CONFESIONES DE UNA MENTE PELIGROSA

Confessions of a Dangerous Mind

Director: George Clooney.

Guión: Charlie Kaufman, basado en una obra de Chuck Barris.

Intérpretes: Sam Rockwell, Maggie Gyllenhaal, Drew Barrymore, Jenniffer Hall, George Clooney, David Julian Hirsh.

Música: Alex Wurman.

Fotografía: Newton Howard Sigel.

EEUU. 2002. 122 minutos.

Inédito

Por algún motivo que desconozco –aunque me temo que bien prosaico, y, si me permiten la broma, para nada relacionado con los tentáculos de la CIA-, Confessions of a Dangerous Mind, la opera prima tras las cámaras de George Clooney, ha tardado la friolera de diez años a editarse en España en formato DVD  y  Blu-Ray.  Resulta cuanto menos llamativo, siendo una obra en la que Bob y Harvey Weinstein, la por entonces ya muy en pujanza Miramax, se involucró de lleno, y que contaba en su reparto, con un papel de cierto peso, al propio Clooney, Drew Barrymore y Julia Roberts (por no citar al protagonista Sam Rockwell y los secundarios Rutger Hauer  y Maggie Gyllenhaal, no tan famosos como los precitados, pero sí pudiendo añadir un divertido cameo de sus ocean’s friends Matt Damon y Brad Pitt). Cierto es que la película sufrió un varapalo en las taquillas españolas, pero no lo es menos que eso no impidió a Clooney continuar con esa faceta de su carrera con un título que le labró prestigio, Buenas noches y buena suerte (Good Night. And Good Luck, 2005), que, como también ha pasado con su cuarta (y espléndida) película, Los Idus de Marzo (The Ides of March , 2011), logró situarse en la terna de (por entonces cinco) títulos nominados al Oscar a la Mejor Película, y también al galardón al mejor director (Clooney ganó el premio al Mejor Actor Secundario por su intervención en otra película, Syrianna, y recuerdo que en su speech bromeó diciendo que “supongo que eso significa que no ganaré el Oscar al Mejor Director”).  Es, insisto, en cualquier caso extraña esa larga ausencia en el mercado. Así que nos congratulamos de que finalmente podamos rescatar –quienes la vimos en el cine- o acceder por primera vez –quienes no- esta una película francamente estimable.

      

Clooney meets Kaufman

Aunque otros nombres se barajaron antes del de Clooney para dirigir la película –Bryan Singer, por ejemplo-, la perspectiva del tiempo nos dice que el involucrarse el actor-director en el proyecto fue un movimiento muy medido en esa dirección doble e intercambiable entre la búsqueda de prestigio y el postulado de opciones ideológicas, intenciones confirmadas y llevadas más allá en la citada Buenas noches y buena suerte, en la arriesgada comedia a usanza demodé Ella es el partido (The Leatherheads, 2007) y en el cuarto y también mencionado título de la filmografía tras las cámaras del actor-director, que gira en torno a las entrañas del juego de la política durante unas primarias del partido demócrata (así como en diversas películas en las que Clooney aparece ante las cámaras, caso de la también citada Syrianna, Michael Clayton (2008) y otro puñado de títulos que no me extiendo en citar). Respecto de lo primero, el factor del prestigio, no puede desligarse el nombre y peso del guionista de la película, un Charlie Kaufman por aquel entonces en la cresta de la ola del éxito y la reputación de las películas que Spike Jonzefirmó según sus celebradísimos libretos (Cómo ser John Malkovich (Being John Malkovich. 1999) y la aún más inspirada Adaptation, El ladrón de orquideas (Adaptation. 2002)). Kaufman (que, también debe decirse, manifestó tras el estreno del filme que Clooney había operado muchos cambios en su guión) cogió (por los cuernos) un material de partida cuyo interés rayaba en lo desconcertante, la autobiografía de Chuck Barris, un productor y presentador de populares programas televisivos que manifestaba haber llevado una doble vida y haber trabajado como asesino para la mismísima CIA (digo “manifestaba” porque desde la Agencia siempre se desmintió ese dato, convirtiendo esa autobiografía en “unauthorized”). El malabarista Kaufman, rehuyendo todo convencionalismo, convirtió la narración de la vida de Barris en una panavisión de la evolución de la nación americana en los años de la Guerra Fría desde un punto de vista absolutamente inédito y ciertamente estimulante, en una estructura narrativa con diversos puntos en común con los postulados en la posterior (y mucho más convencional) El Aviador (The Aviator, 2004) que John Logan escribió para Martin Scorsese como sustento del biopic de Howard Hugues.

 

Biopic alucinado

En la edificación en imágenes de tan correoso relato, se aprecia en Clooney una avidez expresiva propia de un director novato, cierto, pero más bien procedente de los márgenes de la industria. También se detecta  la alargada sombra de influencia de su amigo Steven Soderbergh (a su vez productor ejecutivo de la película), certificada en el constante afán de ejercer el brío rítmico de la narración desde lo fragmentario, que en el filme funciona bien merced de la propia naturaleza algo enajenada del relato y del tamiz subjetivo que la canaliza, pero también, acorde con lo anterior, de la imaginación patente en la planificación y ejecución de la sucesión de sketches a menudo de apariencia desgajada de los que se termina componiendo este biopic igualmente desgajado, alucinado, extraño que es Confessions of a dangerous mind . No es menos cierto que, por otro lado, se hace patente la inexperiencia del cineasta, que perjudica el relato por culpa de aderezos formales innecesarios, como por ejemplo la utilización lumínica de diversos tonos cromáticos cuyo sentido/utilidad resulta o demasiado obvio o demasiado difuso -como pasaba, por ejemplo, en Traffic-). Del outsider Soderbergh, por otro lado, detectamos algo curioso: la cierta impronta que, sobre todo en la edificación tonal, esta película deja en otra obra suya, la ulterior y magnífica ¡El soplón!(The informant!, 2009).

 Doble vida

Los riesgos asumidos a todos los niveles en la película (sin duda alguna, los mayores asumidos por el cineasta hasta la fecha, mucho más allá de los tan en su día laureados experimentos formales ensayados en Good Night. And Good Luck) pueden fácilmente pasar factura –como así le sucedió en las taquillas- a la obra. Pero ese mismo riesgo no sólo resulta atractivo por lo que de vivificante resulta en algunas imágenes de la película, sino también, y muy especialmente, por la materia gris y etérea que planea a nivel alegórico a través de esa composición desquiciada desde lo psicológico: el relato se abre en 1981, en una escena en la que Barris –un espléndido Sam Rockwell-, encerrado en la habitación de un hotel, desnudo, desnortado, enfermo de ego y de conciencia, profundamente deprimido, observa por televisión el nombramiento de Ronald Reagan como Presidente de los EEUU; poco después se pondrá a escribir su autobiografía, con lo que la secuencia resulta el anclaje desde el que se deshojan los periplos vitales del personaje con una urgente cualidad subjetiva, catárquica, presupuesto narrativo que habilita los incesantes juegos visuales que Clooney propone y, al mismo tiempo, los visos menos anecdóticos y más turbios de la radiografía histórica o sociológicaConfessions… juega la baza de la sofisticación y de hasta cierto refinamiento posmoderno en su trascripción de los episodios referidos a la vida oculta, como espía/asesino para la CIA, del personaje, pero su carga corrosiva se amplifica mucho al conjugar, en pírrico equilibrio, ese aparato narrativo con todo lo referido a la relación sentimental en realidad maldita que mantiene con la joven y afable Penny (Barrymore) y más especialmente en la glosa de los diversos y accidentados jalones de la carrera televisiva de Barris (donde da la sensación que Clooney sabe hacer valer reflexiones fruto de sus anclajes familiares con el medio catódico: su padre, productor televisivo, y su tía –la que interpreta There’s no business like show business en los créditos finales-, actriz).

 

Individualismo enfermizo

En las superficies pantanosas que podemos encontrar bajo el texto de Kaufman y la caligrafía de Clooney bucean alegremente incesantes arrebatos de insolencia discursiva, auténticos puñetazos al cacareado statu quo delAmerican Way of Life –ése mismo que programas como los de Barris o cinematografías como la de Hollywood nos han venido vendiendo desde siempre-, una sátira envalentonada y pesimista hasta decir basta del devenir de la nación americana y los valores que la sustentan. Barris, en la dura pero doliente piel de Rockwell, es al mismo tiempo un arribista y un profeta del Apocalipsis intelectual y moral. Un tipo inteligente e individualista hasta lo enfermizo que sabe resultar contagioso, pues inocula su virus en las infames plataformas temáticas de sus programas televisivos (algunos -como The Dating Game, juego de buscar pareja, o The Gong Show, espectáculo denigrante a costa de la presunta búsqueda de nuevos valores- que remiten directamente a muchos fórmulas de más que refulgente éxito en nuestro país en los últimos veinte años de historia de nuestra televisión). Al final, su relación con la CIA acaba siendo lo de menos; podría ser una entelequia esquizofrénica, una ensoñación, una burla, o hasta un juego metanarrativo urdido por el proceloso Kaufman. En todo caso, una paráfrasis, sin duda, a tono con la cruda crónica de un naufragio individual y colectivoDe un fracaso en mayúsculas, el que nos cuenta Barris en primerísima persona y Clooney/Kaufman en primera del plural.

http://www.imdb.com/title/tt0270288/

http://www.rottentomatoes.com/m/confessions_of_a_dangerous_mind/

http://www.variety.com/index.asp?layout=review&reviewid=VE1117919500&categoryid=1401&cs=1

http://dir.salon.com/story/ent/movies/review/2003/01/29/confessions/index.html

http://www.straightdope.com/columns/read/2437/was-chuck-barris-a-hit-man-for-the-cia

http://en.wikipedia.org/wiki/Confessions_of_a_Dangerous_Mind

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

2 pensamientos en “CONFESIONES DE UNA MENTE PELIGROSA

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