SEVEN

Se7en

Director: David Fincher.

Guión: Andrew Kevin Walker.

Intérpretes: Brad Pitt, Morgan Freeman, Gwyneth Paltrow, Kevin Spacey, R. Lee Ermey, Daniel Zacapa, John C. McGinley.

Música: Howard Shore.

Fotografía: Darius Khondji

EEUU. 1995. 114 minutos.

 

Thriller gótico

 

Cuando fue estrenada en 1996, crítica y público saludaron a esta Seven como uno de los thrillers más innovadores de los últimos tiempos, y a su responsable David Fincher se le colgó rápidamente el marchamo de indomeñable énfant terrible del cine americano, crédito confirmado con su ulterior y polémica The Fight Club, pero diluída con el paso del tiempo por la poca profusión tras las cámaras del realizador, hasta que en 2007 con su sugestiva Zodiac, y en 2008 con la maravillosa The curious case of Benjamin Button, alcanzó las más altas cotas, la definitiva madurez como cineasta y, ya puestos a catalogar, el prestigio de uno de los mejores cineastas norteamericanos de su generación. Volviendo a Seven, es justo reconocer que su temática de raigambre más o menos gótica –la investigación criminal de unos obtusos asesinatos perpetrados por un psicópata con delirios de ángel vengador, y que reproduce en el modus operandi de sus acciones criminales una retorcida parábola sobre los siete pecados capitales- recogía la herencia más o menos reciente de The Silence of the Lambs y, como aquélla, abonó infinidad de influencias en el género policiaco tanto cinematográfico como televisivo (que, inevitablemente, se reprodujeron ad nauseam y muy poco a menudo con interesantes resultados).

 

 

Lo malsano

 

Y estoy por la labor de reconocer las virtudes de la película, virtudes que tienen que ver con la afición y pericia de Fincher en la filmación de esa sordidez, esto es la habilidad en el perfil visual de los diversos asesinatos que se van concatenando, el dominio de un tono hábilmente situado en la equidistancia entre la soterrada convencionalidad y la aparente malsanía, y, en fin, la atractiva resolución en imágenes de los momentos de tensión cinegética que van jalonando la trama. Fincher se revela aquí (como en todas sus obras) como un ojo creador de llamativas fórmulas narrativas, golpes de intensidad tan dignas de mención como el propio collage de los títulos de crédito o los planos descriptivos de los diversos lugares del crimen.

 

 

El dichoso twist final

 

La labor de Fincher, empero, no se recuerda tanto como el enrarecido twist argumental que marcaba el desenlace del filme y aciago devenir de los personajes; se trataba, qué duda cabe, de una magnífica triquiñuela del guión de Andrew Kevin Walker; sin embargo, al no librarse de su patente artificio, daba por convertir en fungible parte del sentido e interés del filme en un segundo visionado, tras la disolución de ese efecto sorpresa. Se puede decir que eso sucede en muchas películas, por ejemplo las de M. Night Shyamalan; sin embargo, los revisionados de obras como Unbreakable o The Sixth Sense resultan mucho más agradecibles que el de Seven, y ello porque, en todo caso, donde en Shyamalan existe una portentosa orquestación visual y argumental, en el aparato narrativo del filme de Fincher -en contraposición de la composición atmosférica, brillante -se hallan diversos elementos cuyo tratamiento resulta insatisfactorio y lastran la intensidad de la película: por un lado está esa cierta gravedad en la mirada de los grandes temas bíblicos, un deje de trascendencia mal o poco despachado (no basta con citar a Dante o a Hemingway para sedimentar en el texto del filme esa sutil presencia de un hado trágico sobrenatural, que planea pero no se concreta en la atmósfera del filme); por otro lado, es deficiente el tratamiento –ya en el propio guión, no soslayado en la traslación a imágenes- de las secuencias familiares o intimistas, demasiado forzadas en su prefiguración y vanales, hasta tediosas, en su contenido; relacionado con lo anterior, la interpretación de Bratt Pitt podrá justificarse desde el punto de vista de la taquilla pero no en términos artísticos: el actor se halla bien lejos de dar la medida dramática que la película quería proponer (y cuyo peso le hubiera correspondido), y no le aguanta el tipo en una sola escena a sus comparsas, éstos sí convincentes, Morgan Freeman y Kevin Spacey. Sin embargo, también es justo decir que en 1995, año de realización del filme, aún no se habían puesto en boga esas laberínticas fórmulas de manipulación de la información que ahora, una década después, son moneda corriente en casi la práctica totalidad de filmes del género.

http://www.imdb.com/title/tt0114369/

http://rogerebert.suntimes.com/apps/pbcs.dll/article?AID=/19950922/REVIEWS/509220305/1023

Todas las imágenes pertenecen a sus autores.

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