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Stand By Me

Director: Rob Reiner.

Guión: Raymond Gideon y Bruce A. Evans,

basado en la novella de Stephen King

Intérpretes: Wil Wheaton, River Phoenix, Corey Feldman, Jerry O’Connell, Kiefer Shutherland, John Cusack, Marshall Bell.

Música: Jack Nitzsche.

Fotografía: Thomas Del Ruth

Montaje: Robert Leighton

EEUU. 1986. 85 minutos.

 

        “El cadáver”

 

        Las cosas más importantes son siempre las más difíciles de contar. Son cosas de las que a menudo nos avergonzamos, porque las palabras las degradan”. De esta guisa daba inicio el relato de Stephen King que la película que nos ocupa adapta, un relato titulado The Body, y que formaba parte del libro Different Seasons. Es un excelente inicio, que le sirve al escritor de Maine para introducirnos en la fuerte carga de subjetividad, de emotividad, de empañada nostalgia que atraviesa el tono y sentido del completo relato (un relato, no lo olvidemos, que acaece en los años de mocedad del escritor, y está protagonizado por un adolescente, Gordie Lachance, cuya mayor afición y virtud es escribir cuentos; no cuesta verlo, por tanto, como alter ego del propio King). Raynold Gideon y Bruce A. Evans, los guionistas de la película –y que tienen una cota superior de responsabilidad/mérito en ella, pues encabezaron el proyecto de llevar The Body a la pantalla y fueron productores del filme-, asumen el riesgo de iniciar el relato cinematográfico de forma igualmente enfática, rotunda. Aunque, sabiendo que esa frase abstracta que tan bien sienta a lo literario no interesa a lo cinematográfico, intentan precisamente contradecirla, esto es, decirnos lo más importante, aún a riesgo de que esa información se degrade en el acto de comunicación entre emisor y receptor: “Tenía doce años, estaba a punto de cumplir los trece, cuando vi por primera vez un ser humano muerto; sucedió en el verano de 1959, hace muchísimo tiempo, pero sólo si lo medimos en años // I was 12 going on 13 the first time I saw a dead human being. It happened in the summer of 1959 – a long time ago, but only if you measure in terms of years.”.

 

 

       

Voice Over

 

        De este modo, Raynold Gideon y Bruce A. Evans, los guionistas, nos introducen en el que después veremos que es el meollo de la historia, pero también revelan, de entrada, su vocación de fidelidad al texto literario, un texto en el que Stephen King, quizá más que nunca –con la excepción del segundo relato inserto en Corazones en la Atlántida, otra historia apoyada, espiritualmente al menos, en lo autobiográfico-, se sirve de máximas para ir perfilando la historia desde la mirada nostálgica, doliente del que mira al pasado. Gideon y Evans llevan esa idea al extremo al decidir narrar la historia desde el punto de vista de Gordie Lachance (en su edad adulta interpretado por Richard Dreyfuss), quien, con su voz over, va introduciendo diversas sentencias, ora hilarantes, ora irónicas, ora líricas, para glosar los acontecimientos que acaecen ante nuestros ojos desde la perspectiva de la memoria, del adulto, que por tanto habilita esos términos de nostalgia que algo tiene de febril. Se me ocurren diversas de esas frases descriptivas, de lo cómico (“encontrar nuevas y preferiblemente desagradables formas de insultar a la madre de un amigo era un pasatiempo altamente respetado / Finding new and preferably disgusting ways to degrade a friend’s mother was always held in high regard”), de lo trágico (“El tren había arrancado las zapatillas de deporte de Ray Brower de sus pies del mismo modo que había arrancado de cuajo la vida de su cuerpo /The train had knocked Ray Brower out of his Keds the same way it had knocked the life out of his body”), y que en ocasiones revelan una vocación de aforismo (“Los amigos entran y salen de tu vida como camareros en un restaurante./ Friends come in and out of our lives like busboys in a restaurant”). Las intenciones de esa voz over cristalizan precisamente en la última frase, tanto más enfática por cuanto la vemos aparecer en la pantalla de un ordenador. Sin ser la mejor, es sin duda la más célebre de la película: “Nunca he vuelto a tener amigos como los que tuve cuando tenía doce años; Dios mío, ¿los tiene alguien? // I never had any friends later on like the ones I had when I was twelve. Jesus, does anyone?

 

       

Trasfondo sórdido

 

        Qué duda cabe de que, aunque esté protagonizada por niños, Stand by me está bien lejos de ser una película para niños. Para empezar, la incesante retahíla de tacos que sueltan los niños y adolescentes del filme (algunos, que omitiré, realmente sonoros), o el hecho de que en la primera secuencia compartida –después habrá otra- les veamos fumarse a gusto cigarrillos ya sirve de advertencia para espectadores despistados, pues nos sitúa en un territorio alérgico a ciertas convenciones y moralinas implícitas en las películas de, para o con niños. Pero eso nos es más que la punta del iceberg de un trasfondo eminentemente violento, y de vocación trágica. En realidad, y guardando las (severas) distancias, Stand by me puede recordarnos a The Night of the Hunter, de Charles Laughton, en tanto que hay un elemento siniestro, lúgubre, que contamina el tenor de esa inocencia que personifican los niños protagonistas; allí se trataba del psicópata encarnado por Robert Mitchum; aquí, desde una mirada en la que lo icónico no esconde cierto rebato de realismo, se trata de algo más etéreo, de cicatrices, de la cadena de heridas que la realidad, el curso de la existencia, inflige a los protagonistas del filme. Tras el grueso de acontecimientos jocosos siempre habita algo oscuro, a veces pavoroso, que marca el territorio por el que los personajes transitan: para empezar, el objetivo de ese viaje que emprenden los cuatro amigos, que no es otro que el de ver a un niño muerto; después están los estigmas familiares de Gordie, causados por la reciente y trágica muerte de su hermano mayor en un accidente de tráfico; después está la turbia historia del padre de Teddy Duchamp, por quien éste siente un gran apego a pesar de que le maltrataba –le chamuscó una oreja siendo pequeño- y de quien por referencias sabremos que es excombatiente de guerra y enfermo mental ingresado en un manicomio; después está el sino de Chris Chambers, el mejor amigo de Gordie, que tiene que aguantar a un padre alcohólico y la estigmatización social por causa de una vil e injusta acusación de robo…

 

       

La pérdida de la inocencia

 

        En todas estas subtramas que van edificando la historia y apuntalando las motivaciones y estigmas de los personajes vemos que el adulto está visto con hostilidad, es un enemigo, alguien que no es de fiar: los padres que maltratan o ningunean a los hijos, la profesora que acusa injustamente a Chris… Y por otro lado, la pandilla de adolescentes (encabezado por Ace y el propio hermano de Chris) son los enemigos explícitos de la pandilla de niños, de su primera a su última intervención. Gordie y Chris, como núcleo duro de la amistad, y Teddy y Vern como sus comparsas, están solos frente a un mundo que, ya a los doce años, les es hostil. No es de extrañar, pues, que en la grotesca historia de vomitonas que Gordie cuenta a sus amigos, un niño estigmatizado por su gordura –a quien todos llaman culo-grasa– planee y ejecute un plan de venganza contra la completa comunidad, provocando esa bochornosa vomitoscopia… En los últimos compases de la película, en ese plano en el que Gordie se despide de Chris y la cámara se queda fija viéndole alejarse y luego desaparecer (plano tanto más triste si pensamos, como es inevitable, en la temprana desaparición de River Phoenix, sin duda el mejor de los actores de la película, y uno de los mejores de su generación), Stand by me termina de edificar su arrebatada tesis. La pérdida del hermano, la pérdida del mejor amigo, la pérdida de la propia vida atestiguada en el cuerpo inerte de Ray Brower. La pérdida de la inocencia. Por poco que se conozca la bibliografía de Stephen King – autor que no por casualidad tiene revelada su obsesión por Lord of the flies, la alegórica pieza de William Golding-, cabe constatar que ha edificado el grueso de su obra sobre ese concepto; en esta novela no personalizaba la narración en Gordie sino en un narrador externo, de lo que resultaba un mayor protagonismo de Chris Chambers, a quien el propio escritor definió como “un héroe trágico”. En la pronta adolescencia que King ha perfilado en sus obras, lo monstruoso siempre hace acto de presencia. Algo explícito en la referencial It y en otras obras, y que en cambio se revela mucho más apasionante cuando se encauza por la vía alegórica, como sucede en esta The Body, pues da lugar a una noción ciertamente romántica, aspaventada por la implacable equiparación del horror con la codificación adulta de la existencia.  

  

       

El mejor Reiner

 

        Rob Reiner tiene en gran estima esta película, y considera que “marcó el camino” que debía seguir como cineasta (según manifestaciones insertas en los comentarios a la película que pueden encontrarse en la edición en deuvedé). Supongo que así lo menciona porque con posterioridad, sobretodo en los noventa, dirigió películas de gran éxito, tales como When Harry Met Sally, Misery o A few good men. En mi humilde punto de vista, Stand by me es sin duda el mejor trabajo de Reiner, y sólo su inmediatamente posterior The Princess Bride, otra película de apariencia humilde, llega a hacerle sombra. Mucho tuvo que ver en ello la calidad del material de partida y el excelso trabajo de los guionistas, que cohesionaron a la perfección el relato de King y esa fuerza expresiva que, en las obras del autor de The Shinning, siempre habita de forma más bien dispersa. Pero no es menos cierto que Reiner da muestras de su capacidad para la economía narrativa (incluyendo los créditos finales, el filme dura apenas ochenta y cinco minutos) y domina a la perfección el ritmo, que utiliza con tino las diversas piezas musicales para enriquecer el tenor narrativo, que, aunque alambique su puesta ne escena desde lo funcional, se esmera en la construcción de una estética determinada (a partir del encourage de una época pero también del dibujo del paisaje -que enmarca los personajes, el camino- como eje visual vertebrador), y, quizá por encima de todo, que efectúa un magnífico trabajo de dirección de actores (buena prueba de ello la hallamos en los diversos planos en los que los cuatro protagonistas habitan en el mismo encuadre, en ocasiones caminando y siguiendo una conversación de cierta complejidad mientras una steadycam les observa).

http://www.imdb.com/title/tt0092005/

http://www.historicbrownsville.com/content/BR2_tour_stand.html

http://en.wikipedia.org/wiki/The_Body_(novella)

Todas las imágenes pertenecen a sus autores.

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