LOS TRES PADRINOS

3 godfathers

Director: John Ford.

Guión: Laurence Stallings y Frank S. Nugent

Intérpretes: John Wayne, Ward Bond, Pedro Armendáriz, Harry Carey jr, Mae Mash, Midred Natwick.

Música: Richard Hageman.

Fotografía: Winton C. Hoch

Montaje: Jack Murray

EEUU. 1948. 110 minutos.

 

Early westerns

        El mismo año que rubricó la mítica Fort Apache, John Ford dirigió esta 3 godfathers, filme que en muchos sentidos puede considerarse una cierta descongestión por parte del realizador en la senda de exploración por el género que dos años antes le había llevado a retratar el encuentro entre Wyatt Earp y Doc Holyday en My Darling Clementine y ese mismo año había inaugurado con la citada Fort Apache la que sería denominada trilogía de la caballería que en los dos años sucesivos se completaría con They wore a yellow ribbon y Rio Grande. La grandilocuencia, la gravedad en el tratamiento de los conflictos y personajes, el impulso dramático, la concepción hasta cierto punto melancólica que informa esas obras, en definitiva la mirada adulta al género que Ford propuso, se ve matizada en esta 3 godfathers, obra de tono eminentemente intimista (casi cabría decir familiar), en parte imbuída de una carga de jocosidad, en parte erigida como un extravagante (aunque no por ello menos emotivo) cuento navideño, e incluso aliñada con cierta voluntad de revisitación por parte de Ford de algunos postulados del early western. De hecho, el “tercer” padrino, que acompaña a John Wayne y a Pedro Armendáriz, es el debutante Harry Carey jr, hijo del que fuera un auténtico icono del género en sus años de gestación, Harry Carey, quien precisamente con el propio Ford se hizo célebre con un personaje llamado Cheyenne, actor que protagonizó una veintena de títulos (Carey, de hecho, protagonizó entre 250 y 260 películas), y a quien, como se nos informa en los títulos de crédito, se homenajea con esta 3 godfathers, con un rótulo que considera a Carey como “la estrella luminosa que hubo en el firmamento de los primeros westerns”.

 

Tres outlaws y un bebé

        Ford parte de un guión escrito por sus colaboradores Laurence Stallings y Frank S. Nugent que narra una historia que, de entrada, cabe calificar como realmente atípica en los márgenes del western. Tres forajidos, Bob, Pete y Kid, roban un banco en la localidad de Welcome, en Arizona, y cuando huyen con el –más bien menguo- botín, son perseguidos por el sheriff Buck “Pearly” Sweet (encarnado por Ward Bond), que no les da caza pero sí dispara a y pincha la bolsa en la que los asaltantes guardan la reserva de agua, razón por la cual los tres atracadores deben atravesar el desierto apenas sin ese sustento tan esencial (sólo tienen el agua contenida en la cantimplora de Bob). Pero cuando superamos la primera media hora de metraje y nos hallamos inmersos en –nada más que el principio- del periplo de los tres forajidos, la narración se quiebra hacia otros derroteros inopinados: los vaqueros encuentran un carromato que juzgan abandonado pero en el que hallan a una mujer enferma y parturienta; con ayuda de Pete, la mujer podrá dar a luz, pero morirá poco después, no sin antes hacerles prometer a los tres que velarán por la vida y bienestar del bebé. Así, Bob, Kid y Pete deben proseguir su camino, cada vez más desesperado, hacia algún lugar donde puedan reposar y beber, sobretodo beber agua, mientras el sheriff y sus acólitos van cerrando el círculo entorno suyo (Ford nos efectúa una excelente composición de lugares y rutas, ello y a pesar de que el noventa por cierto del metraje transcurre en paisajes desérticos desnudos), añadiendo a todo ello su sobrevenida responsabilidad por la vida y los cuidados del recién nacido…

 

Penitentes

        Si añado a lo explicado sobre la premisa argumental que la acción transcurre durante la semana navideña, queda patente que 3 godfathers nos está proponiendo una versión más bien inaudita (y en el desierto de Arizona) de la historia de los Reyes Magos. Y es que en realidad el tema bíblico impregna el relato desde el mismo momento en el que el bebé llega a la vida, está bien patente en el texto (incluyendo la presencia de una Biblia como acompañante totémico –por cuanto llega a dar lugar a un milagro- del singular cuarteto) como en la puesta en escena que lleva a cabo el realizador de How green it was my valley, que subraya el elemento crístico en un hermoso plano (el de la cruz improvisada sobre la tumba también improvisada de la madre fallecida, que se muestra en primer plano mientras a media distancia vemos a la comitiva partir), pero que más bien se esfuerza en enfatizar el elemento penitente de los tres prófugos (y no sólo para efectuar una soberbia ilustración de la que será una travesía penosa hasta lo trágico, sino también en detalles de composición tan afortunados como aquel encuadre que nos muestra la luz de un quinqué en el interior de la caravana, que al ser apagado por una ráfaga de viento, deja en encuadre el paisaje sombrío del árido exterior, el temible desierto que aguarda al trío y al retoño que acaban de apadrinar).

 

Elipsis

Otro particular que merece especial atención en esta muy estimable película es la utilización de la elipsis en los que probablemente sean los tres momentos decisivos de la función, utilización bien definitoria del sentido de esa figura narrativa para encauzar el tono de una narración, el subrayado determinado en la caracterización de los personajes y, claro, la agilidad narrativa: primero, el atraco (visto desde el punto de vista del joven Kid, que aguardaba en el exterior del banco con los caballos); segundo, el nacimiento del bebé (la madre recibe los cuidados de Pete, pero, como siempre en el cine de Ford, compartimos la tensa espera en compañía de los dos hombres que no se han atrevido a ayudar a la parturienta, Bob y Kid, que dan tiempo al tiempo junto al carromato). Y sobretodo destaca la tercera elipsis, que resuelve el conflicto elemental entre Bob y el sheriff, que cree que los tres ladrones fueron responsables tanto del asesinato de su hermana como de la destrucción del pozo (causado en realidad accidentalmente por el cuñado de Sweet): en la secuencia que suponemos climática, el sheriff llega a la taberna en la que Bob, desfallecido, ha logrado recabar con el pequeño, y le desafía a un duelo, pero Bob, exangüe y al límite del delirio, cae al suelo antes de siquiera comprender en la situación en que se halla ni mucho menos dar explicaciones; por corte pasamos a una secuencia en la que la verdad de los hechos ya está rehabilitada, pero Ford, sabiamente, ha omitido hacerlo explícito: prefiere mostrarnos a Bond y a Wayne jugando a las damas separados por las rejas del calabozo, y pasar después a una comida familiar en la que la esposa del sheriff cocina para éste pero también para Bob.

http://www.imdb.com/title/tt0040064/

http://otrosclasicos.blogspot.com/2007/08/3-godfathers-1948.html

http://www.fipresci.org/undercurrent/issue_0509/godfathers.htm

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

Un pensamiento en “LOS TRES PADRINOS

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