DIAMANTE DE SANGRE

Blood Diamond.

Director: Edward Zwick.

Guión: Charles Leavitt y C. Gaby Mitchell.

Intérpretes: Leonardo DiCaprio, Djimon Hounson, Jeniffer Connelly, Benu Mabhena, Arnold Vosloo.

Música: James Newton Howard.

Fotografía: Eduardo Serra.

EEUU. 2006. 130 minutos.

 

Africanas…

Es bien cierto que la mirada con la que Hollywood aborda actualmente el continente africano dista bastante del que recibía por parte del cine clásico –Mogambo, Hatari, La Reina de Africa…-. Es cierto que del mero paisajismo y paseo turístico afín al safari se ha pasado a cierta apuesta por minimizar el sueño y escarbar algo más allá en la pesadilla de África. Algo más. Aquel tránsito bien podríamos situarlo en una de las primeras obras maestras de Clint Eastwood, White hunter, Black heart, y, parejas a diversas obras que, encabezadas por Out of Africa, aún permitían que el continente cinematográfico durmiera bajo el esteticista marco de relaciones románticas, han ido apareciendo –con cuentagotas- otras obras que se han atrevido, de un modo u otro, a retratar extractos de la cruda realidad africana. Hablamos de obras como Hotel Rwanda, la reciente The Last King of Scotland, y principalmente la brillante The Constant Gardener. Y en este último saco, aunque cualitativamente muy por debajo que cualquiera de las otras obras citadas, ubicamos fácilmente Blood Diamond, filme cuyas premisas resultan esencialmente chocantes, y en ocasiones incluso cargantes, por mucho que no eluda efectuar una somera (gráfica) mirada a los conflictos armados que en el continente negro provienen del tráfico de piedras preciosas, y se financian precisamente con ese material de cambio, en un círculo vicioso trágico para la población civil y en beneficio directo e inmoral de los poderes fácticos del primer mundo, las grandes corporaciones joyeras, que con toda impunidad llevan a cabo un negocio que se sostiene en la aniquilación constante de civiles mediante armas que trocamos por esos diamantes que las novias llevan en el dedo el día de su boda de cuento.

 

… en Hollywood

Sí, todo eso aparece en Blood Diamond, aunque a veces lo haga de pasada, y quizá sea suficiente proviniendo de la Warner Bros, esto es de una industria como la americana, tan alérgica al riesgo comercial como al ideológico, tan inmovilista y en definitiva cobarde en sus propuestas de enjundia política, económica o social. Pero estamos en tiempos de la llamada “globalización”, estamos en la era de la información, y en términos cinematográficos, en tiempos de las divisiones inferiores de las majors que se arriesgan (un poco) más en su afán por describir sin tanta afectación “el estado de las cosas” en el mundo en que nos toca vivir. En tiempos de Syrianna, de Munich, de la citada The Constant Gardener, filmes que han demostrado su capacidad para lograr buenos resultados en la taquilla.

 

“realidad palomitera”

Por eso se atreven a hablar de un tema tan escabroso como el de los diamantes de sangre, pero en este caso con un férreo control industrial, basado en: primero, la inclusión de una estrella haciendo de estrella (Di Caprio, quien, todo debe decirse, efectúa una muy buena interpretación); segundo, un director-súbdito, un artesano (además limitado) como Edward Zwick, tan capaz de vanalizar la tradición milenaria samurai como el comercio exponencialmente salvaje de diamantes a cambio de armas en África. Porque el mayor problema de Blood Diamond estriba en el descontrolado argumento que, con la excusa de abarcar muchas cuestiones –la guerra civil, los niños-soldados, las operaciones mercenarias, el tráfico ilegal de diamantes, la venta de armas…-, deliberadamente no aprieta ninguno, y que propone una historia totalmente inverosímil que cruza el dramatismo con (no nos engañemos) la más pura acción palomitera. Zwick no saca partido a casi nada, convierte la gravedad inherente de la historia en una especie de opereta, por abusar del artificio más campante. Lo mejor que te puede pasar viendo Blood Diamond es que te acabes riendo del despropósito de los acontecimientos que se van desgranando en la pantalla; y si reaccionas de ese modo es porque rápidamente sabes qué va a pasar, cómo el “buen salvaje” que incorpora Djimou Hounsou conseguirá enternecer el corazón del mercenario que incorpora DiCaprio, ello con la pequeña ayuda de la periodista agitaconciencias que, claro, sabes que al final se saldrá con la suya. Por el mismo precio –la ecuación no falla, porque nos la enseñaron en Hollywood muchas veces antes- Hounsou recuperará a su hijo in extremis y encima hallará una vida mejor (¡con la ayuda de un gran diamante!) en Londres. ¿Y qué sucede con los demás niños-soldado, y el conflicto armado y la aniquilación de civiles, etc? Evidentemente, no tienen tanta suerte, y el productor, guionista y realizador de la película, que son conscientes de ello, optan por la vía fácil: olvídate de ellos.

http://www.imdb.com/title/tt0450259/

http://blooddiamondmovie.warnerbros.com/

http://www.rottentomatoes.com/m/blood_diamond/

http://www.altculture.org/ccult/ccult670.html

http://en.wikipedia.org/wiki/Blood_Diamond_(film)

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

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Un pensamiento en “DIAMANTE DE SANGRE

  1. es una pelicula muy buena tiene actores que nos dan aconocer la vida dificil en africa pienso que es una pelicula muy impactante para todos creo que aninguno legustaria vivir esa vida tancruel y sangrienta tanbien pienso que nodebe existir personas que no valora la vida de los demas y no tiene misericordia de dios pero respecto ala pelicua pienso que nos dega una reflexion de como vivimos en nuestra tierra yla importancia de que aya paz en el mundo.

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