21 BLACK JACK

21

Director: Robert Luketic.

Guión: Peter Steinfield y Allan Loeb,

basado en un relato de Ben Mezrich

Intérpretes: Jim Sturgess, Kate Bosworth, Kevin Spacey, Laurence Fishburne, Aaron Yo, Liza Lapira.

Música: David Sairy.

Fotografía: Russell Carpenter

Montaje: Elliot Graham

EEUU. 2008. 113 minutos.

 

Joven y tahúr

        La edad de Ben, el joven protagonista de la película, acumula tantos años como la combinación victoriosa del juego del Black Jack (que, para los que no estén familiarizados, es una especie de juego de siete y medio con naipes franceses, en el que hay que llegar a 21). De hecho, el título original del filme nos ahorra el subrayado, y se titula simplemente 21. Ello nos sirve para decir que esta película combina el relato de un proceso de madurez, el que atañe a ese protagonista encarnado por Jim Sturgess, con una temática, la de los juegos en los Casinos de Las Vegas, que puede verse como un auténtico subgénero del cine norteamericano (que, año tras año, en formato cinematográfico o televisivo, sigue incidiendo en esa ya tan manida metáfora del juego y la realización personal; los últimos títulos que se me ocurren son The Cooler, de Wayne Kramer y Lucky You, de Curtis Hanson, pero hay muchísimos más).

 

Ganar al sistema

        El guión escrito por Peter Steinfield y Allan Loeb, a su vez basado en un relato de Ben Mezrich de título tan revelador como “Bringing Down the House: The Inside Story of Six M.I.T. Students Who Took Vegas for Millions” (y que, posiblemente, ilustra una historia verídica; en realidad no me he molestado en averiguarlo, porque a los efectos de esta crítica resulta del todo intrascendente), ilustra el súbito cambio que se produce en la vida de un joven de familia humilde cuando entra en contacto con una suerte de gang que se dedica a ganar al sistema del Casino (del juego del Black Jack, se entiende), no haciendo trampas directamente, sino contando las cartas (y, aunque no se diga, contraviniendo las normas del Casino, que prohibe la confabulación) –sistema que recuerda al que hizo célebre el autista Raymond Babbitt interpretado por Dustin Hoffman en Rain Man, que hacía ganar dinero a su hermano con la sencilla instrucción de “mucho si son buenas, poco si son malas”; no es de extrañar pues que el filme rinda un pequeño homenaje a aquel filme y secuencia mediante una conversación envenenada entre Ben y Fischer, otro jugador de la banda-. El señuelo tiene que ver con las condición humilde de Ben: a pesar de ser un alumno sobresaliente en todos los campos académicos, no tiene suficiente dinero para ingresar en su soñada Harvard (cuyo coste asciende a 300.000 dólares), así que la posibilidad de ganar dinero rápido y fácil le seduce –y a ello también coadyuva el empujoncito que le da la chica que le hace tilín, Jill (Kate Bosworth)-, sólo para alcanzar la cantidad precisa para costearse el sueño universitario.

 

Gana el sistema

         Así que en este filme, dirigido por Robert Luketic –director de, ay, Legally Blonde, y que, ay, sigue demostrando idéntica desgana en la puesta en escena, ese abúlico sentido de la funcionalidad que es moneda de cambio común en el cine industrial hollywoodiense, porque los ejecutivos de las majors lo prefieren a la aparente asunción de riesgos que supone tener inquietudes como cineasta-, de entrada nos enuncia el precio en el que se tasa la posibilidad de acceso a la excelencia en los Estados Unidos, algo que aquí resulta sorprendente pero por aquellos pagos se viene aceptando tranquilamente. Y, cómo no, se nos narra el proceso de perdición y ulterior redención del joven que pasa de tener integridad y deseos a acceder a lo material (y, no nos olvidemos, a la chica que le gusta), y que sólo logra rehabilitarse tras darse el gran batacazo –aunque esa rehabilitación certifique, de paso, una vendetta contra el profesor que le instigó en el negociete, encarnado por Kevin Spacey, a la sazón productor ejecutivo del filme-. Una historia manida como pocas, mal contada, recurriendo a todos los estereotipos –incluyendo esos diálogos llenos de jaculatorias rimbombantes que, se supone, impresionarán a la parroquia-, alargada de forma indecible –tardamos dos horas en resolver una premisa que podría haberse ventilado en la mitad-, y, en fin, ilustrada con una mesura industrial tan paupérrima que quiebra las propias normas de la convencionalidad, sea la agilidad del storyteller en lo visual o, en el plano de guión, las elementales normas de la estructura argumental –eso sí, recurre a esa ya cansina costumbre de mostrar en el prólogo una secuencia que se reproducirá otra vez en los últimos compases, como si con eso bastara para edificar la fuerza del relato-. Es 21, y lo digo sin acritud, una película francamente mala, en la que ya ni siquiera deseamos que se radiografíe con cierta profundidad el sustrato sociológico o las cuestiones generacionales, porque, de hecho, llegamos a echar de menos que se le insufle un poco de vida a la vieja historia de siempre. En tan triste tesitura, con eso nos habríamos conformado. 

http://www.imdb.com/title/tt0478087/

http://www.sonypictures.com/homevideo/21/

http://es.wikipedia.org/wiki/Blackjack

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

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