MISHIMA

Mishima: a life in four chapters

Director: Paul Schrader.

Guión: Paul, Leonard y Chieko Schrader

basado en la vida y obras de Yukio Mishima

Intérpretes: Ken Ogata, Masayuki Shionoya, Junya Fukuda,

Shigeto Tachihara, Setsuko Karasuma.

Música: Philip Glass.

Fotografía: John Bailey

Montaje: Michael Chandler, Tomoyo Oshima

EEUU-Japón. 1985. 127 minutos.

 

Yukio Mishima

        Aunque Paul Schrader es un director de perfiles creativos y temáticos tan personales (y radicales) que son intransferibles, y que, por tanto, esta Mishima: a life in four chapters es una obra profundamente arraigada a las señas de identidad del autor de Light sleeper, no es menos cierto que la premisa argumental, el singular mosaico que Paul y su hermano Leonard Schrader (coguionista) nos presentan de la vida y obra de Yukio Mishima resulta sumamente atrayente por otros motivos, relacionados con lo que de apasionante tiene la biografía del escritor y dramaturgo. Yukio Mishima (1925-1970) está considerando como uno de los más notables escritores japoneses de la generación de la posguerra, y fue un personaje de gran resonancia mediática, y que llegó a dirigir diversas películas. Su ensayo más relevante, En defensa de la cultura (Bunka boueiron), reivindicaba la figura del Emperador como la mayor seña de identidad de la nación nipona, punta de lanza de una ideología que se rebelaba contra las codas de funcionamiento de una sociedad, que, según él, estaba inmersa en una profunda crisis de valores; predicaba, como receta, el retorno a los códigos del Japón tradicional. El día de su muerte, el 25 de noviembre de 1970, se dirigió (junto a una camarilla de miembros de un grupo instituido por él mismo, la Sociedad del Escudo) a un cuartel del ejército, secuestró a su máximo responsable, y obligó a reunir a todos los soldados que se hallaban en el lugar, a quienes les expuso su ideología y les solicitó apoyo para cometer un golpe de estado y (re)instaurar un régimen a la antigua usanza. Los soldados le abuchearon, y, como reacción, se suicidó –junto con uno de sus acólitos- cometiendo seppuku.

 

Retrato

        En el abordaje de la biografía de tan extraordinario personaje, los hermanos Schrader (y la mujer de Leonard, Chieko Schrader) utilizan un(os) prisma(s) que sorprende(n) por su originalidad, pero aún más por su capacidad para sacar a relucir de una forma visceral, arrebatadora, lírica muchas y complejas dimensiones del personaje, afinando un retrato realmente exhaustivo del personaje sirviéndose de la dialéctica entre los detalles biográficos y la implementación de la ideología e inquietudes artísticas y sexuales impresas por el autor en sus obras literarias. Como decía al principio, los hermanos Schrader seleccionan aquellos pasajes vividos/escritos que resultan más caros a sus propias inquietudes artísticas, algo que deducimos de la atinada glosa que efectuó Antonio José Navarro al respecto de la obra en el estudio que la revista Dirigido por dedicó a Paul Schrader en septiembre de 1998 (“Mishima es el filme donde el cineasta ha plasmado mejor, de forma gráfica y sin ambages, dos de sus inquietudes creativas más recurrentes; una, la búsqueda del equilibrio espiritual en el desquiciado mundo actual; otra, su fascinación por las tortuosas relaciones entre la vida y el arte”), glosa en la que el crítico también incide en la alineación de intereses y pulsiones que configuran la vida/obras del biografiado con los intereses del biógrafo (“La figura de Mishima es una mezcolanza de ritualidad, exotismo nipón según los tópicos occidentales, ambigüedad política y sexual, sadomasoquismo, exhibicionismo, sangre y fotogenia: casi todos los ingredientes estéticos que vertebran el cine de Schrader”). Probablemente Mishima es uno de los más claros y excelsos ejemplos de las infinitas posibilidades que lo cinematográfico ofrece para servir una biografía de un personaje eludiendo en todo momento las estrecheces inherentes al biopic. Tanto por lo anotado en relación a las preferencias/selecciones llevadas a cabo por Paul y Leonard Schrader (como causa) cuanto por la forma en la que esas preferencias se imprimen en el libreto y su posterior escenografía (como consecuencia). Como el propio título del filme nos anticipa, Schrader nos propone visitar la biografía de Yukio Mishima “en cuatro capítulos”. Y lo hace utilizando como nexo entre ellos precisamente el relato de lo acontecido el 25 de noviembre de 1970, decisión que obedece a una (singular, sin duda) voluntad de homenaje, ya que la muerte era, para Mishima, la culminación absoluta de la existencia, el único modo en que finalmente el arte podía yuxtaponerse con la vida (o, según concretó el propio Schrader a propósito de los deseos del escritor, “en el momento de su muerte quería que el lápiz y la espada, la poesía y la acción, el arte y la vida fueran una misma cosa. (La muerte) Era su última pieza de teatro, que había estado ensayando durante años”). Esa ubicación en presente del día del suicidio de Mishima, convierte todos los fragmentos que van conformando el corpus narrativo ora en flashbacks ora en evocaciones de la obra.

 

Capítulos

        Centrándonos en cada uno de los segmentos que componen esa auténtica escultura del alma que intenta pulir Schrader constante el metraje, la primera parte, subtitulada “La belleza”, se centra en los años de infancia y primera juventud de Mishima, destacando el hecho de que fue separado de su madre poco después de nacer y fue criado por su abuela, una mujer enferma y con ciertos delirios de grandeza heredados de su estirpe familiar (al parecer, su familia estuvo vinculada a los samuráis); en ese primer segmento, se anudan segmentos de su novela El pabellón de oro, estrategia que continuará en las dos siguientes capítulos con otras dos obras –respectivamente, La casa de Kyoko y Caballos desbocados-, y que Schrader utiliza para plantear paráfrasis de alto voltaje simbólico, recurriendo para ello a una puesta en escena deliberadamente teatral, minimalista, con gusto por el detalle hiperbólico que se enfatiza mediante el uso de colores apastelados, que agravan la sensación de irrealidad pero también la formidable carga lírica que anida en las imágenes. En el segundo capítulo, subtitulado “El Arte”, se escrutan con cierta ambigüedad las pulsiones de contenido sexual del personaje, lo que se trenza con una compleja reflexión artística referida a algo tan abstracto como es la relación entre la ética y la estética. El tercer capítulo, “La Acción”, ya centrado en los últimos años de vida del escritor, se refiere su condición mediática y se incide en sus implicaciones políticas, sirviendo de hecho el relato-soporte, el fragmento de la citada novela Caballos desbocados, como anticipo alegórico pero directo del que será el final de Mishima dirimido en el último segmento, “La Armonía entre la Pluma y la Espada (lema samurai)”, no por anunciado menos vibrante finale de una función en la que la forma y la estructura narrativa obedecen a una rara lógica cartesiana y el contenido supone un reto para cualquier espectador, tan mayúsculo para la vertiente intelectual como para el aparato de los sentidos.

 

Masterpiece

        Schrader cuenta con la más que notable aportación de Philip Glass en la composición musical y de John Bailey en la lumínica. Ambos especialistas técnicos echan el resto en esta partitura cinematográfica impagable. Fue la quinta película de Paul Schrader,  un cineasta que había obtenido su mayor reputación con la autoría de los libretos de dos obras maestras de Scorsese, Taxi Driver y Raging Bull, pero que también había alcanzado el éxito con la dirección de American Gigoló, y, en menor medida, de Cat People, su particular remake de la obra de Jacques Tourneur. Con la magna, radical apuesta de Mishima, volvía a colaborar con su hermano y a acercarse al mundo nipón más de una década después de la confección del guión que les abrió a ambos las puertas del business, la hermosa Yakuza, que fue dirigida por el malogrado Sydney Pollack. Huelga decir que ninguna major quiso patrocinar la realización del filme, pero Schrader contó con el inestimable apoyo de su colega de generación Francis Coppola, quien a su vez convenció a George Lucas para que participara en la producción de la película. Schrader rodó el filme en Japón, y en japonés (excepto el voice over, recitado por Roy Scheider, en inglés). El director explicaba en una entrevista la sensación de ingravidez que sentía al realizar una película que sabía que supondría un auténtico cisma en su carrera, que en Japón sería prohibida (por razones políticas obvias) y en el resto del mundo sería sólo estrenada en círculos del por entonces llamado cine de arte y ensayo. Pero precisamente por ello, apuntillaba Schrader, “las únicas limitaciones que tenía eran las impuestas por la propia calidad de la película, porque no iba a existir un mercado comercial para ella; lo único que podía hacer era rodar la mejor película, la más libre, la más original e imaginativa”. Le faltó decir que sólo los grandes maestros del Cine tienen suficiente talento para llevar semejante quimera a buen puerto. A fe mía que él lo consiguió.

http://www.imdb.com/title/tt0089603/

http://www.filosofia.net/materiales/num/num17/Res-Mishima.htm

http://rogerebert.suntimes.com/apps/pbcs.dll/article?AID=/19851011/REVIEWS/510110302/1023

http://www.rottentomatoes.com/m/mishima_a_life_in_four_chapters/

http://blogs.villagevoice.com/music/archives/2008/12/paul_schraders.php

http://www.lashorasperdidas.com/index.php/2009/06/21/mishima-una-vida-en-cuatro-capitulos-reestreno/

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

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