso como de genuino. De artístico, por supuesto.

 

http://www.imdb.com/title/tt0422720/

http://www.sonypictures.com/homevideo/marieantoinette/

Todas las imágenes pertenecen a sus autores.

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