EXPIACION

Atonement

Director: Joe Wright.

Guión: Christopher Hampton, basado en la obra de Ian McEwan.

Intérpretes: Keira Knightley, James McAvoy, Saoirse Ronan, Romola Garai, Vanessa Redgrave, Julie West, Brenda Blethyn.

Música: Dario Marianelli.

Fotografía: Seamus McGarvey

Montaje: Paul Tothill

Francia-GB. 2007. 124 minutos.

 

Turbios recovecos del alma

 

        El grueso de la obra literaria de Ian McEwan –el autor de Atonement, la novela en la que está basada la película-, se caracteriza a nivel temático por la exploración de turbios recovecos del alma y existencia humanas. En diversas reseñas se cita el interés del autor –ya desde sus primeras obras, que, dicen, le labraron el sobrenombre de Ian Macabro– por asuntos mórbidos relacionados con la sexualidad y la muerte. Lo menciono porque en efecto el texto ilustrado en esta segunda película de Joe Wright encuentra sus mimbres en ese trasfondo temático abordado desde lo obsesivo. En el planteamiento del relato, Briony Tallis, una precoz escritora de 13 años, acusa injustamente a Robbie Turner, por quien siente una concupiscente pasión y, a la sazón, amante de su hermana mayor Cecilia, de haber cometido un crimen, hecho que modifica, de forma trágica, el curso de las vidas de los dos amantes; la “expiación” del título se refiere, pues, a los desesperados intentos por parte de Briony, cuando alcanza la edad adulta y va tomando conciencia de su crasa responsabilidad en la mácula de ese romance, de enmendar el terrible error. La obra, realmente exhuberante, aborda y logra casar desde una óptica visceral diversas materias, unas referidas a las pulsiones más íntimas –los estigmas de la sexualidad, la obsesión, la culpa, la duda…- y otras referidas a contextos sociales –las diferencias de clase-, e históricos –la devastación de la guerra, la Segunda Guerra Mundial-.

 

Efecto Hampton

 

        El mérito que debe atribuirse a Joe Wright va parejo al riesgo que asume en la transposición a imágenes de ese texto tan vitaminado en cuestiones temáticas como sobretodo lúcido en su fusión en un único raíl argumental. Otro tanto debería decirse de la labor de Christopher Hampton como libretista, pues no resulta tarea fácil buscar en la codificación de la escritura cinematográfica las claves narrativas del texto de McEwan. Al respecto, debe recordarse que el prestigio del guionista se anuda principalmente a su especialización como adaptador de textos literarios de altura (ya desde su oscarizada autoría del libreto de Dangerous Liaisons, adaptando la obra de Chaderlos de Laclos, a Mary Reilly, basado en la obra de Valerie Martin,  pasando por Carrington y The Secret Agent, éstas dos últimas –respectivamente basadas en obras de Michael Holroyd y Joseph Conrad- que también dirigió), adaptaciones todas ellas en las que, en mi humilde opinión, la labor de Hampton se concentra más en la sincreción-ilustración (ello entendido en la tarea de pulir el texto para que funcione según los cánones narrativos dramáticos de usanza convencional en el cine) que en un abordaje donde cupiera encontrar signos distintivos de la propia personalidad del autor o de sus motivaciones en la adaptación de esos textos. En este caso, la focalización de la trama en cuatro segmentos bastante diferenciados (la larga narración del desencadenante dramático en unidad temporal y espacial; el segmento que narra el desenlace de la campaña militar protagonizada por Robbie; las secuencias en las que vemos a Briony en su mayoría de edad; y el epílogo) funciona bien como acicate dramático, y el apuntalamiento de esa estructura con la yuxtaposición de diversos puntos de vista de un mismo hecho más la inserción de diversos pequeños flash-backs (ambas estrategias con idéntica intención: la de revisar un acontecimiento desde parámetros diversos, o hasta opuestos) da lugar a una presentación muy diáfana –a veces, demasiado diáfana, a pesar de los esfuerzos por la sutileza- de los diversos conflictos que van jalonando la historia, si bien esa caligrafía pasa de la ávida y detallada descripción psicológica en un principio (en el primer segmento del filme) a una excesivamente gráfica exploración en el devenir de los personajes (sin ir más lejos, del propio concepto de “expiación” que da título al filme), de lo que resulta cierta estereotipación que lastra la contundencia dramática del filme (ejemplo, a sensu contrario, lo hallamos en la hermosa escena en la que Briony atiende a un moribundo soldado francés; precisamente en su condición de aparte del devenir dramático lineal, esa fuga de pensamientos y sentimientos que implosiona en la conversación entre la enfermera y el soldado es mucho más efectiva desde el punto de vista de la exploración dramática, que la siguiente secuencia, de la reunión de Briony con su hermana y con Robbie).

 

El hacedor de imágenes

 

        Con semejante material, esa pugna entre la opulencia temática de McEwan y su quizá excesiva reducción gráfica operada por el libreto, Wright opta por dar cauce a diversos, algunos imaginativos, otros demasiado enfáticos, algunos brillantes recursos escenográficos, llevando a cabo una labor en la que fácilmente se detecta la continuación de la concepción de la imagen y el relato cinematográficos puestos en práctica por Wright en su previa Pride & Prejudice. Si en aquélla el filme se iniciaba con un largo travelling de presentación de personajes y ambiente, en Atonement hay diversas secuencias en las que un encuadre que sigue a un personaje se abre para mostrarnos el impoluto encourage de época, sean las calles londinenses, el predio rural de la familia Tiallis, los hospitales improvisados o los escenarios bélicos (y aquí debo detenerme ante la mayor filigrana visual del filme, el larguísimo plano-secuencia que sigue a Robbie avanzando por la playa de Dunkerque durante la famosa evacuación de la misma, un auténtico prodigio de planificación y de utilización de figurantes, y, más allá de su interés formal, una secuencia que exuda por todos sus poros la esencia desquiciada de la guerra –esos disparos a los caballos, la implacable ilógica de trajines y fragores humanos, la feria en ruinas, aquel quiosco en el que un coro interpreta una pieza patriótica…-). Wright busca la expresividad con juegos lumínicos (especialmente en los primeros compases del filme), sofisticadas composiciones de los espacios en los que se mueven los personajes o  experimentos con la profundidad de campo y el enfoque selectivo; también utiliza con sabiduría la pista sonora para, primero, dar dinamismo a las secuencias y, progresivamente marcar un leit-motiv tonal (probablemente la utilización de las teclas de la máquina de escribir como percusiones en crescendo son la solución cinematográfica más feliz de la película). Al realizador, empero, le pierden ciertos delirios lírico-preciosistas que, pretendiendo enfatizar lo emocional o lo melodramático mediante filtros de luz irreales, acaban diluyendo el afán expresivo en impostación. En todo caso, la labor del realizador británico es digna de interés y encomio, y sus deficiencias son hijas de un afán por la experimentación y la ruptura estilística, por lo que cabe esperar que, cuando depure ese estilo, pase de ser este entusiasta hacedor de imágenes a un gran director de cine.  

 

Epilogar

 

        Comentario aparte tanto de la labor de Hampton como de la escenografía de Wright merece el algo chocante epílogo, definitiva fractura narrativa que convierte diversas de las secuencias previas en ficciones imaginadas por la escritora. Es cierto que esa revelación final (presentada en un primer plano que nos muestra monitores televisivos, forma algo obvia de resumir la distancia cronológica, y en la que, anotación anecdótica, una Briony interpretada por Vanessa Redgrave es entrevistada por un periodista encarnado por… Anthony Minghella) sirve para dar congruencia a ciertos pasajes previos que carecían de ella, amén de vestir una hermosa parábola sobre el valor de la literatura que, no me pregunten porqué, relacioné con (la posterior) The Reader de Stephen Daldry. Sin embargo, a ese replanteamiento radical del relato, aunque funcione a nivel superficial, para alcanzar la efectividad climática que se le debería suponer le falta un mayor empaque, tanto en su definición escrita (lo que, ay, revela las deficiencias de todo el texto de Hampton), como en su plasmación visual. Pienso yo que semejante desenlace debería llevar al extremo los términos de esa estigmatización que dura una vida entera, el estigma como culminación y el acto de confesión en el que se erige la literatura. En cambio, en el ligero despacho narrativo, queda más bien rebajado a los términos artificiosos, del todo-vale-si-no-te-lo-esperabas, en la línea de los twist final que abarrotan las convenciones (ya ven, no sólo en el cine de género) de los últimos años.

http://www.imdb.com/title/tt0783233/

http://www.ianmcewan.com/

http://movies.nytimes.com/2007/12/07/movies/07aton.html

Todas las imágenes pertenecen a sus autores.

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2 pensamientos en “EXPIACION

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