BLOW UP

Blow up

Director: Michelangelo Antonioni.

Guión: Michelangelo Antonioni y Tonino Guerra, basado en un cuento de Julio Cortázar.

Intérpretes: David Hemmings, Sarah Miles, Vanessa Redgrave, John Castle, Jane Birkin, Veruschka Von Lenhdorff, Peter Bowles.

Música: Herbie Hancock.

Fotografía: Carlo Di Palma.

GB-Italia. 1966. 109 minutos.

 

In-transitivo

 

El diccionario traduce el verbo que da título al presente filme de diversas maneras, todas asimilables de un modo u otro al texto tan poco cartesiano que Antonioni promueve en imágenes: blow up como verbo transitivo que se refiere al acto de ampliar fotografías (encontraríamos un sentido literal), o como verbo intransitivo referido a “estallar, explotar” (quizá la parábola sobre el instante en el que el fotógrafo protagonista, aquel tipo adocenado en su prestigio profesional y habitante de lo estéril y caprichoso, descubre casualmente la existencia de un asesinato en una de sus instantáneas y esa revelación le llama, aunque sea efímeramente, a la acción; también puede referirse a la explosión concreta, la bala asesina al ser disparada; o a la explosión de la cámara, que paraliza, convierte en inerte, una imagen viva…).

 

  

Instantáneas de la modernidad

 

Blow up fue la novena película del realizador de El Desierto Rojo, la primera rodada fuera de su país natal; saludada ya desde el momento de su estreno como una joya cinematográfica, el tiempo no ha hecho más que aspaventar ese reconocimiento a la trascendencia de la obra en los difusos (también a menudo apasionantes) términos de la llamada “modernidad cinematográfica”. El filme adapta (dicen que de forma bastante fidedigna) un cuento del maestro Julio Cortázar (titulado Las babas del diablo), y pone en la picota una serie de reflexiones alrededor de la creación fotográfica (=creación cinematográfica), reflexiones que contraponen con callada violencia la realidad con la posibilidad de su reproducción fiel, temática asimismo alineada, de forma magistral, con otro tipo de meditaciones, de esa tonalidad abstracta tan cara a Antonioni, sobre las pulsiones humanas en el contexto de la élite burguesa (aquí londinense) que retrata, tal como se refiere en el meticuloso, tan constante (des)dibujo de actos y motivaciones del fotógrafo que incorpora David Hemmings. En ese retrato frío de la frialdad se fascina la cámara de Antonioni, alentando con ello interesantes vasos comunicantes entre observador y observado, entre ficción y realidad, entre el artista y el destinatario de sus creaciones artísticas, o incluso entre el artista y el propio Arte.

 

  

Desenmascarado

 

En efecto Blow up se detiene en un atento y correoso retrato del comportamiento vanidoso del fotógrafo (que insulta a las modelos que retrata, que abusa de las adolescentes que le admiran, que desprecia a sus propios empleados), de la presencia de lo inane y caprichoso en su actitud (sus fabulaciones, esa hélice que compra fingiendo pericia en materia de antigüedades, sin que esté haciendo otra cosa que fingir que convierte en valioso lo inútil). Esa vanidad, esas máscaras que se erigen en un leit-motiv descriptivo, y su despliegue en contenidos y comportamientos eróticos, se quiebra ante la misteriosa figura de Vanessa Redgrave y su insistente solicitud de que le devuelva unas fotos robadas: desde la sesión fotográfica furtiva en la campiña parece que empiezan a quebrarse las normas, el equilibrio de la no-realidad que el fotógrafo vive; cuando ella desnude su torso ante él sugiriendo un intercambio sexual por los clichés, ese equilibrio sigue desmoronándose (véase el tratamiento de esa secuencia puesta en relación con el juego de seducción a las adolescentes, reproducida ante idéntico fondo escénico); cuando, mediante la ampliación de las fotografías (el blow up), descubra que las imágenes reproducidas y ampliadas le muestran una realidad que se escapaba a su mirada, se abrirá para el fotógrafo la caja de los truenos, la indecisión, los miedos y hasta horrores de la (no-)realidad que vive y que ha sido desgarrada por un acontecimiento tan poco matizable como es la presencia de ese cuerpo inerte que el fotógrafo vio en las fotos y hallará en su regreso nocturno a la campiña.

 

  

La nada

 

Todo ello, quizá, se revela únicamente como una frustrada catársis: el fotógrafo, superado por las circunstancias, les dará la espalda. Los mismos mimos que aparecían al principio del filme (la sonrisa impostada) regresarán en el desenlace, le llevarán a su terreno en la secuencia final, en esa partida de tenis imaginaria en la que el fotógrafo se decide a colaborar. De regreso a la nada, a esa soledad que el plano final, semipicado panorámico, revela inmensa.

http://www.imdb.com/title/tt0060176/

http://www.filmsite.org/blow.html

http://www.artbrain.org/journal2/gardner.html

Todas las imágenes pertenecen a sus autores.

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