EL PERFUME

Das Parfum

/Perfume: The Story of a Murderer

Director: Tom Tykwer.

Guión: Tom Tykwer, Andrew Birkin y Bernd Eichinger, basado en la novela de Patrick Süskind.

Intérpretes: Ben Whishaw, Rachel Hurd-Wood, Alan Rickman, Dustin Hoffman, John Hurt, Sian Thomas.

Música: Reinhold Heil, Johnny Klimek, Tom Tykwer.

Fotografía: Frank Griebe.

Alemania-Francia-España. 2006. 124 minutos.

 

Olfato

 

El inicio de Perfume: the story of a murderer no tiene desperdicio. Una voz en off nos pone en situación, estamos en el crudo meollo del Paris prerevolucionario, en sus sucias calles infestadas de hedores de todo tipo. En una parada de pescado tan mugrienta como cualquier otra, una mujer da a luz, expulsa literalmente al recién nacido y se olvida de él. Pero el bebé despierta a la vida y al dolor mediante su olfato: todo lo hediondo y nauseabundo que lo rodea le hace romper en lágrimas, así salva la vida. Después vemos que será trasladado a un orfanato, donde la supervivencia in extremis será la moneda de cambio para la indefensa criatura; esa voz over nos narrará su peculiar crecimiento (la peculiaridad: el acusado sentido del olfato, y la codificación en sus adentros de ese lenguaje paralelo y tan distinto al verbal),  para ulteriormente dar cuenta de que fue vendido para trabajar en una curtiduría en los arrabales de París. Cuando se traslada a la ciudad –que tiene poco de la luz- para hacer una entrega de pieles, entra en contacto con un marasmo de sensaciones tan infinitas como los olores que se concitan en el cargado ambiente del bullicioso París, y especialmente con el olor perfumado de una mujer, una vendedora de ciruelas, en el que hallará su auténtico y terrible hado. En esos compases iniciales, la voz en off (que no es de ningún personaje de la función sino de un narrador omnisciente) tiene pleno sentido, primero porque nos está situando en una fábula, que es en lo que El Perfume se erige en definitiva. Pero en otro plano, no menos importante, la voz en off funciona como mecanismo necesario para capturar para el cine lo que en la celebérrima obra de Peter Süskind que se adapta era objeto más especial de atención: esa codificación de la vida en olores/hedores,  la esencia del personaje de Jean-Baptiste Grenouille, el modo distintivo de aprehender el mundo…con la nariz. De este modo, el director Tom Tykwer –que, vaya por delante, rubrica aquí su obra más redonda hasta la fecha- pone en solfa toda suerte de recursos narrativos para subjetivizar al máximo la narración y su peculiaridad (empieza con la acumulación de elementos descriptivos mediante un rítmico y saturado montaje, dando la sensación de desorden, que posteriormente se troca en los planos de detalles seguidos por artificiosos travellings de raigambre casi-videoclipera, que van deteniéndose en esos mismos elementos, dando a entender que Jean-Baptiste va alcanzando un orden en sus pensamientos y así perfecciona su aprendizaje). Tykwer logra llevar el espectador a su terreno en esa primera media hora tan insólita como brillante (aunque probablemente su brillantez radique precisamente en su extrañeza), en la que la realidad que las imágenes describen nos identifica con ese instinto olfativo, dejando a la voz en off el secundario papel de desarrollar la historia en sus términos convencionales.

 

 

Culminación y exceso

 

Esa coda narrativa, esa empatía con el personaje protagonista (el mismo que se tilda de “asesino” en el sustítulo del filme) da la medida de los buenos resultados del filme, por cuanto Tykwer no renuncia en ningún momento a mostrar cierta veneración -sino fascinación- con tan particular individuo. Aunque con la aparición del perfumista que encarna Dustin Hoffman –y posterior marcha de Jean-Baptiste a Grasse- los diálogos cobran más importancia, la cámara no deja de mostrar una actitud distante con la realidad, para recordarnos cuál es su punto de vista; en ese sentido, no es de extrañar que se acerque con cierto pudor hacia la obra –que después veremos que tiene resultados sublimes- que está pergeñando un Jean-Baptiste cada vez más cerca de la virtud, aunque sea al coste de vidas humanas (en los pasajes de Grasse, es magnífico el montaje paralelo entre la sucesión, lacónica en imágenes, de los asesinatos, mezclado con el discurso tremendista, visto con obscenidad, del párroco). El epatante desenlace (o desenlaces, pues a la secuencia del ajusticiamiento frustrado le sigue el suicidio de Jean-Baptiste) ajusta su fuerza en el bagaje visual previo que ha sostenido toda la narración, si bien acaba diluyendo un tanto el interés del filme por lo que de exceso desopilante contiene su representación (todo sea dicho, reproducción fidedigna del desenlace de la novela).

 

 

Encourage

 

En cualquier caso, nos hallamos ante una producción de mucha calidad (y que no viene de Hollywood), cuyo encourage es poco menos que brillante (las imágenes de París revelan no pocas pulsiones del protagonista, y de la propia historia; la infografía se sirve con justeza y se libra así de la tan habitual sensación de impostura), en la que los elementos técnicos puntúan a la perfección la labor escénica de Tykwer (aparte de la dirección artística, hay que hacer mención a la elaborada y sugestiva partitura musical compuesta por Reinhold Heil, Johnny Klimek y el propio Tykwer, al decisivo montaje a cargo de Alexander Berner, y no podemos olvidarnos de la exquisita labor del equipo de sonido señoreado por Frank Kruse y Michael Kranz). Por último, nos detenemos en la admiración por la labor interpretativa, mayúscula, de Ben Whishaw, actor de filiación teatral, que desborda con su esquelética pero poderosa presencia, con su mirada (, con su nariz) y con el celo de una actitud ante la cámara que perfila a la perfección las complejidades de su obtusa pero no por ello menos alta condición (como nos dice el narrador en el propio prólogo del filme, “una de las personalidades más notables de su tiempo”).

http://www.imdb.com/title/tt0396171/

http://www.perfumemovie.com/

Todas las imágenes pertenecen a sus autores.

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