THE INTERNATIONAL

 

The International

Director: Tom Tykwer.

Guión: Eric Singer

Intérpretes: Clive Owen, Naomi Watts, Armin Muëller-Stahl, Ulrich Thomsen, Bryan F. O’Byrne, Michel Voletti, Haluk Bilginer

Música: Reinhold Heil.

Fotografía: Frank Griebe

Montaje: Mathilde Bonnefoy

EEUU-Alemania-GB. 2009. 118 minutos.

 

Viejos referentes

 

        De ser el enfant térrible de la cinematografía alemana cuando ésta empezaba a dar signos de su revitalización y vocación comercial, Tom Tykwer dio –lo que podríamos llamar- el paso intermedio de la realización de Das Parfum, coproducción europea cara y sofisticada que trataba de competir por el gran público (adulto) con la industria hollywoodiense, y pasó, inevitablemente (y con el epíteto no quiero decir que sea bueno ni malo, sino referirme a la coyuntura habitual), a dar el salto en la cinematografía de las barras y estrellas con esta The International (por mucho que, por la propia naturaleza de la producción –cine de acción en diversos escenarios-, haya diversos países involucrados en la misma). Tykwer, que se ha venido caracterizando por su a menuda persuasiva puesta en escena, prometió filmar “un thriller diferente”, y esa ansia se le nota a la película del uno al otro confín de su metraje, aunque esa diferencia habite más en el libreto argumental que en la escenificación de Tykwer, quien, quiera o no confesarlo, se suma a una tendencia creciente en el cine (de género) americano de los últimos años: la que busca referentes estéticos y visuales en el cine policiaco de los años setenta.

 

 

Nuevos referentes

 

        Por llamativo e improbable que pueda parecer de entrada, el filme puede verse como un cruce entre filmes recientes como Munich, de Steven Spielberg, Michael Clayton, de Tony Gilroy, la trilogía de Bourne dirigida por Doug Liman y Peter Greengrass, Syriana, de Stephen Gaghan, Lord of War de Andrew Niccol, o las dos últimas y renovadas franquicias de la serie Bond: Casino Royale y Quantuum of Solace, respectivamente de Martin Campbell y Marc Foster. De unas y/u otras hereda este creciente afán del cine de suspense norteamericano de bucear en tramas cuyo mosaico obedece a unos parámetros de complejidad a tono con el actual concepto globalizado de la economía y la sociedad de la información; nos habla de tramas conspiratorias a escala internacional en las que están involucradas las agencias de inteligencia y/o corporaciones multinacionales, unas u otras que parecen formar parte de un solo y ominoso engranaje en las cloacas alegales del sistema, que emerge a la superficie en forma de poder suficiente para la organización de la economía –a menudo mediante la guerra o el terrorismo- y el control de los recursos naturales; y para mostrar esos temas y conflictos, embrutecen la imagen, tratan de mostrar la violencia con mayor fiereza, buscan soluciones de fisicidad, escarban, en fin, en ideas y conceptos visuales en cierto modo opuestos a la estética de lo infográfico, buscando una suerte de efecto de cinema verité para dar contundencia a sus postulados. Lo dicho: el cine policiaco de los años setenta.

 

 

Cuestiones de Derecho Internacional Privado

 

        La mayoría de cintas enumeradas ofrecen niveles de calidad. Y también es el caso de esta The International, que sin ir tan allá como la reinvención del género, es un thriller interesante, en determinados pasajes apasionante, en otros menos. Su mayor defecto quizá parta de su vocación de extenso fresco radiográfico, una ambición narrativa que encuentra su apoyatura en la descripción de funciones de los peones en la trama (el agente de la interpol, la Fiscal neoyorquina, los capitostes del banco y sus asesores, el político italiano relacionado con la mafia, etc), pero que se ve defraudada en una implementación narrativa que, por gráfica –la facilidad con la que se atan cabos, la resolución final- o por forzadamente sutil –la escena en la que el presidente del banco departe con un rebelde africano, o aquélla otra en el que juega al ajedrez con su hijo-, revela las costuras de un relato que pretende abarcar demasiado y aprieta poco (al respecto, resulta mucho más efectivo y feliz el montaje de recortes de periódicos que aparecen en los créditos finales, que nos muestran la cara visible y oficial de las consecuencias de esos actos perpetrados por manos invisibles y oficiosas). Es cierto que en The International recibimos pistas de unos mecanismos de funcionamiento supranacionales con incidencia innegable en el devenir de la economía, pero muchas veces nos quedamos con el mero enunciado (y cítese al respecto la conversación entre Clive Owen y su compañero de la interpol, que encuentra el meollo precisamente en el cuestionamiento, no en la respuesta, al explicar que en la mayoría de ocasiones la persecución de actividades delictivas por parte de estos entes se ve dificultada o hasta imposibilitada por lo que de inevitablemente laberíntico –y burocrático- tienen los mecanismos del Derecho Internacional Privado).

 

 

Violencias

 

        El relato funda su interés en resortes explosivos, en la constante generación de tensión, en las mínimas treguas que concede a la reflexión, en la presentación y desarrollo de los personajes precisamente dentro de esa inercia a menudo imprevisible y más bien desesperada de los acontecimientos (en ese sentido destaco la lacónica y tan dosificada descripción de las motivaciones del protagonista, quien funciona a la vez como especie de justiciero y como tipo corriente arrojado a una situación límite con el que el espectador puede establecer fuertes mecanismos de identificación). Tykwer es bien consciente de ello, y desde la magnífica secuencia prólogo en la estación de Berlín muestra sus cartas: una fachada fría, de crescendo inquietante, la eclosión de la violencia descarnada, los movimientos de cámara y los recursos de montaje al servicio de la tensión como coda narrativa pero también a lo que de confuso tiene ese devenir de los acontecimientos. Amén del atractivo encourage que muestra diversos puntos de la geografía mundial (Lyon, Berlín, Milán, Nueva York, Luxemburgo, Turquía), Tykwer nos ofrece secuencias de suspense que no tienen desperdicio, tales como el asesinato del político italiano o la persecución por el centro de Manhattan del francotirador sospechoso. Precisamente la culminación de esa secuencia es la summa en imágenes de la fuerza explosiva que habilita el relato: el salvaje tiroteo en el interior del mismísimo museo Guggenheim de la Quinta Avenida neoyorquina: es sin duda una secuencia sugestiva en su concepto (la destrucción de la cultura como consecuencia colateral), y brutal en su tratamiento de la violencia (con algunas imágenes implícitas de las heridas en el cuerpo humano, la sangre emergiendo a borbotones), aunque este espectador echó de menos una mejor planificación, un mayor aprovechamiento de lo que tan original escenario daba de sí (algunas inspiradas soluciones visuales, como los travellings laterales que aprovechan la curiosa geometría circular de los pasadizos del museo, conviven con otras que muestran la acción de forma demasiado abrupta como para hacerla comprensible).

http://www.imdb.com/title/tt0963178/

http://www.everybodypays.com/

Todas las imágenes pertenecen a sus autores.

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