SI LA COSA FUNCIONA

Whatever Works

Director: Woody Allen

Guión: Woody Allen

Intérpretes: Larry David, Evan Rachel Wood, Ed Begley jr, Patricia Clarkson, Adam Brooks, Lyle Kanouse.

Fotografía: Harris Savides

Montaje: Alisa Lepselter

EEUU. 2009. 92 minutos.

 

Fragmentos filmográficos

Woody Allen es, amén de prolífico, uno de los cineastas de métodos y calendarios más matemáticos que existen (no se trata sólo de que estrene, sí o sí, una película por año desde hace tantísimo tiempo, también que esos estrenos suelan llegar en idéntica época del año –en España, en otoño- precisamente por un escrupuloso control del timing correspondiente a escritura de guión/preproducción/rodaje/postproducción), lo que explica que a menudo sus obras consecutivas se asemejen bastante, y que sea a menudo factible, al analizar su obra y las naturalezas creativas que la pueblan, hablar más de épocas que de títulos. Sin afán de resumir toda la filmografía en esos términos –porque no es una teoría infalible, y habría muchos títulos que se desmarcarían de esa definición, sin que merezcan la calificación de obras-puente, como es el (último) caso de Vicky Cristina Barcelona-, podemos hablar por ejemplo de los planteamientos en clave hilarante de sus inicios –desde Take the money & Run a (ésta sí, obra-puente), Love And Death-, de su apoderamiento autoral –Annie Hall y Manhattan– (a)condicionado por la obsesión y tributo a sus cineastas europeos de referencia –primera hornada en Interiors y Stardust Memories, segunda en September y Another Woman-, las parábolas fantásticas y celebraciones evocadoras de los años ochenta –variaciones tonales y estilísticas en las arriesgadas y brillantes Zelig o Shadows and Fog, los catálogos más amables –y miafarrowianos– de The Purple Rose of The CairoRadio Days, Alice y el capítulo de New York Stories-, la convivencia de la ironía desenfadada – Mighty Aphrodite y Everyone says I love you– con el cinismo del pesimista –Deconstructing Harry, Celebrity, Sweet & Lowdown- en los noventa, el regreso los diversos divertimentos livianos en la primera década del milenio –con las peores cotas cualitativas en obras como Small Time Crooks o Hollywood Ending– y la remontada (cualitativa) en la denominada trilogía londinense (Match Point y Cassandra’s Dream, progresiones nihilistas de ecos dostoyevskianos, más el interludio ligero de Scoop, unas y otra anexadas por un elemento de vocación –visión personal del- noir). Todo lo anterior no viene a significar que Allen sea un realizador de filmografía cohesionada de forma que cada nueva obra sea una leve variación de la anterior, o que no se produzcan súbitas rupturas temáticas, aunque a menudo éstas pueden verse como una reacción del propio autor ante el agotamiento de una fórmula previa (por ejemplo, los casos de Crimes and Misdremeanors, Husbands & Wives o la citada Match Point).

 

“Nothing lasts” (sombras)

En cualquier caso, la formulación narrativa de Allen se debate siempre entre las luces y las sombras, entre el aliento y el desaliento, entre la perspectiva y su carencia que ofrece su marcada personalidad humorística e idiosincrasia socio-cultural. Si Whatever Works es, como el propio Allen reconoció, una obra que llevaba largo tiempo guardada en un cajón, cabe jugar a ubicarla en el seno de su filmografía atendiendo todo lo comentado anteriormente. Tomando en consideración que el alter ego de Allen, el Boris Yellnikoff que encarna Larry David, es un tipo entrado en años que, inopinadamente, inicia una relación con una jovencita, lógico es decir de entrada que el relato está concebido, por todo, tras esa auténtica línea divisoria en su filmografía que supuso Husbands & Wives. Aunque yo creo que mucho después, a mediados de la primera década del siglo XXI, para ser exactos, pues en su naturaleza confluyen muchos elementos de Anything else y Melinda & Melinda, básicamente la confusión derivada de la tensión esencial entre esas luces y esas sombras que mencionaba al principio del párrafo. A excepción de las primera y tercera películas de la trilogía londinense, donde explora nuevos terrenos, Allen lleva bastante tiempo y películas reiterando propuestas y temas de un modo que puede leerse como compendio y recapitulación de su propia obra anterior e incluso testamento cinematográfico. En Anything else pretendía trasvasar a una joven pareja la herencia de sus neurosis de toda la vida (ítem que rubricaría con más acierto en la menospreciada Vicky Cristina Barcelona) y en Melinda & Melinda proponía un juego metanarrativo a partir de una doble progresión drama/comedia de idéntica premisa. En Whatever Works se encuentran y funden Boris, un provecto, culto y desencantado caballero del hueso neoyorquino con Melodie, una joven alelada, ignorante y llena de joie de vivre que acaba de llegar a la Gran Manzana procedente de la América sureña y rural. El choque generacional da la medida de la comedia y también de algún rebato dramático, pero Allen también incluye en la ecuación a los padres de Melodie, con lo que se acentúa otro choque, el cultural, entre el bohemian bugoise pasado de vueltas que encarna Boris y los catetos representantes de una mentalidad cerrada y aferrada a valores integristas cristianos; faltaría más, Nueva York absorbe y transforma de forma liberadora (y de todo punto hiperbólica) los prejuicios e ideologías castrantes de la familia de Melodie (que en una jocosa secuencia en el museo de cera, afilia a los valores republicanos –mofa política concreta presente, por cierto, tanto en Anything else como en Melinda & Melinda). Pero para Boris, su relación con Melodie no es otra cosa que un pequeño oasis, casi un bonus sentimental, que el destino le ofrece para después arrebatárselo. Atendamos al hecho de que la amabilidad del desenlace (y la esencia narrativa, ese “si la cosa funciona”) se escuda en la intervención decisiva del azar. Es, más que gracioso, llamativo que Boris conozca a su última novia del modo en que lo hace: es la fina línea entre la comedia y el drama, la pírrica distancia entre el llanto (o el suicidio) y la sonrisa (o los buenos sentimientos compartidos en el Night Year’s Eve). Si jugando con el tono Allen hubiera abandonado la luz y se hubiera decantado por las sombras, no habría epílogo, y en lugar de “whatever works”, la película podría haberse titulado “nothing lasts”, “nada es para siempre”, ello en atención a la obsesión pavorosa de Boris ante la muerte y su reacción al fracaso sentimental, que se repite tras su relación con Melodie. Y aunque no sea el caso, cualquier espectador que conozca al realizador puede comprender lo relativo que acaba resultando todo y en todo momento. Así, cambia la tesis final, pero no el discurso que la acaba sosteniendo. Por poner un ejemplo, un desenlace trágico sería incluso más coherente con el sentido de los ácidos chistes que escuchamos de la voz de Boris, quien en su primer speech a la cámara compara entre las religiones y el marxismo diciendo que las dos parten de la falaz idea de que el hombre es bueno por naturaleza, y quien en los últimos compases de la función, postrado en la cama de un hospital, se queja de la flasedad de los valores caprianos de ¡Qué bello es vivir!, planteando qué sucedería si a George Bailey se le ocurriera, tras haber sido salvado por un ángel, incendiar un hospital y matar a sesenta personas (sic). Más allá de la magnífica rosca de ambas ocurrencias, se impone la idea de la maldad o mediocridad, en definitiva imperfección de la raza humana, sin duda un tema recurrente de Boris. De Allen. Del discurso.

 

Intensidades

En Whatever Works, amén de un excelente reparto (a Larry David se le debe sumar la joven Evan Rachel Wood, Ed Begley jr, y la siempre espléndida Patricia Clarkson), y una magnífica sucesión de sketches dialogados (dos elementos que raramente faltan en las películas de Allen), nos hallamos con una elaborada presentación del personaje principal y del conflicto generacional que derivará en relación amorosa: un ítem que podría fácilmente haber caído en el cliché o en lo nauseabundo –pienso, al contraste, con las estrategias recurrentes de la comedia romántica convencional americana- y que Allen resuelve con suma inteligencia, con tanta sutileza como agudeza (probablemente una de las ideas mejor ejecutadas visualmente del filme tengan que ver con el tratamiento de los dos personajes, Boris y Melodie, moviéndose entre los espacios del piso del primero; y sin duda, las secuencias más intensas de la película son aquéllas en las que se concreta, primero, y se disuelve, después, la relación amorosa: cuando la cámara enfoca a Melodie explicándole a Boris lo mal que le ha ido en su cita nocturna ante la mirada embelesada de él, aturdido por el hecho de que sus huraños valores y comentarios redunden en belleza al ser pronunciados por ella; después, sentados en aquel bar, la cámara enfoca con idéntico cariño pero más condescendencia a Melodie, revelándole a Boris que se ha enamorado de otro). Tras la intrusión de los padres de Melodie, del cuadro psicológico íntimo pasamos a una de esas parábolas basadas en estereotipos (allenianos, eso sí), en la que, como antes mencionaba, Allen habla de los poderes “sanadores” de la bohemia Nueva York en las mentes atormentadas por un pasado castrante, y en la que, de modo más formulario, se rinde cuenta en los ya enunciados términos amables de devenires sentimentales dirimidos por el azar. Es una opción como cualquier otra, pero a mi entender y gusto, es una lástima que Allen rebaje el tono de la función, y ésta pierda intensidad al alejarse de los personajes (al plantear abstracciones) de ese modo. Si por ejemplo hubiera seguido desarrollando la mella que el carácter de Boris había dejado en Melodie en su relación con el joven actor, el filme hubiera podido dar mucho más de sí. Lo sé porque, aunque me ha gustado mucho esta Whatever Works (porque cuando el realizador mueve las teclas precisas, logra rozar lo sublime), he visto películas de Woody Allen mucho más redondas.

 http://www.imdb.com/title/tt1178663/

http://www.sonypictures.com/classics/whateverworks/

http://movies.nytimes.com/2009/06/19/movies/19whatever.html

http://www.rottentomatoes.com/m/whatever_works/

http://www.rollingstone.com/reviews/movie/21376745/review/28770887/whatever_works

http://www.cinematical.com/2009/06/19/review-whatever-works/

http://cinebulosa.blogspot.com/2009/09/critica-de-si-la-cosa-funciona.html

http://www.miradas.net/2009/10/actualidad/criticas/si-la-cosa-funciona.html

Todas las imágenes pertenecen a sus autores 

2 pensamientos en “SI LA COSA FUNCIONA

  1. Pingback: MAGIA A LA LUZ DE LA LUNA | Voiceover's Blog

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