EL SECRETO DE SUS OJOS

 

El Secreto de sus Ojos

Director: Juan José Campanella.

Guión: Juan José Campanella y  Eduardo Sacheri,

según una novela del segundo.

Intérpretes: Ricardo Darín, Soledad Villamil, Pablo Rago, Javier Godino, Guilermo Francella, José Luis Gioia.

Música: Federico Musid y Emilio Kauderer

Fotografía: Felix Monti.

Montaje: Juan José Campanella.

Argentina. 2009. 124 minutos

 

Campanella, 1999-2009

Para iniciar la reseña de una película como ésta, el sonado (y hablo en términos cualitativos) regreso a las grandes pantallas de Juan José Campanella -o, si lo prefieren, del tándem que el realizador forma con el actor Ricardo Darín-, se impone una somera perspectiva filmográfica. Pensar en la clase de reputación que Juan José Campanella se labró en España, desde que a principios de 2001 se estrenara El hijo de la novia a casi una década después, cuando escribo estas líneas y en algún cine de mi ciudad aún proyectan esta El Secreto de sus ojos. El caso de Campanella es a todas luces más complejo de lo que el reduccionismo de la crítica ha dejado sentado, pues alterna su cine localmente comercial con la manufactura de series televisivas en los EEUU (capítulos de, entre otras series, las exitosas House y Law & Order). Susodicho reduccionismo consistió en pasar de alabarle (en El Hijo de la Novia) a ningunearle (en Luna de Avellaneda) por cierta repetición de constantes narrativas y, sobretodo, por la (parcialmente justa) acusación de ser un cineasta con demasiada afición a la melaza (de ello se derivó otra crítica, injusta, de responsabilizarle de la tendencia creciente del cine mayoritario argentino a reproducir ese gusto por lo almibarado: en una manifestación artística industrial como es el cine, ¿el público nunca es responsable de nada? ¿Tan poco tiene que decir? ¿Realmente se traga todo lo que le echan?). Qué duda cabe de que Campanella escucha las críticas, por lo que se tomó su tiempo antes de emprender la que pasa por ser más ambiciosa, y al mismo tiempo contenida –y brillante, aunque no por esos únicos motivos- de sus obras, El Secreto de sus ojos. Sin embargo, el realizador ha sabido engañar a la crítica precisamente aprovechándose de su cortedad de miras. Porque, en realidad, si El hijo de la novia y Luna de Avellaneda guardan en efecto íntima relación tonal, El Secreto de sus ojos tiene muchos puntos de contacto –tonal, temático- con El mismo amor, la misma lluvia.

 

El mismo sentido, las mismas obsesiones

A glosarlo puedo dedicarle un párrafo entero, pues forma parte de la reseña del presente filme, del que el pretérito puede verse ahora como un interesante borrador. La presencia protagonista de la pareja formada por Ricardo Darín y Soledad Villamil es sólo la primera criba de esa conexión. En ambos casos se desarrolla una historia de amor de larga duración, aunque en este caso se mantenga latente hasta el final. Esa larga duración recorre exactamente idéntico itinere cronológico de la historia de Argentina (bien, de hecho, aquí empieza antes, en 1974, pero termina igualmente en 1999, otra vez antes del acaecimiento de lo que se dio en llamar el corralito: Campanella es bien consciente de que en su radiografía cubre etapas de la historia de su país, y aloja su relato en algunas de ellas que guardan relación de continuidad; el cambio de milenio y la crisis social generalizada derivada de la fuga masiva de capitales que llevó al gobierno a ordenar la congelación de los depósitos bancarios -el corralito-, queda fuera; es otra historia, que quizá Campanella decida radiografiar en el futuro). Ese itinerario histórico condiciona, con aún más fuerza que en El mismo amor…, el sino de los personajes, y ello tiene que ver con su profesión: si en la película de hace una década había periodistas, aquí se trata de funcionarios de cargo en los tribunales penales (lo que se traduce en el tono más ominoso de la historia, su voluntariosa caricia al noir). Así pues, drama personal y nacional se sobreimpresionan, y en este caso, como puntilla de la definición local de la historia, se recurre a un elemento tan categórico de la cultura popular argentina como es “la pelota”: hay diversas referencias al fútbol, y una secuencia climática plantada en el centro del relato que transcurre en el campo del Racing Club de Avellaneda (un plano-secuencia despampanante, imposible, que recoge la herencia del Brian De Palma de Snake Eyes, del Gaspar Noé de Irreversible y del Joe Wright de Atonement, y extrae como en los tres casos anteriores, auténticas palabras mayores de la más felizz celebración del manierismo cinematográfico).

 

Injusticia

Campanella adapta una obra del novelista Eduardo Sacheri, La pregunta de sus ojos, y erige un relato-río en el que se parte de una investigación sobre la brutal violación y asesinato de una joven para trazar un drama sobre la Injusticia, abstracción que respira constante todo el relato (a la manera de las historias de Dennis Lehane, si me permiten la comparación transcontinental y contemporánea) a través de la pormenorizada descripción de la mácula que infligió a diversos personajes las desafortunadas circunstancias socio-políticas que atravesó Argentina en las últimas tres décadas del siglo pasado –principalmente, otra vez como en El mismo amor…, la dictadura que trajo el “Proceso de Reorganización Nacional”- , convirtiéndoles a muchos de ellos en víctimas, auspiciando verdugos y legalizando la brutalidad, y dejando tras de sí un reguero de miedo, frustración y odio, todo ello bien arrebujado. Personalmente me seduce lo poco sofisticada que, al menos sobre el papel, resulta la secuenciación y devenir de la investigación criminal que emprende Benjamín Expósito (Darín) con su compañero alcoholizado Sandoval (Guillermo Francella). Se nota que las ideas sobre lo que se quiere llevar la narración están claras, y, también merced de la buena escenografía y la labor de los actores, el relato avanza, va cobrando fuerza, y su calado más oscuro se va imponiendo, ello y a pesar de la bien mesurada compensación con anotaciones hilarantes y la cuestión romántica particular que atañe a Benjamín e Irene (Villamil).

 

Claroscuros

Amén del citado tour de force visual de la aislada secuencia del estadio de fútbol, de El Secreto de sus Ojos destaca la estilizada puesta en escena, la constante búsqueda de la sugerencia por parte de Campanella en la elección de los encuadres, en la meticulosa impresión de detalles valiosos (una foto, un rostro inerte, un espejo, un escote), en los juegos focales, en los careos interpretativos… Destaca el sencillo y efectivo leit-motiv pianístico que, al estilo de las partituras en el último cine de Clint Eastwood, va subrayando sutilmente el tono concreto del relato. Y, por encima de todo, la fotografía de Felix Monti, que sutilmente vira en oscuro conforme los acontecimientos -que cimientan los sentimientos a lo largo del tiempo- se van precipitando, y que rubrica una excelsa tesis (fusión de forma, tono y contenido) en la angustiosa y dilatada secuencia que transcurre en la villa de Morales al final de la película. Campanella, con  El Secreto de sus Ojos, no sólo pasa de ser un guionista hábil a controlar de forma concienzuda la estructura y significados de una historia, sino que –quizá inopinadamente, quizá no- revela su genio como avezado storyteller, moviéndose entre lo sobrio y lo refulgente, lo que respira en imágenes imponiéndose sobre el texto y magnificándolo. 

http://www.imdb.com/title/tt1305806/

http://www.elsecretodesusojos.com/

http://www.filmaffinity.com/es/film313601.html

http://peliculas.labutaca.net/el-secreto-de-sus-ojos

http://extracine.com/2009/09/el-secreto-de-sus-ojos-la-pelicula-perfecta

http://espectadores.wordpress.com/2009/08/19/el-secreto-de-sus-ojos/

http://www.notasdecine.es/14390/criticas/critica-el-secreto-de-sus-ojos/

http://www.blogacine.com/2009/11/20/el-secreto-de-tus-ojos-un-plano-secuencia-fuera-de-serie/

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

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