SOY LEYENDA

I am Legend

Director: Francis Lawrence.

Guión: Mark Protosevich y Akiva Goldsman, basado

 en la novela de Richard Matheson

Intérpretes: Will Smith, Alice Braga, Charlie Tahan, Salli Richardson-Whitfield, Willow Smith.

Música: James Newton Howard.

Fotografía: Andrew Lesnie

EEUU. 2007. 97 minutos.

 

De Matheson a Will Smith 

        Podemos crear una ecuación. Por un lado, “Soy leyenda”, una novela inmortal, quizá la mejor, de un gran genio de la literatura fantástica, Richard Matheson. Por otro, un director, Francis Lawrence, sin apenas experiencia, avalado por la realización de videos musicales y de Constantine, en 2005. Despejemos la incógnita. Se llama Will Smith. Un actor que se labró un sitio en el establishment desde una sitcom con falsa apariencia gamberra, se labró una fama en el cine de idéntica forma, se labró una fama incluso en la industria discográfica de idéntica forma. Will Smith, el personaje que interpreta, es un tío fibrado, de personalidad fanfarrona, que se pretende ocurrente aunque no suela serlo, pero que destaca por su corazoncito. Es la representación más gráfica y nauseabunda de los valores que la industria pretende vender a quienes van a ver sus películas. Porque, eso debemos reconocérselo, son “sus” películas. Al igual que Jeniffer Lopez tiene sus películas, o Julia Roberts las tuvo. U otros, como Russell Crowe, Denzel Washington o Tom Cruise, también, aunque éstos se atrevan a ceder algo más de personalidad a los realizadores, quizá porque trabajan con mejores realizadores. A Will Smith, Redford le sacó un poco de su casilla en The legend of Bagger Vance, y Michael Mann sacó sus mejores prestaciones en Ali. Pero eso, tan poco, terminó. Ahora interpreta “sus” películas, da igual si las firma Barry Sonenfeld que Michael Bay, Alex Proyas, que Andy Tenant, Peter Berg o Gabriele Muccino. De hecho, le animo a que las dirija él mismo. Dudo que cambie mucho la cosa. Puede tener el mejor elenco técnico, lujosos equipos de guionistas a su disposición, siempre operar con presupuestos ilimitados, porque se lo merece, porque lleva a la gente a los cines, y eso es lo que hace merecer un gran presupuesto. Son “sus” películas. Puede hacer reír o llorar, preferiblemente un poco de cada cosa, a quienes nunca recuerdan lo que vieron ayer. Es él. Esa clase de héroe del despilfarro, héroe complaciente, héroe adocenado. Y que, por ejemplo en esta película, tiene la desfachatez de vender su parangón con Bob Marley. Qué divertido.

 

Will Smith VIII (o IX) 

        Todo lo anterior nos interesa para canalizar la única perspectiva de análisis que merece esta película. Porque no vayan a pensar que podemos hablar de buena o mala adaptación de la obra de Richard Matheson. No, hombre, no. Se trata de jugar a encajar a Will Smith en las pieles de un personaje que no se le parece en nada, como Robert Neville. Porque aquí ya no se trata de un ligón dicharachero, de un superhéroe dicharachero, de un poli dicharachero, o siquiera de un esforzado padre (que algo tenía de dicharachero). Se trata de un hombre que vive solo, el único superviviente de un holocausto, que no sólo tiene que lidiar con la locura consecuente con esa clase de soledad, sino con hordas de vampiros que cada noche intentan devorarle. Se trata de un personaje de cine de terror, mitad víctima, mitad terrorífico. Así que cabría la posibilidad de tensar la cuerda del estereotipo de Will Smith para acercarlo, ni que fuera lejanamente, a prestaciones tan inéditas para él; e incluso habrá quien se crea que así se hace, citando las conversaciones que mantiene con maniquíes o cosas así. Pero no vayamos a engañarnos, hombre. La cuerda no se tensa. Simplemente, se trata de reventar una premisa argumental para hacerla encajar con el estereotipo caiga quien o lo que caiga, aunque tengan que dilapidarse las más elementales premisas argumentales y, cómo no, el grueso de reflexiones, metáforas, símbolos y demás artillería artística pesada contenida en la obra adaptada. De hecho, aquí, incluso el concepto de “leyenda” se gira como un calcetín para convertir a Smith en un nuevo mesías. La verdad es que si esta es la magia del Cine, estamos bien apañados.

 

La sombra más alargada 

De la espídica realización de Francis Lawrence, poco digno de rescate. Mucha infografía mal aplicada (porque esos gamos y esos monstruos parecen de goma), el dinamismo tramposo de siempre en el montaje corto, las convenciones más tostadas del cine de terror en las secuencias de tensión. Si cabe un leve apunte añadido, viene referido a la constatación de la influencia, una vez más, de La Guerra de los Mundos de Steven Spielberg. No por el paisaje apocalíptico, sino por las ideas que Lawrence toma del realizador. Por ejemplo, la secuencia de la marcha forzada y forzosa de la esposa e hija de Neville en los puentes de Manhattan, trasunto pobre de la secuencia del trasbordador en la peli de Spielberg; o esa otra en la que la cámara enfoca el rostro del protagonista en el acto de asesinar a su perro infectado, recurso a enfatizar la violencia por la vía de lo elíptico que al espectador puede parecerle incluso resultona si es que no se acuerda de la secuencia de la película de Spielberg en la que Tom Cruise y Tim Robbins luchaban a muerte mientras la cámara se posaba en un primer plano de Dakota Fanning, los ojos vendados, y cantando una nana de la forma más críptica imaginable.

http://www.imdb.com/title/tt0480249/

http://iamlegend.warnerbros.com/

Todas las imágenes pertenecen a sus autores.

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