EL TORREÓN

The Keep

Director: Michael Mann.

Guión: Michael Mann, basado en la novela de F. Paul Wilson

Intérpretes: Scott Glenn, Alberta Watson, Jürgen Prochnow, Robert Prosky, Gabriel Byrne, Ian McKellen, William Morgan Sheppard.

Música: Tangerine Dream

Fotografía: Alex Thompson.

Montaje: Dov Hoenig y Chris Kelly

EEUU-GB. 1983. 92 minutos.

 

Mann antes de Miami Vice

Siempre pienso que es interesante escarbar en el pasado de realizadores consagrados y prestar atención a las trazas de estilo en formación que después han germinado en obras mayores. En el caso de un director tan personal (y tan peculiar, pues no es fácil hallar un auteur, con todas las letras, que esté especializado en el cine de acción) como Michael Mann, uno echa la vista atrás y a menudo se queda en 1984, momento de creación de la célebre serie televisiva Miami Vice que le abrió las primeras puertas del establishment. Pero antes dirigió un par de películas que no está de más rescatar, caso de Thief (1981, protagonizada por James Caan) y de esta The Keep (1983), thriller con visos terroríficos que adapta una novela de F. Paul Wilson (autor fantástico reconocido en EEUU) que nos sitúa en tiempos de la Segunda Guerra Mundial y en un paraje perdido en los Cárpatos, donde una facción del ejército nazi se acuartela en una antigua fortaleza y empiezan a sucederse muertes con apariencia inexplicable.

 

      Una obra fallida

Vaya por delante que no hablamos de una masterpiece oculta. Es un título de resultados irregulares, que en determinados pasajes cabe ver incluso como exploit terrorífico del filón temático y visual de la primera aventura de Indiana Jones dirigida por Steven Spielberg dos años antes. Sin embargo, es una obra curiosa, y contiene algunos elementos de interés. Si prestamos atención a diversas anécdotas que giran en torno a la producción del filme, podemos deducir que se trata de una obra fallida, esencialmente por razones que no tienen que ver con la labor de Mann, sino coyunturales. Por ejemplo, el responsable de los efectos visuales, Wally Weevers -técnico habitual del cine de Stanley Kubrick-, falleció durante el rodaje. Se dice que Mann tenía en mente una película muy ambiciosa, de más de tres horas de duración, y que tuvo problemas presupuestarios que le obligaron a terminarla de un modo precipitado y rubricar un apresurado montaje de escasa hora y media de duración (esa diferencia entre lo pretendido y lo conseguido explicaría que Mann, según también aseguran diversas fuentes, reniegue de la película). Lo citado explica, ciertamente, la deslavazada estructura –una lenta y atmosférica presentación, un nudo algo descompensado y un desenlace más que expeditivo-, y el hecho de que muchos de los conflictos planteados queden en el aire o se resuelvan de un modo que sólo cabe calificar de abrupto – el background del Dr. Cuza (Ian McKellen) o de Trismegestus, el personaje interpretado por Scott Glenn, o la relación de éste con la hija del Dr. Cuza (Alberta Watson), el destino de algunos de los soldados nazis y miembros de las SS, el papel de los lugareños, etc-. También explica que, en imposible solución de continuidad, convivan técnicas y estrategias visuales que se detienen en el más concienzudo retrato de lo atmosférico –la utilización de la luz neblinosa y estudiados planos de detalle filmados casi al ralentí (piedras de toque de ese estilo manniano en construcción)- con una ruda resolución escabrosa (la aparición de la violencia, los ataques del ente sobrenatural maléfico), demasiado explícita y sostenida en unos efectos visuales que hoy se nos antojan horrendos, y que, a poco de pensarlo, ya entonces debieron dejar en evidencia las carencias presupuestarias.

 

         La atmósfera

Todo lo anterior no nos puede llevar a decir que Mann hubiera realizado una gran película si hubiera dispuesto de mejores medios, porque el condicional no es amigo de una reseña objetiva, y los muchos déficits de la película pesan demasiado. Por ejemplo, en relación a esos a menudo horrorosos efectos visuales uno lamenta que Mann no hubiera dejado de lado su innecesario subrayado y se hubiera apoyado más en el elemento de la sugerencia, que es en realidad la que da lugar a los mejores haberes del filme, la lenta y apasionante gestación de la atmósfera gótica, del terror en ciernes, apuntalado con imágenes descriptivas de gran fuerza y capacidad evocadora. Otro énfasis innecesario se halla en la partitura creada con música de sintetizadores del grupo Tangerine Dreams (hay quien celebra la rareza que supone que la música electrónica ilustre acontecimientos situados en tiempos de la Segunda Guerra Mundial, pero en mi caso –que no hago ascos a las rarezas si funcionan- acuso el uso demasiado enfático, hasta gratuito, de esa partitura, que acaba desmoronando las cualidades hipnóticas que se le pretendían).

 

         Ni héroes ni villanos

Mann, que en la confección del libreto efectúa una particular relectura del sustrato fantástico literario, se mueve con suma pericia en dos enunciados relacionados con la psicología de los personajes y con la propia naturaleza del relato más allá de su condición genérica, dos enunciados íntimamente relacionados que se convertirán en motivos constantes en su filmografía. Aunque, otra vez, el apresurado devenir de la trama deja demasiados interrogantes, la rigurosa presentación nos basta para mostrar, por un lado, que Mann está muy interesado en filmar razones individualistas, traducidas en la soledad que atenaza a cada personaje por razón de su punto de vista particular, divergente del resto: dejando de lado las razones sobrenaturales de Trismegestus, vemos que la necesidad del Dr. Cuza se encauza en la defensa del ser maligno precisamente porque ve en él la posibilidad de luchar contra el nazismo; vemos que, frente a esa maldad arquetípica de los miembros de las SS, se alza el punto de vista del oficial nazi encarnado por Jürgen Prochnow, que acaba arrojado a una lucha –perdida de antemano- contra todos los elementos (en ese sentido, rescato el magnífico diálogo que mantiene con el oficial encarnado con Gabriel Byrne). Es, sin duda, uno de los elementos clásicos de la filmografía de Mann, y está relacionado de modo causal con otro, el que diluye la frontera entre héroes y villanos, pues respeta la legitimidad de cada punto de vista confrontado: en ese sentido, Trismegestus y el Dr. Cuza tienen razones opuestas, también el Doctor y el párroco, y las diferencias parten de las propias percepciones y máculas de los personajes (el hecho de que sean víctimas), no de las reglas clásicas de los antagonismos.

 http://www.imdb.com/title/tt0085780/

http://badmovieplanet.com/duckspeaks/reviews/2004/the-keep/

http://www.joblo.com/arrow/keep.htm

http://moria.co.nz/index.php?option=com_content&task=view&id=2150&Itemid=0

http://www.jigsawlounge.co.uk/film/keep.html

http://www.rottentomatoes.com/m/keep/

http://www.theauteurs.com/notebook/posts/1071

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

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