UN TIPO SERIO

A serious man

Director:Joel y Ethan Coen

Guión: Joel y Ethan Coen

Intérpretes: Michael Stuhlbarg, Richard Kind, Fred Melamed, Sari Lennick, Aaron Wolff, Jessica McManus, Peter Breitmayer

Música: Carter Burwell

Fotografía: Roger Deakins

Montaje: Joel y Ethan Coen

EEUU. 2009. 107 minutos

 

Autobiográficas

Si bien Joel y Ethan Coen denegaron la posibilidad de que en esta A serious man quepa buscar un contenido autobiográfico, es evidente que en el proceso de elaboración de una historia centrada en parámetros de tiempo (los años sesenta del siglo pasado), lugar (Minneapolis, los EEUU) y  coyuntura socio-cultural-religiosa (la comunidad judía) que coinciden con la infancia y adolescencia de los hermanos cineastas es legítimo plantear la posibilidad de que algunos de sus recuerdos se hayan podido volcar sobre el texto. Es decir, no se trata tanto de afirmar que en el relato sobre Larry Gopnik y su familia los guionistas y realizadores reproduzcan sus vivencias propias cuanto de certificar la importancia que esos recuerdos, en forma de emociones (vis de intimidad) e impresiones (vis exterior, retrato sociológico) puestas en retrospectiva, hayan ayudado a edificar elementos esenciales de la película. Y de ahí deducir que A serious man es una de las obras más personales de los oscarizados realizadores de No country for old men. Todo es discutible, claro, máxime en un seno filmográfico capaz de filtrar múltiples referencias y temas, y caracterizado por la frialdad expositiva y el cálculo aplicado a la manufactura visual. Pero yo planteo esto como un halago, porque la película me ha parecido excepcional, en muchos sentidos una auténtica summa de las mejores virtudes del tándem y, a la par –o fruto de ello- una personalísima, lúcida y a todas luces apasionante radiografía de ese tiempo y ese lugar puestos en el marco de una reflexión que admite lo concreto (lo cultural) y lo abstracto (lo moral).

 

Tribulaciones de un hombre solo

Me he referido a la lucidez, término también controvertido en referencia a los Coen, al menos para quienes se quedan con las situaciones extravagantes que a menudo trufan sus funciones, y que en esta ocasión también concurren, aunque quizá de un modo más comedido, eminentemente en las intenciones de esa matemática del plano a la que antes aludía, sea en el perfil físico hiperbólico de ciertos personajes (los ancianos, principalmente el director del colegio, el rabino o aquel abogado civilista que cae fulminado antes de exponerle su tesis al cliente) o en los propósitos que habitan en la utilización del sonido. Pero es que esas extravagancias, si las quieren llamar así, forman parte del trazo personal de unos directores que podemos calificar de posmodernos; en ocasiones sirven para derivar el relato hacia lo absurdo (Barton Fink, The man who know too much), para jugar con los vehículos genéricos (Miller’s crossing, Fargo, The Big Lebowski), o para describir lo cruel en clave hilarante (Intolerable Cruelty, Burn alter reading, Arizona Baby, O’Brother, The Ladykillers); y  en esta ocasión, y quizá merezca un subrayado, lo hiperbólico en ocasiones vira hacia lo afectivo. Atendamos al hecho de que nos hallamos ante un relato que comparte con el grueso de la filmografía de los Coen su afán de efectuar auténtica entomología del comportamiento humano, aquí según se desgranan los avatares del personaje tan bien encarnado por Michael Stuhlbarg; unos avatares bien penosos cuyo planteamiento, desarrollo y tono, por otro lado, también recuerdan poderosamente las coyunturas más bien patéticas que tenían que afrontar otros personajes coenianos tales como el encarnado por John Turturro en Barton Fink, Tim Robbins en The Hudsucker Proxy, William H. Macy en Fargo, Jeff Bridges en The Big Lebowski o Billy Bob Thornton en The man who wasn’t there, de lo que inferimos que una de las obsesiones creativas de los cineastas tiene que ver precisamente con el retrato del paria o, si lo prefieren, del duro azote que un entorno (¿una sociedad?) quizá indescifrable pero siempre implacable inflige al individuo. Y de ese retrato y de ese juicio de hostilidades siempre espora, como Tonio L. Alarcón mencionaba de forma atinada -en su reseña de esta película aparecida en la revista Dirigido por de diciembre de 2009, y en relación al caldo de cultivo concreto de la obra-, “ideas sobre lo incomprensible de la vida”. Que en esta ocasión la película plantee, ni que sea tímidamente (y desde herramientas visuales, no desde las palabras), una oposición dramática al desolado paisaje pintado, o incluso una afiliación sentimental (pienso en una maravillosa secuencia nocturna que acaece junto a una piscina vacía de un motel) no deja de ser noticia.

 

¿Un tipo serio?

En cualquier caso, en esta su decimocuarta película, los realizadores de Minneapolis siguen levantando acta de su peculiar idiosincrasia temática y cinematográfica, y extraen los mejores réditos a sus armas conocidas, la clarividente planificación y escenografía basada en la fragmentación del espacio y el tiempo en los planos –como casi siempre, uno piensa en los storyboards, que ya ayudaron a convertir su opera prima, Blood Simple, en lo que es, un clásico-, y la logística atmosférica de la luz, el sonido y la música (donde se aprecia la enorme sintonía con colaboradores tan excelsos como son Carter Burwell en la banda sonora o Roger Deakins en la iluminación). Para engrasar aquí una maquinaria narrativa sostenida, allende lo sociológico o el comentario genérico, alrededor de cuestiones culturales y de moralidad. Pues A serious man no nos habla de la retahíla de adversidades que parecen conjurarse contra Larry Gopnik en apenas dos semanas, sino de los instrumentos de que dispone (o más bien carece) para afrontar ese abismo. Larry, miembro de una familia judía convencional y profesor de física, ve que su mundo empieza a desquebrajarse: su mujer le pide el divorcio pues se ha enamorado de un viejo amigo de la familia; sus hijos viven en sus parcelas egocéntricas propias de la adolescentes y no le causan más que disgustos; su hermano enfermo que reside con ellos tiene problemas con la justicia; un alumno intenta sobornarle y luego chantajearle… Larry, un hombre de apariencia apocada y alérgico al enfrentamiento, de golpe y porrazo se encuentra en el filo, ante muchas encrucijadas que requieren una reacción que es incapaz de hallar en su personalidad o en su demasiado acusado sentido del raciocinio que le viene de lo profesional. Amén de la necesidad material de acudir a abogados, que principalmente le sangran en su ya maltrecha economía, siente la necesidad espiritual de charlar con un rabino, y habla con dos de ellos, y no puede acceder al más anciano y venerable porque está ocupado, y las palabras de los otros dos no le ayudan, bien al contrario, azotan aún más sus dudas y el indefinido sentimiento de culpa que le atenaza. En una escena aislada, en la que sube al tejado para reparar la antena del televisor, se queda anonadado ante la visión de su vecina, que toma el sol totalmente desnuda en su terraza: por la vía simbólica se nos introduce la posibilidad de un refugio (el deseo) más allá (por encima) de esa su existencia cuadriculada. Pero ese deseo no hace otra cosa que arrebujarse con (o contra) el resto de poderosas dudas y sentimientos descontrolados que fustigan al personaje y que se traducen en furibundas pesadillas y patéticos intentos de reacción que nunca alcanzan la integridad o el sentido. Todo este escabroso paisaje emocional está descrito con suma destreza, desde una perspectiva ponderada pero sobria, que habilita constantemente la sugerencia y que raíla ese relato subjetivo siempre hacia la reflexión sobre esas cuestiones sociales y morales a que me refería; está claro que la película habla sobre el poder castrante de la religión sobre el individuo, pero plantea muchas otros temas, algunos afiliados al retrato de clase, otros de tipo generacional, otros de abstracción psicológica. La tesis queda para el espectador, al igual que el contenido de esa entelequia, ese “tipo serio” (o mensch, figura de la tradición hebrea) que Larry aspira a ser sin saber muy bien qué significa.

 

Genio

Y a pesar de las cualidades universales del relato y sus sentidos y enigmas, debe decirse que A serious man atesora una magnífica descripción de lo local, de los ítems culturales, sociales de la comunidad judía establecida en los EEUU. El espléndido prólogo-fábula (en yiddish) actúa como puesta en situación de los temas que van a recorrer la función, y a la vez nos introduce a un relato que, allende la escenificación de ritos como el bar mitzvá de Danny Gopnick, desde el propio casting a la confección de los diálogos o el particular tratamiento de escenarios o vestuarios, demuestra el interés que se han tomado los productores –amén de guionistas, directores y montadores- de la película por mostrar de la forma más esmerada (en el sentido del detalle) la realidad cultural retratada. Labor que queda aún más patente por mor de las estrategias narrativas puestas en la picota, que limitan mucho las panorámicas –a una presentación de espacio, a una transición, a un sentido muy concreto, como la visión subjetiva de Larry en el citado episodio en el tejado de su casa- y manejan con fruición e inteligencia los planos y el montaje corto, el énfasis en acentos dramáticos de los actores o en objetos que de forma inmediata o a veces mediata reclaman su valor en el todo narrado. Me permito citar dos ejemplos de la brillantez visual de los cineastas, una brillantez que parte del ingenio en la escritura pero que después se solventa en imágenes de un modo impecable. (Spoilers) Uno, el montaje encadenado de los viajes en coche tanto de Larry como de Sy, el amante de su mujer, su clímax que se masca en imágenes pero que se va dilatando hasta que termina en una elipsis (el coche de Sy, que esperaba en una curva sin visibilidad con el intermitente puesto, arranca después de que hayamos visto el accidente de Larry; dos secuencias más tarde descubriremos que Sy también ha tenido un accidente, y mortal). Dos, la apertura y cierre de la película de un modo casi circular: al principio, y también en montaje encadenado, vemos a Larry siendo visitado por un médico mientras su hijo escucha música con un transistor y un auricular (de hecho, podremos llegar a confundir a Danny Gopnik con su padre, como si se tratara de un flashback, hasta que el coche del padre y el autobús escolar que lleva al hijo se cruzan y los dos personajes se reúnen); al final, nos despedimos de Larry en la secuencia en la que le llama su médico para darle unas noticias que, sin necesidad de entrar en detalles, sabemos que serán funestas, y acto seguido su hijo, que poco antes había recuperado el transistor que al inicio le habían confiscado, abandona la escuela porque la llegada de un ciclón ha obligado a suspender las clases; se dirige al chico al que debía los veinte dólares que había escondido en la funda del transistor; en primera instancia quiere devolvérselos, pero la cámara que, según el prisma de Danny, enfoca en primer término la espalda del compañero prestamista y al fondo el ciclón que está llegando, desenfoca la perspectiva y nos deja con el primer plano del auricular con el que Danny escucha rock, la música que le gusta… Amén del apóstrofe bíblico, apocalíptico, por la llegada del ciclón, queda la alegoría en el mero uso del enfoque, denegando la necesidad o sentido de buscar más allá que lo que se tiene y disfruta de un modo inmediato; y aún más allá de las imágenes (pero no en el sonido: ahí está la canción de Jefferson Airplane), queda, precisamente por ese cierre circular con el principio que relacionaba a padre e hijo, cierta noció esperanzada basada en la diferencia generacional, la carencia del hijo de los ambages que han dejado a su padre en un callejón sin salida. O eso me pareció a mí, que admiro a los Coen, que me encantó la película y que ahora escribo estas líneas.

 http://www.imdb.com/title/tt1019452/

http://www.coenbrothers.net/serious.html

http://rogerebert.suntimes.com/apps/pbcs.dll/article?AID=/20091007/REVIEWS/910079998/1023

http://www.bfi.org.uk/sightandsound/review/5232

http://www.salon.com/ent/movies/btm/feature/2009/10/01/coens/index.html?CP=IMD&DN=110

http://alinaderzad.blogspot.com/2009/10/serious-man.html

http://cinepinion.blogspot.com/2009/12/serious-man.html

http://opinion.labutaca.net/2010/01/11/un-tipo-serio-jefferson-airplane-y-la-angustia-existencial/

http://rippleeffects.wordpress.com/2010/01/08/a-serious-man-2009/

http://www.soundonsight.org/london-film-festival-2009-a-serious-man/

http://www.theauteurs.com/notebook/posts/1019

http://www.theshiznit.co.uk/review/a-serious-man.php

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

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Un pensamiento en “UN TIPO SERIO

  1. Hola,
    quería saber si es posible que me expliques el final en mi correo porque no lo entendí!
    se supone que fallecen?
    se supone que tenía escrito en el pulmón algo como el otro lo tenía en los dientes?
    jo en serio no lo entiendo! espero que me escribas en el correo y me digas tu interpretación gracias!

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