BIG FISH

Big Fish

Director: Tim Burton.

Guión: John August, basado en la novela de Daniel Wallace.

Intérpretes: Billy Cudrup, Alison Lohman, Ewan Mc Gregor, Albert Finney, Jessica Lange, Danny DeVito, Helena Bonham-Carter.

Música: Danny Elfman.

Fotografía: Philippe Rousselott.

EEUU. 2004. 111 minutos.

 

Esencia reencontrada

Como pude leer en fechas del estreno del filme en una intensa crítica firmada por Hilario J. Rodriguez, parece que hoy en día no interese demasiado hacer películas como esta deslumbrante, luminosa Big Fish. Esos códigos sensoriales, entroncados en la iconografía del género fantástico en su percepción popular tradicional, y que rigen la forma y el contenido de la obra de Tim Burton, parece que hoy, días mediáticos del siglo de la high-tech, aparecen desfasados. Incluso daba la sensación que el propio Burton había empezado a obviarlas en sus últimas obras, y muy especialmente en la servil y mediocre The Planet of Apes que precedió a la presente. Por suerte para quien esto suscribe, Burton volvió aquí al cine fuera de (su) tiempo, a su cauce natural: Big Fish supone un reencuentro de lo más feliz, especialmente porque la película acaba erigiéndose, desde todo punto, en un sentido homenaje a esos códigos que dieron aliento cinematográfico a Burton en sus inicios.

 

El cuentacuentos

Los días de Edward Bloom llegan a su fín. Bloom es y ha sido siempre un cuentacuentos de tradición oral, un hombre que ha pasado su vida entera por el tapiz de la ficción, en una confusión entre fantasía y realidad que cosechó la simpatía y el afecto de todos cuantos le conocieron, con la importante excepción de su hijo, novelista afincado en el extranjero, que acabó frustrado por la falta de Realidad de la biografía conocida de su padre. El filme parte de dicha premisa y va desgranando, en una lujosa sucesión de flash-backs, los acontecimientos vitales de Bloom, en una suerte de falso y brillante biopic de visos alucinógenos –en el sentido conceptual y hasta narrativo del término-. Y Burton se despacha a gusto: una bruja cuyo ojo revela el hado, un pueblo espectral, un gigantón, un amor bigger than life, un periplo circense bajo la batuta de un hombre-lobo solitario, dos artistas niponas siamesas,  un antiguo poeta reciclado en ladrón y después en yuppie próspero… Personajes, lugares y situaciones tan imposibles como entrañables; dibujados, emmarcados y coreografiadas con el enardecedor y sugestivo savoir faire del director de Beetlejuicie.

Optimismo

Pero en Big Fish la robustez del guión va más allá, y se lleva el pez al agua: Will Bloom (el hijo de Edward), y con él nosotros, salva la ecuación en el último instante, casa la realidad con la ficción, y descubre que quizás, al fin y al cabo, no sólo su padre sino todo ser humano debe vivir una vida sin el corsé asfixiante de la objetividad pura, y en esa cualidad vital su padre se reveló como auténtico maestro. Todos somos hijos de Bloom, y la riqueza –Bloom es un pez gordo– radica en el irreductible optimismo para afrontar los embates de la vida. Una hermosísima lección, emparentada con el otro maravilloso Edward de Burton –Ed Wood-, otro héroe sonriente y tranquilo, impregnado de la ilusión y la convicción necesarias para realizar cualquier sueño y a cualquier precio. 

 http://www.imdb.com/title/tt0319061/

http://www.sonypictures.com/homevideo/bigfish/index.html

http://en.wikipedia.org/wiki/Big_Fish

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

 

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