TENIENTE CORRUPTO

Bad Liutenant: Port of Call New Orleans

Director:Werner Herzog

Guión: William M. Finkelstein, basado en el guión de

Abel Ferrara, Victor Argo, Paul Calderón y Zöe Lund

Intérpretes: Nicolas Cage, Eva Mendes, Val Kilmer, Tom Coger, Jennifer Coolidge, Fairuza Balk, Brad Dourif.

Música: Mark Isham

Fotografía: Peter Zeitlinger

Montaje: Joe Bini

EEUU. 2009. 121 minutos

 

De Ferrara a Herzog

Diré de entrada que soy un admirador de Bad Liutenant, el filme dirigido por Abel Ferrara en 1992 (mi película favorita del realizador junto con The Funeral), y, tras el visionado de esta Bad Liutenant: Port of Call New Orleans, revisión o remake de aquel título, manifiesto idéntica devoción por esta nueva versión, por razones tan dispares como son en realidad las cualidades e intenciones de los dos cineastas. La verdad es que de Ferrara me quedó grabada, probablemente por encima de todo, la utilización del motivo (e imaginería y símbolos) religioso(s), o si lo prefieren el trazo sobre la espinosa senda moral y redentoria del personaje incorporado por Harvey Keitel. Una vía que Herzog en ningún momento transita, por mucho que la trama (no lo olvidemos, coescrita por el propio Ferrara en el filme pretérito) le invite poderosamente a ello, optando por otros motivos igual de interesantes y sugestivos, que le restan abstracción al relato y, no paradójicamente, le suman universalidad al mismo (urdido en este caso por William M. Finkelstein). De aquella mirada nihilista sobre los rincones más turbios de la mente y el espíritu pasamos aquí a una mirada localista, más aferrada (cuando le quiere sacar partido) a la convención del relato policiaco, y que, aunque construida igualmente a partir de los actos a menudo desbarrados y salvajes de ese “teniente corrupto”, habilita un discurso sobre la tensión entre las inescrutables razones (o sinrazones) del individuo y la colectividad en la que éste se inscribe (en este caso, la familia del teniente, su especie de novia, y el completo establishment, formado por el cuerpo policial, los gángsters con los que trata, las víctimas de los asesinatos que investiga y los testigos en ellos implicados). En ese sentido, y aunque anecdótico, es bien revelador que Keitel no tuviera nombre, y Nicolas Cage en esta película sí lo tenga, Terence McDonaugh. Pero más reveladora resulta una pequeña aclaración de guión –impensable en el filme pretérito, pues se hubiera cargado el propósito narrativo- que aparece en una determinada secuencia a principio del metraje, en la que el teniente McDonaugh visita a un médico que le diagnostica una dolencia crónica en la espalda, que le obligará a “tomar medicamentos” para el dolor. Y si pongo entre comillas lo de “tomar medicamentos” es para dejar sin discernir los medicamentos que en efecto le receta el médico y los efectos también sedantes, o cuanto menos lenitivos, que le procuran el resto de drogas por las que tiene afición y dependencia.

 

Otro teniente corrupto

El Nicolas Cage más desmandado, reconocible de diversos títulos de la cada vez más curiosa herencia filmográfica del actor, se mueve a sus anchas en la función de Herzog, quien captura gustoso su planta desgarbada, los trajes demasiado holgados, siempre emergiendo de la cintura la misma pistola que Harry el Sucio inmortalizara cuatro décadas atrás, la voz a menudo pastosa, los andares algo tambaleantes, las muecas más histriónicas. Herzog no se recrea del modo en que lo hacía Ferrara en los actos de consumo de droga del personaje, sí en cambio incide en los detalles más ruines de su comportamiento (ojo, spoilers), uno en particular que se presta a la comparación (la secuencia en la puerta de la discoteca, en la que detiene a una pareja para intervenirles la droga que portan para consumo personal y, no contento con ello, exige un favor sexual a la chica a cambio de no denunciarles), otro especialmente sangrante (cuando le arrebata el oxígeno a una anciana para obligar a la cuidadora de ésta a que confiese), otros que detallan más la necesidad que la mezquindad (las ocasiones que no pierde de hurtar o mendigar droga en el depósito policial de pruebas) y otros tantos, superada la mitad de metraje, que plasman la razón absolutamente descontrolada del personaje cuando los acontecimientos empiezan a precipitarse en su contra (del tongo que le propone a un jugador de football a los excesos verborreicos con los que sazona las conversaciones que mantiene con la gang por la que finge dejarse sobornar).

 

La vida en el abismo

En cualquier caso, en la apuesta a menudo naturalista de Herzog (cuya puesta en escena y opciones técnicas –p.ej. el concepto de la banda sonora de Mark Isham- se caracteriza por su funcionalidad, estrategias narrativas lacónicas y efectivas –véase la secuencia en lento travelling que sigue al teniente introduciéndose en una casa por la puerta trasera para pillar por sorpresa y detener a un sospechoso-, movimientos de cámara alérgicos a la estridencia, planos generales y algunos panorámicos descriptivos combinados con mesurados abordajes de lo dramático en primeros planos que capturan un rostro o planos cortos que capturan varios) se subraya que la realidad que circunda a Terence a menudo armoniza con la que le atañe personalmente, es decir, que está igual de desquiciada: la vida al filo de la prostituta con la que mantiene relaciones, la condición de alcohólicos de su padre y la mujer que vive con él, la presencia de la violencia en las calles, los sempiternos callejones sin salida de las pesquisas policiales, el tráfico de influencias que campa a sus anchas… En ese sentido, Terence está bien definido como un superviviente nato, y como un policía de oficio con inmensos recursos que le convierten en un profesional de primera. Todo parece indicar que una existencia más plácida y cuadriculada le impediría manejar con la soltura en que lo hace los asuntos profesionales que le incumben, ello y a pesar de que en tantas ocasiones actúe de farol. Así, se perfila con pericia tanto en el libreto de Finkelstein como en las opciones narrativas que esgrime Herzog lo difusa que acaba resultando la línea que separa la virtud del vicio, la valentía de la imprudencia, la razón de la intuición, elementos todos ellos arrebujados en una existencia (y la existencia en un lugar: la Nueva Orleans tan poco glamourosa que describe la cinta), y que por tanto acaban equivaliendo a la ecuación incasable entre el sentimiento de pertenencia y la soledad del individuo (tal como se subraya en el desenlace del filme, sobre el que ahora nos referiremos).

 

La vida al fin y al cabo

Lo más llamativo de la pulida labor escénica de Herzog tiene que ver con tres determinados pasajes narrativos donde el realizador recurre a lo onírico –o más bien a lo paranoico- para introducir lo simbólico. Estoy hablando –claro lo tendrá quien haya visto la película- tanto de la secuencia en la que aparecen los alligators en la autopista, como la de las dos iguanas que sólo Terence visualiza como la del espíritu bailarín de un muerto –que incluye al final otra iguana-. Herzog no desencaja tanto al público por hacer aparecer los saurios, que también, sino por el modo tan peculiar en que lo hace, recurriendo al teleobjetivo, llevando las imágenes a las dimensiones de una eventual visión subjetiva de los propios animales, pormenorizando la mirada inerte, la papada o el dorso espinado de los reptiles. Tan extravagantes detalles apuntillan la carga simbólica que, como peculiar (y bien válido) reflejo de situaciones narrativas o dramáticas, encarnan los diversos animales que van apareciendo en la película, desde la serpiente reptante que abre el metraje a los peces en la pecera que lo cierran, pasando por supuesto por el perro que Terence y su novia tienen bajo custodia, y cuya cabeza queda encerrada en idéntico encuadre, en el interior del coche, con los de sus cuidadores más el testigo al que acompañan. De los peces (más el poema que refería a uno de ellos, supuestamente escrito por un niño muerto, que el teniente encuentra en un escenario de lo criminal) se arranca la anotación lírica que colofona el desenlace de la función, en un último y reposado plano que refuta la solución convencional precedente. (Ojo, spoilers). La tesis de Herzog, extrañamente lúcida y serena, ofrece dos lecturas complementarias. En primer lugar, la apostilla de la cuestión ya apuntada referente a la imposibilidad de casar las felices apariencias de la familia rehabilitada con la necesidad inesquibable del personaje de mantener un espacio para los vicios privados e inconfesables. En segundo lugar, ese desenlace, si quieren epilogar, de la función arremete fuertemente contra los resortes convencionales del relato (la fructífera resolución de los casos y sobretodo el happy end precedente), quedando como un añadido bastante impensable para los códigos que impone la industria –pues, huelga decirlo, esas secuencias finales nada tienen que ver con el típico twist final, ya que en realidad suponen una anotación esencial, coherente y definitiva de la sustancia dramática-. Bien mirado, tal y como lo plantea Herzog, tras recurrir a la circularidad –la repetición de dos secuencias opuestas que aparecían al principio: la del homenaje policial y la posterior a las puertas de la discoteca-, mostrando el encuentro de Terence con el joven presidiario al que una vez salvó la vida y con quien comparte nada más que su soledad mirando una inmensa pecera, parece que de esa solución espora un hálito optimista, la posibilidad, al fin y al cabo, de un equilibrio o tregua entre la imagen pública y la privada, entre la obligación y la devoción, e incluso –en términos de Shopenhauer, lo que resume la existencia- entre el sufrimiento y el tedio. Así que el espectador abandona la sala pensando que el discurso del realizador de Fitzcarraldo deja un margen al optimismo, algo que no se podía decir del discurso de Ferrara. Lo que, no confundamos los términos, en ningún modo significa que Ferrara sea un outsider y Herzog no. 

http://www.imdb.com/title/tt1095217/

http://rogerebert.suntimes.com/apps/pbcs.dll/article?AID=/20091118/REVIEWS/911189997/1023

http://www.calendarlive.com/movies/reviews/cl-et-bad-lt20-2009nov20,0,7121578.story

http://cinema-scope.com/wordpress/?page_id=1208

http://opinion.labutaca.net/2009/12/29/teniente-corrupto-herzog-y-cage-alucinados/

http://www.rottentomatoes.com/m/bad_lieutenant_port_of_call_new_orleans/

http://www.theauteurs.com/notebook/posts/1053

http://www.metacritic.com/film/titles/badlieutenant2009

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

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