MALCOLM X

Malcolm X

Director: Spike Lee.

Guión: Spike Lee y Arnold Perl, basado en la autobiografía de Malcolm X editada por Alex Haley

Intérpretes: Denzel Washington, Angela Basset jr, Delroy Lindo, Spike Lee, Albert Hall, Al Freeman jr, Kate Vernon.

Música: Terrence Blanchard

Fotografía: Ernest R. Dickerson

EEUU. 1992. 190 minutos.

 

Rodney King

 

No había vuelto a ver Malcolm X desde que asistí al cine Florida, de Barcelona, a su estreno en 1993. Por aquel entonces, aún estaban en la retina colectiva los brotes de violencia racial conocidos como “los disturbios de Rodney King” (que, recordemos, explotaron el 29 de abril de 1992, cuando un jurado compuesto casi completamente por blancos absolvió a los cuatro agentes de policía que aparecieron en unas grabaciones tomadas por un videoaficionado mientras propinaban una paliza a un motorista negro; miles de personas en Los Angeles, California, principalmente jóvenes negros y latinos, saltaron a las calles y llevaron a cabo multitud de actos de pillaje, incendios provocados y asesinatos; en total, entre 50 y 60 personas murieron durante los disturbios, y hubo centenares de heridos). Spike Lee referenció esos acontecimientos (el video de la paliza) en el prólogo de su película, junto con una bandera americana ardiendo hasta quedar convertida en una “X”: por mucho que se atizaran todo tipo de polémicas que le tildaron de racista, lo único que el realizador pretendía era contextualizar la narración de la vida del líder afroamericano en un discurso actual y global. No considero que hubiera acritud en su toma de postura, más bien el reflejo historicista de una de las tesis de su biografía de Malcolm X: la senda del odio como coda, reactiva, instintiva y estéril, de los afligidos.

 

 

¿Racismo?

 

Cuando se estrenó Malcolm X, esas voces acusadoras objetaban la culminación en racismo de los discursos raciales contenidos en la quintaesencia del grueso de la filmografía del realizador neoyorquino (principalmente, la explosiva Do the Right Thing); viendo el desarrollo de aquella filmografía, uno puede incluso establecer un parangón entre la visión del predicador asesinado en 1964 y la del director: el primero de ellos adoptó un discurso conciliador en los últimos años de su malograda carrera, el segundo ha seguido escarbando en sus filmes en las pulsiones del complejo mosaico cultural, racial y social americano, pero abriendo una mirada panorámica y una concreción de la acusación contra las políticas actuales de los conservadores y, al mismo tiempo, un flujo muy superior de preguntas que de respuestas  –véase la descripción racial que se halla en SOS Summer of Sam, 25th hour, el documental When the Leeves broke o incluso en ese supuesto divertimento comercial que es The Inside Man-.

  

Un espacio para la reflexión

 

Cuando Malcolm X vio la luz, como adaptación de la autobiografía del líder rubricada poco después de su muerte por Alex Haley, lo que se podía evidenciar eran las ansias de Spike Lee por arrojar más luz que oscuridad, por romper con la reduccionista imagen de Malcolm X como “racista de blancos” y exponer al detalle las condiciones y contextos de su vida, así como acariciar su legado, con el peso de las controversias pero también del raciocinio y la componenda de honestidad que revistió su denuncia. Es así y en definitiva Malcolm X una película que contiene doctrina, una película política, y una película que invita a la, a menudo incómoda, reflexión social. Que el epílogo sea poco menos que la antítesis de la virulencia del prólogo (voces jóvenes reivindican la doctrina identitaria afroamericana, y el mismísimo Nelson Mandela efectúa un breve discurso) es en ese sentido muy revelador.

 

 

Intensidad

 

Amén de todas las notas que preceden, hay que decir que Malcolm X es en lo cinematográfico un proyecto mesiánico, desde su concepción una ruptura con las formas narrativas de aquel indie que cautivó con Nola Darling, un filme que transita y quiere exprimir multitud de escenarios no sólo físicos, sino también emocionales, tarea en la que Lee pone el máximo empeño, resultando de ello no pocas secuencias de gran colorido e intensidad visual, como complemento al vigor del discurso, y, eso sí, un ritmo asfixiado por el afán de comprender toda una vida, un metraje largo y comprimido que puede escapar de las manos del espectador menos atento (el peaje del biopic se paga precisamente en esa densidad expositiva y dramática: sobretodo en el último tercio del filme, los acontecimientos se precipitan, el dramatismo se fragua con cierta afectación, Lee opta por las rápidas pinceladas, prioriza así la máxima información antes que una síntesis, ciertamente difícil de encontrar, pero que sin duda hubiera descargado de peso abstracto el filme, hubiera oxigenado la narrativa). 

  

1. Lo esperpéntico

 

Estudiemos ese largo metraje, y vayamos escalonando los comentarios al tenor de los bien diferenciados segmentos del filme. En sus primeros compases es Malcolm X una obra que pretende dar muestras de ostentación escenográfica en sentido amplio: vistosos decorados, muchos figurantes, alardes lumínicos y formales (v.gr. esos planos-secuencias que pasan de lo particular a lo general, como el que inicia la narración, con el propio Lee paseando por un decorado que reproduce un barrio de Boston, o aquel otro a la llegada de Malcolm al Harlem neoyorquino, visitada por la cámara cual reducida capital del mundo para los afroamericanos, mostrando mediante una grúa en movimiento lateral ascendente la muchedumbre que luce orgullo de raza por la consecución del título de los Pesos Pesados de Boxeo por parte de Joe Louis); encaja con ese tono y vocación de artificio la inclusión de dos secuencias musicales, un baile a ritmo de jazz y una actuación de la mismísima Billie Holliday en un antro de Manhattan norte. En el plano argumental, en la presentación del personaje, éste trata de alisarse y aclararse el pelo, celebrando que “parezco un blanco”; esa presentación, y un buen cúmulo de situaciones de esa época –y la incursión y tratamiento de los diversos personajes, donde merece especial mención Sofia, amante blanca y compañera de correrías sexuales y delictivas-  se caracterizan por el uso y hasta abuso del cliché en la mirada que la cultura popular –principalmente el cine- nos ha venido  ofreciendo desde siempre de la gente de color; el sentido de esa percepción visual que Lee ofrece al espectador se revelará después, por contraste, en el profundo cambio que se operara en el espíritu y hábitos del Malcolm, su redención interior que le lleva a tomar conciencia de ser un títere de una cultura que no es la suya y que le somete –toma de conciencia que irá pareja al abandono del alcohol y las drogas-, y que convertirá ese pasado en esperpéntico.

 

 

0. La mella de la segregación

 

Paralelamente a esa descripción de los años de mocedad de Malcolm el filme presenta, mediante escuetos, sobrios y a menudo sombríos flash-backs, los antecedentes familiares del personaje, apuntando de la forma más gráfica la mella de la segregación en el sino de sus padres y en una trágica infancia (dejando cortos los dramas dickensianos, conoceremos el incendio de su casa provocado por el KKK, la persecución e impune asesinato del padre, la pérdida de la razón de la madre al serle arrebatados sus hijos por los servicios sociales, y la consecuente adopción, estigmática, de Malcolm en una familia blanca).

 

 

2. Formación espiritual

 

Si en definitiva esa primera hora de metraje nos está hablando del auténtico camino a la perdición al que las circunstancias sociales y raciales abocan a Malcolm, resulta revelador que, como ya hemos avanzado, su “despertar de conciencia” se produzca entre rejas. En ese interludio, que se inicia cronológicamente en 1946, Lee opta por plasmar la lucha interior del personaje de la forma menos opinable, mediante una serie de planos en la celda de castigo –en la cerrazón casi absoluta, y su oposición en forma de luz cegadora cuando se abre la mirilla de la celda- en los que Malcolm alcanza el límite de sus fuerzas y resistencias. En la secuencia posterior a esa dolorosa redención encontrará el que devendrá asidero espiritual de su cambio, al entrar en contacto con otro preso, Banes, que le introducirá en las enseñanzas de un lider musulmán, Elijah Muhammad, y en esa reacción al dominio blanco que postula por la supremacía negra: debe decirse que son magníficas en su concepción las descripciones de la rehabilitación física y formación espiritual de Malcolm, con secuencias tan ilustrativas como aquélla en la que se efectúa una lectura (y ulterior relectura) de las definiciones que se hallan el diccionario de “blanco” y de “negro”. Menos feliz resulta el modo  en que se resuelve la epifanía, esa aparición del Muhammad a la lectura de una carta suya.

 

 

3. El predicador

 

Con Malcolm habiendo renunciado a su pasado y de su apellido criollo, el filme se concentra en la descripción de su ascenso como predicador. Denzel Washington da una magnífica medida no sólo de lo camaleónico –Lee se cuida mucho de seguir los cambios estéticos del personaje tal cual acaecieron- sino de la magistralidad en la reproducción con adecuados matices de los largos y densos speeches, el porte impertérrito o hasta bravucón cuando empieza a hacerse fuerte en actos de resistencia civil, así como la sutileza en los aspavientos emocionales en lo que concierne a su noviazgo y matrimonio con Betty (Angela Basset jr). A ello coadyuvan también las sabias elecciones descriptivas escogidas por la cámara de Lee (hay múltiples ejemplos, desde los planos generales que muestran los movimientos casi castrenses de los compañeros de Malcolm en la escena en la que se sublevan ante la detención de uno de los suyos, hasta aquel plano corto e inmóvil que muestra una conversación de la pareja recién casada). La película se dedicará a exponer, mediante los discursos en diversos foros, o conversaciones en el seno de su hermandad, la doctrina de Malcolm X. No escatimará las referencias más reaccionarias –la segregación total entre razas como única opción-, ni tampoco la no condena del asesinato de Kennedy, o las invectivas dirigidas a la religión católica por su papel activo en la segregación. Tampoco el enfrentamiento con Martin Luther King (reproduciendo el realizador una inquietud que ya había sido el leit motiv temático de Do the Right Thing), a quien Malcolm llamará “lider negro al estilo del Tío Tom”, acusando su flaqueza e implícita sumisión en las reivindicaciones a su pueblo: en este fragmento, Lee refuerza pero no toma partido de esa antítesis discursiva, precisamente insertando diversas imágenes reales de King o de sus sufridos capítulos de resistencia no violenta.

 

 

4. Lo sombrío

 

El imperio de valores que Malcolm defiende empieza a desmoronarse desde dentro, en la detección de ciertas instrumentalizaciones políticas o maniobras sectarias en el seno de su organización y los conatos de conflicto con algunos de sus “hermanos”. Si no se puede hablar de esta Malcolm X como biopic al uso es, entre otras muchas razones, por no seguir las constantes del dramatis personae que se reproducen indefectiblemente en ese tipo de películas, el ocaso de las fuerzas o el desliz emocional del personaje que deberá remontarse en los últimos compases: tal como nos lo presenta la película, desde que sale de la cárcel Malcolm jamás pierde el equilibrio, y aún más, sigue su proceso de purificación interior de una forma lineal –incluso lo culmina en ese viaje a La Meca-: el advenimiento de lo sombrío, hasta lo paranoico, proviene del exterior, de las amenazas finalmente concretadas en el asesinato, a las que se apunta directamente a la propia Hermandad de la que se escindió e indirectamente al FBI y la CIA. Aunque Lee lleva a cabo una concisa e intensa descripción de ese mal hado y ese deplorable final, el filme alcanza la maestría más bien en la sutileza de algunas secuencias, como aquélla en la que Malcolm conversa en penumbra con Banes enfatizada por el hálito lánguido que desprende la partitura de Terréense Blanchard.

 

 

La causa común

 

En todo caso, antes de cerrar con sangre el repaso histórico, Lee ha enaltecido el último y conciliador discurso de Malcolm, cuando anuncia la fundación de una iglesia en Nueva York y abre los brazos a la armonía con los otros líderes negros, al deponer de esa causa racial el elemento violento y segregacionista, al rubricar un discurso sobre la Paz espiritual y la Hermandad entre todas las razas. El filme retomará esos términos a modo de panegírico que corresponde a su entierro pero que pasa a superponerse a imágenes reales y actuales, a la descripción de los mismos míseros barrios que, treinta –ahora cuarenta y cinco- años después siguen necesitando de voces que les representen y reivindiquen su identidad y causa común.

http://www.imdb.com/title/tt0104797/

http://www.cmgww.com/historic/malcolm/

http://books.google.com/books?as_auth=Malcolm+X&source=an&ei=HuDdSYHwMc2OjAec3cGkDg&sa=X&oi=book_group&resnum=4&ct=title&cad=author-navigational

http://www.dvdtalk.com/interviews/spike_lee_on_ma.html

Todas las imágenes pertenecen a sus autores.

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2 pensamientos en “MALCOLM X

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