LIBERTY HEIGHTS

 

Liberty Heights

Director: Barry Levinson.

Guión: Barry Levinson

Intérpretes: Ben Foster, Adrien Brody, Joe Mantegna, Bebe Neuwirth, Rebekah Johnson, Orlando Jones, Richard Kline.

Música: Andrea Morricone.

Fotografía: Christopher Doyle

Montaje: Stu Linder

EEUU. 1999. 127 minutos.

 

The Baltimore Series

 

        Barry Levinson es uno de esos directores a los que fácilmente encuadraríamos como artesanos, ilustradores, cineastas que han actuado básicamente bajo los parámetros del establishment industrial. Entre finales de los ochenta y los noventa entregó frutos bien irregulares, pero caracterizados por su potencialidad comercial, caso de The Natural, Good Morning Vietnam, Rain Man, Bugsy, Disclosure, Sleepers, Wag the dog o Sphere. Probablemente destaquen las cuatro primeras citadas, obras menos memorables de lo que en su día se llegó a decir, pero más apreciables que el olvido a que, poco después, se vieron abocadas. Aunque en la ecuación creativa de Levinson quizá su faceta como realizador, ciertamente limitada, está por debajo de su labor como guionista. De entre las obras citadas, sólo escribió el libreto de Sleepers, pero se forjó en la industria en tareas de guión de obras como …And justice for all o Tootsie (aquí, no acreditado), y ulteriormente fue el autor de libretos de comedias como Toys, Jimmy Hollywood o Unfaithfully yours (remake de la obra homónima de Preston Sturges de 1948). Pero si la perspectiva sobre esa filmografía nos ofrece un activo especialmente interesante, se halla en lo que se ha dado en llamar The Baltimore Series, cuatro obras que han ido cayendo con cuentagotas: Diner, su opera prima, de 1982, Tin Men (aquí titulada “Dos estafadores y una mujer”), de 1987, Avalon, de 1990, y esta Liberty Heights, de 1999. Se trata sin duda de obras que guardan entre ellas una relación temática íntima, la que ha dado comba a la obsesión creativa de su autor; en ellas, el director nacido en la capital de Maryland volcó, en clave de comedia más o menos dramática, más o menos nostálgica, vivencias de familias de clase media de Baltimore en los años cincuenta, primando la perspectiva de los adolescentes. Levinson nació en 1942, así que es fácil deducir la existencia de elementos autobiográficos en ellas, que se encauzan hacia el retrato generacional y sociológico, a veces subrayando y otras replanteando los lugares comunes que la historia oficial –y los clichés del cine-  nos han dejado de aquellos tiempos, lugares y tipologías humanas.

 

 

Estigmas

 

        Como apuntaba, todas estas obras están envueltas, cual celofán, en un tono desenfadado. Pero en sus continuas ironías, que van conformando el tono y sentido de la narración, asoma cierto desencanto. Si en Diner (probablemente, la mejor de ellas) se nos hablaba de los tambaleantes valores adquiridos por un grupo de post-adolescentes, en esta Liberty Heights, bajo las constantes referencias a la religión y el sexo se va construyendo un atractivo relato sobre el peso de los estigmas en la conformación de la propia personalidad (vis íntima, las tramas protagonizadas por Van y Ben Kurtzman), pero también del peso de esa diferencia como acicate cultural de las comunidades, y su contaminación de lo ideológico a lo político (la trama referida al negocio del padre, Nate Kurtzman). La confusión vital en que se halla instalado el joven protagonista del filme, Ben (Ben Foster), miembro de una acomodada familia judía, le lleva a disfrazarse de Hitler por Halloween, o le lleva a cortejar a una chica negra sin que sepamos muy bien si en esa preferencia sentimental/sexual no ha intervenido de forma decisiva su mutua condición de “diferentes” (son los primeros años de la generalización de los Derechos Civiles para la gente de color –me refiero, claro, al norte de línea Mason-Dixon, el sur era otra cosa-) o el reflejo obsesivo por lo religioso (se prenda de ella al verla recitar el Cantar de los Cantares en la escuela cada mañana). Su hermano mayor, Van (Adrien Brody), también se enamora de una chica a la que conoce en una fiesta de Halloween, en la que, reveladoramente, está disfrazada de hada mágica; se trata de una chica cuya familia participa de la más alta categoría social, y la figuración idealizada que Van tenía de ella se desmoronará en un grotesco capítulo nocturno en un motel de carretera; Nate (Joe Mantegna), el padre de Van y Ben, regenta un club de strip-tease que sirve de tapadera de un negocio ilegal de apuestas, y aunque su practicidad, inteligencia y carácter pactante le han ayudado a consolidar durante largo tiempo su posición, todo se irá al traste cuando se vea obligado a convertir a un chico negro, traficante de baja estofa, en socio del negocio, ya que la policía federal no puede permitir ese cambio en la apariencia de honorabilidad…

 

 

Senda nostálgica

 

        A decir verdad, si Liberty Heights resulta divertida e interesante pero no llega a ser una gran película es, primero, porque aunque el planteamiento de los conflictos (e incluso su desarrollo) es espléndido, Levinson es incapaz de enlazarlos en un desenlace que haga trascender los diversos capítulos en un único corpus que lo cohesione; por otro lado, y quizá en relación con lo anterior, porque el realizador rehuye en todo momento el trasfondo escabroso que realmente se masca en los hechos descritos, que en imágenes sigue escondido bajo ese celofán amable a que antes me refería, una elección de pasar por la vía nostálgica lo que tendría que revestir la fuerza de una denuncia, elección que da de resultas que en muchas ocasiones nos quedemos con la anécdota en lugar de la sustancia (sin ir más lejos, el tratamiento del personaje del joven mafioso negro y la secuencia en la que retiene/secuestra a Ben). En todo caso, Levinson lleva al puerto de las imágenes sus elecciones discursivas, pues el encourage de Baltimore recoge idéntico gusto por lo preciosista e  iconográfico (los atuendos, el decorado de las casas, los neones de las fachadas de los edificios, los Cadillacs, ese televisor de pantalla circular…) que informaba a la previa Bugsy; siembra la narración de referencias musicales de la época, en una bipolarización entre los ídolos blancos (Bill Haley) y el advenimiento del soul (el concierto de James Brown); mima los encuadres y la luz del modo irreprochable en que lo hacen los artesanos de Hollywood, y alcanza el genio en situaciones aisladas, como en aquel encadenado a través del movimiento de los focos del local de strip-tease que sirve para fundir los capítulos vividos por el padre y cada uno de sus hijos, a su vez indicando la diferencia conceptual entre lo que refulge en unas u otra estaciones de la vida.

http://www.imdb.com/title/tt0165859/

http://www.rottentomatoes.com/m/liberty_heights/

Todas las imágenes pertenecen a sus autores.

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