CAPITALISMO: UNA HISTORIA DE AMOR

Capitalism: a love story

Director: Michael Moore.

Guión: Michael Moore

Música: Jeff Gibbs

Fotografía: Daniel Marracino y Jayme Roy.

Montaje: Jessica Brunetto, Alex Meillier, Tanya Meillier, Conor O’Neill, Pablo Proenza, Todd Woody Richman y John W. Walter

EEUU. 2009. 123 minutos.

 

De lo que habla Moore

Desde el propio enunciado, no cuesta ver en Capitalism: a love story una summa y culminación de los diversos argumentos político-sociales que han ido trufando la trayectoria cinematográfica de Michael Moore desde que se estrenara, ya hace más de una década, Roger & Me. En Bowling for Columbine el documentalista nos hablaba sobre el nefando arraigo de las armas en la cultura americana, y extraía una tesis referida a las ventajas que reporta al sistema y a los gobernantes el hecho de tener a la población sojuzgada por el miedo. En Fahrenheit 9/11, con el telón de fondo de los nebulosos motivos de la Guerra de Irak de 2004, su discurso se encauzaba en términos semejantes, explicando el sentido de las guerras como una forma elucubrada por el sistema para perpetuar las diferencias entre las clases pudientes y los más humildes.  En Sicko lanzaba su dedo acusador contra el (realmente) paupérrimo estado de la sanidad en los EEUU, en una oposición que se hacía sangrante puesta al contraste con diversos países de la vieja Europa. Así que en esta  Capitalism: a love story, desagua postulados de lo particular a lo general, pues a partir de la denuncia de esas hipotecas subprime que se hallan en la génesis de la actual crisis financiera, alarma sobre la decadencia de un sistema económico demasiado depredador (parangonándolo con el mismísimo Imperio Romano) y sobre la progresiva desaparición de la clase media, y nos habla de la necesidad de establecer límites a las facultades de maniobra del liberalismo económico en aras a garantizar los derechos esenciales –y aquí cabe el derecho a una vivienda digna, el derecho a la sanidad, el derecho a la educación, en definitiva la calidad de vida- del ciudadano de a pie.

 

De los que hablan de Moore

El caso de Moore es bien curioso, pues pasó de ser ensalzado cuando estrenó el que creo que aún sigue siendo el documental más taquillero de la historia del cine, Bowling… (que incluso se alzó con el Oscar), a ser denostado poco después del estreno de su siguiente Fahrenheit 9/11 (y en buena medida a raíz de otro laurel, la mismísima Palma de Oro en Cannes, que levantó comentarios airados sobre la politización del premio). Incluso los mismos epítetos que sirvieron para alabarle pudieron ser utilizados para reprobarlo. Su frescura pasó a ser descaro, su astucia pasó a ser gusto por la manipulación, su valentía pasó a ser populismo y desfachatez, su presencia ante la cámara pasó a ser culto al ego, y de verdades como puños pasó a hablarse de trampas mal urdidas. La verdad es que no estoy yo por la labor de buscar razones (aunque, sin duda, las hay) a ese cambio de tornas a la hora de juzgar la obra de Moore, aunque sí levanto acta de extrañeza ante esa modificación tan radical de perspectiva cuando el cineasta continúa exponiendo idénticas (o similares) tesis con idénticas estrategias. Lo que me disgusta es que se le acuse de manipulación, simplemente en consideración a razones democráticas, que me llevan a opinar que cualquier obra, aunque sea de no ficción (y con los documentales o las obras de periodismo de investigación cabe incluir también los noticiarios televisivos, por ejemplo), supone, por ende, una manipulación de la realidad; con unos propósitos, normalmente la impresión de un punto de vista, el de su autor, que en el caso de Moore siempre reluce de forma diáfana. No por chillona menos diáfana. Punto de vista fuertemente enraizado en el quizá algo trasnochado discurso de la lucha de clases (contenido que quizá es el que levanta iras, sin importar el modo en que cinematográficamente se articula).

 

Cuestionamientos

Y todo lo anterior no me lleva a decir que Capitalism: a love store sea una obra maestra, igual que tampoco me lo parecieron las obras anteriores del cineasta. Para mi gusto, amén de pecar de sobreinformación (lo que dificulta algo tan esencial como su asimilación por parte del receptor), Moore juega demasiado al límite entre los severos argumentos que esgrime y los detalles, ora de sorna ora trágicos (eminentemente, los trabajos de campo con damnificados), que lo ilustran. Estrategia, insisto, tan válida como cualquier otra, pero que puede terminar aturdiendo al espectador (amén de, por supuesto, indigestársele a aquél que no comulgue con su ideología de fondo). Cuando hay tal saturación de información, el espectador debe efectuar sus esfuerzos por discriminar. Por poner un par de ejemplos, en relación a dos segmentos sobre los que el filme se entretiene, me parece a mí que no es lo mismo que una gran empresa tenga contratada una póliza que la indemnice en caso de muerte de sus empleados (pues aquí, en todo caso, sólo se denuncia la dependencia supina de los seguros, pero no el hecho de que esas empresas “se lucren a costa de la muerte de sus trabajadores”, lo que es una obvia falacia) que el hecho de que una empresa privada gestione un correccional para adolescentes y un juez del condado sea untado para que muchos adolescentes que han cometido faltas menores sean trasladados allí (lo que sin duda es un asunto mucho más siniestro y con implicaciones delictivas graves). En cualquier caso, de su batería incesante de datos, crónicas particulares, explicaciones de matiz político, económico y social, trabajos de campo, interpelaciones y ejemplos sangrantes emerge el válido cuestionamiento de un sistema, el capitalista, o más bien de las desigualdades que auspicia.

 

Por el optimismo crítico

El filme se encauza en parámetros menos volubles cuando, en su tercio final, politiza la cuestión (a modo de recapitulación de un prólogo en el que también se hablaba de política o se denunciaban prácticas políticas). En los segmentos que refieren la discusión en el Parlamento de la inyección económica a los bancos, mediante la intervención de una congresista que tomó parte activa contra esa medida, Moore deja aflorar una denuncia bien rigurosa al respecto, semejante a la de los primeros compases de Fahrenheit 9/11 que glosaban las dudosas circunstancias en las que George W. Bush ganó sus primeras elecciones. En otros fragmentos, especialmente afortunados, el cineasta vuelve la mirada atrás y nos remonta a los años treinta del siglo pasado para narrarnos un episodio de huelga en la factoría en Flint de la General Motors -en la que estuvo implicado su padre, que trabajaba allí- a través de la cual reivindica el nombre del Presidente (republicano, aunque creo que Moore no lo dice) Feodor Delano Roosevelt, y su denominado optimismo crítico, profunda labor en defensa de la población que había quedado, de modo generalizado, en condiciones de vida deplorables tras el crack del veintinueve. Ahí es donde Moore consigue atar los mejores argumentos, estableciendo un parangón con el presente, llamando a buscar fórmulas socializantes que aplaquen las diferencias que indefectiblemente patrocina el capitalismo. En realidad, el discurso de Moore no es tan incendiario como el que muchos creen, y se hace textual cuando la sempiterna voz en off dice que el sistema que debe vencer al capitalismo es… la democracia; evidentemente está fundiendo términos diversos, pero queda clara esa intención, la de reivindicación de un Estado que, amén de Derecho, sea Social (del mismo modo, por ejemplo, como se consagra en la Constitución Española). Cuando el cineasta colma ese discurso, las últimas imágenes sí se benefician de su inercia, y resultan impactantes tanto esas panorámicas que muestran la Nueva Orleans devastada por el agua como el chiste pataleante consistente en acordonar Wall Street con una de esas cintas policiales que identifican el escenario de un crimen. La puntilla, mediante citas que aparecen en los créditos finales, reivindica la sabiduría de los padres fundadores de los Estados Unidos de América, con una frase de Thomas Jefferson que habla del abominable poder de los bancos y otra de Benjamin Franklin que dice algo tan inadmisible hoy en día como que “nadie debería poseer más de lo que precisa para vivir; el resto debería de ser para el Estado”.

http://www.imdb.com/title/tt1232207/

http://www.capitalismalovestory.com/

http://en.wikipedia.org/wiki/Capitalism_A_Love_Story

http://www.michaelmoore.com/

http://rogerebert.suntimes.com/apps/pbcs.dll/article?AID=/20090930/REVIEWS/909309994/1023

http://meetinthelobby.com/film-review-capitalism-a-love-story.html

http://opinion.labutaca.net/2010/01/08/capitalismo-una-historia-de-amor-caricatura-anti-sistema/

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s