FAT CITY

Fat City.

Director: John Huston.

Guión: Leonard Gardner, adaptando su novela homónima.

Intérpretes: Stacy Keach, Jeff Bridges, Susan Tyrrell, Candy Clark, Ruben Navarro, Art Aragon.

Música: Kris Kristofferson.

Fotografía: Conrad L. Hall.

EEUU. 1972. 109 minutos.

 

La larga derrota

 En la trayectoria de John Huston en los años setenta hallamos títulos maravillosos como El juez de la horca (The Life and Times of Judge Roy Bean, 1972) y El hombre que pudo reinar (The Man Who Would Be King, 1975) y deslices parciales como La carta del Kremlin (The Kremlin Letter, 1970) y El hombre de Mackintosh (The Mackintosh Man, 1975); pero también esas dos obras de apóstrofe crepuscular ubicadas en cada extremo de la década, Fat City, ciudad dorada y Sangre Sabia (Wise Blood, 1979), cuyo notable parentesco siempre me ha fascinado: dos películas que consiguen levantar marcados y peculiares microcosmos tanto físicos como espirituales, a través de los que sondean latitudes muy próximas al alma de una América invisible, olvidada, poblada por una tipología humana que en abstracto ha recibido definiciones como la de silent majority (Richard Nixon) o white trash, pero a las que tanto una como la otra película rescata del anonimato para proponer, en esa concreción, y desde perspectivas distantes y hasta cierto punto complementarias, una mirada y una voz que tiene tanto de errabundo como las propias constataciones que alcanza. En el filme que nos ocupa, Huston barniza los postulados descriptivistas y dramáticos desde un soterrado lirismo, y en Wise Blood, según una novela de Flannery O’Connor, juega la baza del humor cruel y surreal. Pero en ambos casos, a la postre, el gran cineasta que fue Huston termina deviniendo en un avezado y vibrante radiógrafo de inclementes realidades socio-culturales que pocos en el cine contemporáneo norteamericano se han atrevido a diseccionar (quizá Darren Aronofsky sería de los pocos que aguantarían la comparación), y mucho menos con la inteligencia, clarividencia e insultante personalidad que en ambas obras demostró Huston.

  

 

Rodada en 1971, Fat City fue la primera película que el cineasta pudo volver a realizar íntegramente en los EEUU desde nada menos que Vidas Rebeldes (The Misfits, 1961). Y en ello tuvo no poca importancia la intervención de un viejo aliado de Huston, el productor Ray Stark –con quien había colaborado en La noche de la iguana (1964)–, quien le proporcionaría al cineasta la posibilidad de filmar esta una película por la que Huston sintió devoción desde el principio, pues existían diversas razones autobiográficas que sintonizaban a la perfección con la novela de Leonard Gardner que el propio escritor convirtió en libreto. Básicamente, el tema del boxeo, deporte que él mismo había practicado como aficionado en su juventud, una temática a menudo fecunda en el cine norteamericano y a la que Huston, a través del relato de Gardner, se pudo aproximar desde la perspectiva que más le interesaba, una visión totalmente desglamourizada, rubricando una obra muy hermosa, en la que una muy honesta y sincera mirada naturalista a un entorno humano desfavorecido se da la mano con una rara cadencia nostálgica.

 

No es de extrañar que a más de uno, al visionar la magistral Million Dollar Baby (Clint Eastwood, 2004), le llegaran ecos de esta Fat City, historia categórica de perdedores, que tan generosamente nos acerca a los pulsos vitales de esa inmensa mayoría de púgiles a los que la suerte no llega a sonreír jamás, y que viven azotados por una esperanza tan luminosa como cada vez más difusa, a la que se aferran con uñas y dientes para no afrontar la conciencia de esa larga derrota. Lo notable del caso es la capacidad de Huston para contemplar de un modo franco y entrañable a sus personajes, y así sustraerse, al menos en la apariencia, de la severidad dramática, para rubricar su tan bien perfilado bosquejo humano a través de un relato de devenir pausado y tan desenfadado como el talante de los personajes que lo pueblan. Las aceras, bares y gimnasios de Stockton, la anodina ciudad californiana donde discurre el relato, parecen consumir el sentido de la existencia para Billy Tully (Stacy Keach), un hombre que parece acomodado viviendo a la sombra de las viejas y ya marchitas promesas de su carrera como púgil, y que ahora se gana el pan como jornalero junto al resto de parias de la comunidad. En la faceta sentimental, haciendo buena esa clásica equiparación metafórica entre el deporte y la propia vida, Billy carga con el recuerdo de un gran amor perdido, y en el presente se empareja con Oma (Susan Tyrell), una alcohólica totalmente desquiciada. Su vida puede de hecho resumirse en el más nimio de los actos de su cotidiano: ese cigarrillo que no encuentra fuego, esa puerta de la nevera que no termina de cerrar, ese bote de ketchup que cae al suelo y lo pone todo perdido… Pero, como el resto de miembros de su celosa comunidad pugilística –su antiguo manager, así como la cuadrilla de boxeadores y ayudantes que le siguen–, a Billy siempre le queda recurrir a las mismas excusas en las que se escuda su amor propio indomeñable, que es el que al fin y al cabo le mantiene a flote.

 

En una de las primeras secuencias de la película, Billy se encuentra en la soledad de un gimnasio con el co-protagonista de la historia, el joven Ernie Munger (Jeff Bridges), boxeador aficionado que, según el juicio siempre ilusionante de Billy y su mánager, apunta maneras, aunque el espectador no tarde en darse cuenta de que esas maneras son limitadas. Ernie es un tipo sin ambiciones, que se pasa la película haciendo lo que le dicen, desde boxear a casarse con su novia adolescente, aguantar los sermones de Billy o de su manager sin reprochar o discutir nada. Nada parece ser, al fin y al cabo, demasiado trascendente. Es precisamente a través de las constantes constancias de esa actitud entre la apatía y el estoicismo que de modo tan contagioso se transmite entre los personajes que pueblan el relato, que Fat City propone al espectador unos mecanismos de identificación más complejos de lo aparente con sus personajes; a ese espectador a menudo le arranca sonrisas, pues las situaciones y diálogos a menudo resultan hilarantes; pero no es una sonrisa cómplice, pues suele ser fruto de la plasmación del patetismo de los personajes; y, encima, es una sonrisa que se congela, pues bajo la anécdota afable siempre termina bullendo el comentario sobre la dolorosa soledad e incomunicación de los personajes.

 

Ya desde la citada secuencia del encuentro inicial en el gimnasio solitario, el filme nos propone unos reflejos especulares y deformantes entre los protagonistas de la función, Billy Tully y Ernie Munger. El segundo es la versión (o al menos una probable versión) primeriza del propio Billy. Y más allá de los poco memorables encuentros y desencuentros argumentales que ese hecho provoque, ese dato, esa relación de parentesco vital entre los personajes, termina elevando los sentidos de la película a un estadio abstracto, que lleva al espectador a comprender en última instancia por qué el ritmo de la función es deliberadamente moroso, o por qué los acontecimientos se van precipitando sin capacidad o siquiera intento de reacción por parte de sus participantes. En la contemplativa y muy inspirada caligrafía de Huston, y en la temperatura templada que a las imágenes confiere la estupenda labor del operador lumínico Conrad Hall, uno termina por darse cuenta de que, a la postre, Fat City no se limita a la radiografía de unos personajes y una coyuntura (la del perdedor), y quizá se está atreviendo a ir mucho más allá, a reflejar el paso del tiempo y su peso inescrutable. Se está refiriendo a la condición de la existencia humana, en toda su espesura, que abraza lo trágico tanto como lo ordinario, lo trascendente tanto como lo inane. O en cualquier caso abraza, sobre todo, lo irremediable de su curso.

http://www.imdb.com/title/tt0068575/

http://www.villagevoice.com/2009-09-15/film/john-huston-s-late-career-hit-fat-city/

http://www.rottentomatoes.com/m/fat_city/

http://movies.nytimes.com/movie/review?res=EE05E7DF173BE765BC4F51DFB1668389669EDE

http://www.dvdverdict.com/reviews/fatcity.php

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

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