COWBOY DE MEDIANOCHE

Midnight Cowboy

Director: John Schlesinger.

Guión: Waldo Salt, basado en la novela James Leo Herlihy.

Intérpretes: Jon Voight, Dustin Hoffman, Sylvia Miles, John Mc Giver, Brenda Vaccaro, Barnard Hughes, Ruth White.

Música: John Barry.

Fotografía: Adam Holender.

EEUU. 1969. 107 minutos.

 

En tiempos del cólera

 

Para empezar a abordar este filme de John Schlesinger podemos bucear en su maravilloso título, que tiene un formidable peso específico en el sentido de las imágenes, abonando no pocas reflexiones que, conteniendo lo cinematográfico –y hasta cinéfilo-, lo trascienden a un contexto de retrato sociológico y hasta histórico de la nación de las barras y estrellas. La idea, más que crepuscular, del “cowboy de medianoche”, la imagen patética del personaje encarnado por Jon Voight recorriendo las sombras de la gran ciudad de los rascacielos con aquel escudero barriobajero ofrece la asfixiante perversión de aquellas insignias genéricas –del western– en y por un tiempo presente en el fondo mucho más irredento, y amén de ello una lírica, por momentos conmovedora versión del sentimiento de indefinida pérdida tan patente en el imaginario colectivo americano (no es baladí al respecto citar que el filme se alzó con el Oscar a la Mejor Película de 1969). Schlesinger, que con este filme debutaba en el cine americano, supo captar la derrota inherente a los dos protagonistas del filme desde una mirada visceral, doliente, y contextualizada muy arrás del sucio pavimento neoyorquino, anticipando en cierto modo la esquinada propuesta visual y textual que sobre aquella ciudad nos ofrecerían Scorsese y Schrader en la siguiente década. Acababa sucediendo, una vez más –como ya había ocurrido antes y seguiría ocurriendo después, abrazando una cronología que va desde los tiempos de Frank Capra o Fritz Lang (si no antes) hasta los Wim Wenders, Milos Forman o Ang Lee-, que directores no estadounidenses retratan con mejor tino que los autóctonos las pulsiones de la nación de las barras y estrellas.

 

 

Quijotescas

 

En su afligida mirada a los personajes y el lugar y tiempo que les toca vivir, la única redención que Midnight Cowboy ofrece (a Jack y a Rizzo, como al espectador) se halla en los aislados momentos de alianza entre los protagonistas, aquella amistad basada en el desconsuelo y articulada de un modo lacónico, extravagante, pero emotivo. Podría decirse que el filme supone una suerte de traslación a la capital norteamericana de finales de los sesenta de la inmortal novela de Cervantes, una brusca degradación, con otras motivaciones narrativas pero conteniendo la misma esencia: la monomanía de este cowboy-quijote perdido en una tierra inhóspita, llamada cruda realidad, contra la que se da de bruces continuamente al empecinarse en confundirla con una tierra mitológica y borrada del tiempo. El contrapeso se halla en la entrañable composición de un Sancho Panza mangante, lisiado y tísico que nos ofrece Dustin Hoffman, quien empezaba a cimentar aquí su célebre vis camaleónica. El realizador –recordemos, forjado en los ambientes del free-cinema británico- trata de capturar esa monomanía, ese ímpetu que se vuelve desgarro, y lo hace con imágenes a menudo distorsionadas, una sobresaturación de montaje, continuos experimentos visuales y juegos lumínicos que, vistos hoy aparecen envejecidos, pero no por ello pierden su genuidad como mirada de su tiempo, instintiva, que erige la bizarra pero innegable intensidad dramática de la película.

 

 

Echoes (on my mind)

 

Esta historia sobre el anonimato y la soledad nos sumerge en esa Nueva York como espacio a la vez melancólico y abrasivo, cuyas puertas se abren y cierran en el filme en la circularidad de sendos largos viajes en autocar, cruzando la entera geografía norteamericana en direcciones opuestas. La tragedia que culmina la historia se revela como la única opción posible, la crónica de una muerte anunciada, tanto que ya se hacía patente en el mismo prólogo del filme, donde se muestra la emigración del personaje que encarna Voight desde Texas: a pesar del optimismo presente en sus actos, las imágenes -a través de los diversos cortes por flashback que muestran antecedentes patológicos del personaje en lo sentimental- no escatiman un poso amargo en el bagaje emocional del personaje; la narración se abre asimismo en la ya mítica melodía interpretada por Harry Nilsson, Everybody’s talkin’, cuyo texto impregnará bien pronto el tenor de la historia, y por tanto anticipa tanto el dolor (y sobretodo esa soledad: “todo el mundo habla, pero no puedo oirles, sólo son ecos en mi mente”) como la huida al sur que se eregirá como solución utópica de los protagonistas (“Iré donde el sol se impone sobre esta lluvia atronadora, donde la temperatura secará mi ropa”).

http://www.imdb.com/title/tt0064665/

http://www.filmsite.org/midn.html

Todas las imágenes pertenecen a sus autores.

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2 pensamientos en “COWBOY DE MEDIANOCHE

  1. Una gran critica a una gran pelicula, con lecturas bastante similares a las que realize, y otras que realmente no habia notado. La unica critica seria el surplus retorico de tu entrada, esa sobrecodificacion del lenguaje puede hacerse complicada para el lector promedio y que podria explicar el por que un blog de buena calidad como este tiene pocos comentarios. Solo una critica constructiva.

    Saludos, estare atento a nuevas criticas.

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