REGRESO AL FUTURO. LA TRILOGÍA

Back to the Future

Back to the Future Part II

Back to the Future Part III

Director: Robert Zemeckis.

Guión: Robert Zemeckis y Bob Gale.

Intérpretes: Michael J. Fox, Christopher Lloyd, Lea Thompson, Crispin Glover, Thomas F. Wilson, Claudia Wells/Elizabeth Shue.

Música: Alan Silvestri.

Fotografía: Dean Cundey

EEUU. 1985. 111 minutos.

EEUU. 1989. 114 minutos.

EEUU. 1990. 109 minutos.

 

Executive producer

La generación que creció cinematográficamente hablando en las décadas de los ochenta y los noventa tenemos una deuda sentimental con Steven Spielberg, y con una forma concreta de entender el storytelling que magnifica las imágenes de Tiburón, ET o la trilogía de Indiana Jones, por citar las más carismáticas, obras todas ellas totalmente imperturbables al paso de los años, que bien al contrario, gracias a la perspectiva van vaciando de contenido los argumentos –que los hubo y todavía perduran- de la crítica más petulante que trataron de denostar el talento del genio por razón de su comercialidad. Pero la franquicia de espectáculo del Rey Midas no se limitó a sus películas, sino que Spielberg, allá por los ochenta –por tanto, mucho antes del advenimiento de la Dreamworks- se reveló como un productor garante de unos estándares visuales. Y seguramente en la punta de lanza de la vertiente producer del énfant térrible eterno de Hollywood se halla la trilogía que aquí nos ocupa, creada por Bob Gale y Robert Zemeckis y puesta en imágenes por éste último.

         

De lo absurdo y lo divertido

Un personaje de la novela “El Libro de las Ilusiones” de Paul Auster acudió al cine a ver una entrega  de Back to the future y salió pensando que acababa de asistir a un espectáculo “a la vez absurdo y divertidísimo”. No es una mala definición: la trilogía en tres tiempos (es un decir) de Marty McFly y Doc Emmett Brown es un espectáculo de entertainment puro y duro, alérgico por principios a lecturas metafísicas, e incluso sazonado con ciertos paternalismos al uso tan propios del cine comercial de aquellos tiempos (ahora se han agravado), pero es a la vez un triple mortal argumental pensado y ejecutado (con éxito) para divertir, emocionar a la parroquia con una historia saturada de acción, aventura, dosis cómicas y múltiples guiños autoreferenciales que, si se me permite, escarban en el concepto comercial de secuela como nunca antes en el cine.

         

Bomba de relojería

La primera Back to the Future, sin duda la mejor de las tres películas, parte de un guión magistral –no en vano forma parte, por méritos propios, de todos los manuales sobre guión- que no concede tregua al espectador en uno solo de sus planos, cual máquina perfectamente engrasada para cuadrar –de una forma que sólo puede definirse de cartesiana- los acontecimientos. Elementos tan banales como una prueba fallida para actuar en un festival musical escolar, o una tablilla que reclama la reparación del viejo reloj de la torre de la plaza de Hill Valley, y que la novia del protagonista utiliza para escribirle una nota de amor, o los avatares con el monopatín del que se revelará héroe juvenil por excelencia de los ochenta, Marty Mc Fly, cualquier pequeña nimiedad visual o dialogada se utiliza en el filme para cuadrar su trama de viaje al pasado-con-una-sola-oportunidad-para-regresar-al-futuro. A ello se le suma una constante referencia argumental al tiempo, a la velocidad por ganar tiempo, por llegar justo a tiempo (el inicio genial del filme, con todos aquellos relojes en el taller de Doc, que adelantan exactamente veinticinco minutos, y que hacen descubrir a Marty que, maldita sea, llega tarde al colegio). Y para coronar el invento, un relato exento de nostalgias y no en cambio de detalles jocosos sobre el talante de los adolescentes en la generación anterior a la del protagonista. Mecanismos narrativos que por sí solos ya le otorgan a la función su espléndido tempo, al que la puesta en escena, habilidosa, de Zemeckis sirve a la perfección, dejando en el diseño de producción del lugar en dos momentos de su historia, 1955 y 1985, el resto de cálculos matemáticos que la historia precisa para funcionar cual auténtica bomba de relojería. Back to the future es una película tan divertida como trepidante, tan entrañable que no envejece pese a la sencillez de sus efectos especiales, y que queda como una joya mayúscula del cine comercial de los ochenta.

         

Rizar el rizo

Las dos secuelas, paradójicamente a su rodaje casi consecutivo, ostentan un talante muy diverso. En relación a la segunda parte, a Zemeckis no le falta razón cuando dice que es la película más extraña que ha dirigido: Back to the future, part two casi es un manual filosófico sobre las secuelas, una rizadura de rizo de los conceptos esgrimidos en la película original, que esgrime cuatro tiempos distintos (uno de ellos un 1985 alternativo) y que, allende los efectos visuales para la puesta en escena de un futuro dibujado con un tono eminentemente lúdico, tiene como auténtico leit-motiv el equilibrismo argumental y visual de revisitar la culminación de la primera historia pero con una motivación añadida, de lo que resulta una repetición de planos y secuencias enteras –en el baile del Encantamiento bajo el mar- en un auténtico vendaval de situaciones al límite, todo ello bajo los designios visuales de un ritmo frenético que no tiene mucho que envidiar a la película original (al respecto de esa recreación escénica fraguada para modificar el punto de vista, hay que defender su asunción de riesgos, o, dicho de otra forma, su rotunda modernidad: con registros muy diversos, hay ecos de esa opción narrativa en obras posteriores de gente como Brian De Palma, los hermanos Wachowsky, Gus Van Sant o Sidney Lumet; ahí queda).

 

        El oeste de cartón-piedra

         Gale y Zemeckis conocían a la perfección el secreto de su éxito, y en esta primera secuela ya sembraban la historia de pequeños detalles que fructiferan en la tercera película, y que terminarán por cuadrar en un inevitable happy end. Back to the future, part three nos lleva a 1885, al viejo oeste, pero –y creo que intencionadamente- no nos regala un western al uso, sino que utiliza sus tópicos genéricos más manidos para el beneficio de su historia, planteándose esta tercera parte (como dicen que debe hacerse los puristas de las secuelas) en una ficción cuyo devenir dramático vuelva a asemejarse, mucho más que la segunda parte, a la película original, aunque transmutando 1955 por 1885. Es cierto, y no puede negarse, que la trama en el viejo oeste pierde mucho fuelle respecto a la narración de sus predecesoras, pero me inclino a decir que esta Part Three es una digna conclusión para la trilogía más endiabladamente urgente de la historia del cine.

http://www.imdb.com/title/tt0088763/

http://www.imdb.com/title/tt0096874/

http://www.imdb.com/title/tt0099088/

http://www.bttf.com/

http://www.bttf.com.ar/

http://www.rottentomatoes.com/m/back_to_the_future/

Todas las imágenes pertenecen a sus autores.

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