CÓDIGO DEL HAMPA

The Killers

Director: Don Siegel

Guión: Gene L. Coon,

según el relato de Ernest Hemingway

Intérpretes: Lee Marvin, Angie Dickinson, John Cassavetes, Clu Gulager, Claude Akins, Norman Fell, Ronald Reagan

Música: Johnny Williams

Fotografía: Richard L. Rawlings.

Montaje: Richard Belding   

EEUU. 1964. 90 minutos

 

Los asesinos de Hemingway

No es tan famosa -ni le han colgado el título de “clásico”- como la versión homónima (en inglés, The Killers, porque en España se tituló Forajidos) dirigida dieciséis años antes por Robert Siodmak ni tampoco se cuenta entre los títulos más  citados de Don Siegel (The Invasion of the body snatchers en su primera época como realizador, y las películas rodadas con Clint Eastwood en la última). Y es un magnífico thriller, incomparable con la versión Siodmak más allá de las (limitadas) concomitancias argumentales. Y es la película que el propio Siegel prefería de entre las muchas que filmó. El punto de partida es un relato corto escrito por Ernest Hemingway en 1927 e incluido en el volumen Men without Women. El relato también interesó a John Huston y a Richard Brooks, que de hecho participaron de forma no acreditada en la confección del libreto que dirigió Siodmak; y a Andréi Tarkovski, que lo adaptó en 1958, cuando estudiaba, en un mediometraje de veinte minutos titulado Ubiitsy. En el caso de Siegel debe decirse que la realización de la película supuso la culminación de un deseo largamente abrazado. Siegel, que en 1958, con la película The Gun Runners, ya había adaptado una obra de Hemingway – To have and have not-, llevó aquí a cabo una particular, inteligente, apasionada y apasionante revisión del relato, mixturando referentes clásicos con una gramática cinematográfica muy moderna, lo que la convierte, para quien esto suscribe, en un título de cabecera del género en su contexto histórico e industrial.

 

TV Movie/Serie B

De hecho, y es relevante a la hora de analizar el filme, esta The Killers (de la que nadie sabe aún de qué “código del hampa” habla) fue concebida por la NBC para ser una tv movie, opción que se denegó por razón del alto contenido de violencia presente en las imágenes; la ponderación entre el (escaso) dinero invertido y el potencial comercial del producto, empero, animaó a los ejecutivos de la Universal a estrenarla en cines. El único guionista, Gene L. Coon, era un libretista de experiencia acumulada en televisión, que manufacturó el relato según los cánones exigidos por el medio. Siegel, que desde principios de la década había empezado a combinar su labor en Hollywood con la rúbrica de episodios de serie televisivas –por ejemplo, en The Twilight Zone-, levanta acta en su puesta en escena de muchos de los ítems propios del medio catódico (opciones de encuadre –planos aéreos, picados o cenitales-, movimientos de cámara y efectos –el consabido zoom, aún en fase de mero uso y no abuso, la ejecución de las diversas secuencias motorizadas, a menudo recurriendo a transparencias…-). Pero las enseñas televisivas se confunden (en armonioso sentido) con las del cine de género y la afiliación a la serie B: la estructura argumental vertebrada en flash-backs, las lacónicas descripciones, los meticulosos diálogos, y los tours de force climáticos donde a menudo concurre la violencia habilitan un desarrollo argumental brioso pero no exento de densidad en el aparato psicológico y simbólico del relato.

 

Aspiraciones y disoluciones morales

Siegel fue un realizador muy interesado por imprimir cuestiones de crítica social en sus obras, por lo que no es de extrañar que en The Killers (como en tantos otros títulos del realizador de Dirty Harry, especialmente los pertenecientes al thriller) nos movamos en un territorio desolado en lo que respecta a la moralidad, donde todos los personajes que encajan el puzle en el que se desgrana el relato carecen de escrúpulos, son falsos y traidores, y se mueven por intereses meramente espurios; todos salvo uno, el Johnny North que encarna John Cassavetes (el “sueco” encarnado por Burt Lancaster en la versión de Siodmak), que es asesinado apenas iniciar la función y que, a pesar de estar muerto, se convierte en el conductor del relato (pues los asesinos encarnados por Lee Marvin y Clu Gulager buscan pistas sobre su pasado, las razones por las que alguien les contrató para matarle, pensando en y persiguiendo el botín que se esconde tras ese ajuste de cuentas); North, en la urgente composición que del mismo efectúa del actor-director, se nos aparece como un fantasma para quienes escrutan en su vida, pues su catadura moral se opone tanto quienes estuvieron a punto de terminar con él (pero no lo hicieron, pues se redimió tras abandonar, herido en el cuerpo y en el alma, tal como se expone en ese prólogo clave y se entiende después) como quienes finalmente le mataron, los asesinos a sueldos encabezados por Charlie Strom (Marvin) que, no anecdóticamente, se obsesiona con la idea de que Johnny no se revolvió contra sus ejecutores ni trató de huir, simplemente “se dejó matar”. Así pues, más que de víctimas y verdugos, que también, la película trata de las aspiraciones y disoluciones morales que dirimen la diferencia entre esas víctimas y esos verdugos.

 

Violencia

Y todo ese contenido de moralidad, de vocación alegórica, explica la necesidad de la cruenta exposición (y explosión) de la violencia que da carta de naturaleza a la película (y que nos sirve para conectar a Siegel con otros miembros –en general, más ilustres entre la crítica- de la llamada, precisamente, “generación de la violencia”, como Samuel Fuller, Richard Fleischer, Sam Peckinpah, Robert Aldrich o Arthur Penn). La violencia intrínseca, la violencia exterior reflejo de la violencia interior. La violencia en el filme de Siegel, elocuente, hiperrealista, como atestiguan el sórdido inicio de la función (donde el hecho de que los asesinos se muevan entre ciegos resalta el ensañamiento), la bofetada que el personaje encarnado por Ronald Reagan propina a Sheila Farr (Angie Dickinson), los modos intimidatorios con los que, con toda naturalidad, los asesinos tratan a todo aquel de quien quieren arrancar información (especialmente el amago de tirar a Sheila por la ventana del hotel), o, claro, el terrible desenlace de la función (-spoilers:– que se inicia la cámara mostrando las piernas del personaje encarnado por Marvin, revelando que está herido cuando la sangre empieza a gotear, llega al clímax con el primer plano de la pistola con silenciador con el que el asesino apunta a Sheila, y termina con su patético intento de fuga, que equipara al personaje con un animal herido, incapaz de pensar en esa existencia que se acaba, sólo pendiente del dinero que ha recogido y la huida imposible…). Pero la violencia que no se limita a esas secuencias explícitas, recorre habita en la temperatura entre lo despiadado y lo febril del completo relato, y lo nutre constantemente: en detalles de guión que humanizan de forma imposible a los asesinos mostrándolos en situaciones cotidianas (comentando los efectos nutritivos de un bistec, haciendo abdominales en la habitación… fragmentos estos y otros diversos que muchos han interpretado como un antecedente de la pareja protagonista del Pulp Fiction tarantiniano), en el tratamiento de la luz y los colores henchidos de la fotografía de Richard L. Rawlings, en las martilleantes percusiones y efectos con instrumentos de viento de la partitura de un por entonces joven (32 años) y aún sin consagrar John Williams (que, de hecho, aparece en los créditos con el diminutivo: “Johnny” Williams). En la apuesta escénica llamada al vértigo, cuyo motivo recurrido de la velocidad y las persecuciones se puede equiparar -merced tanto de la química entre Cassavetes y Dickinson cuanto del modo en que Siegel les retrata destapando toda la carga sexual- con esos encuentros amorosos en los que la pasión cada vez más desbocada resuelve los dilemas de la duda, el rencor y la conciencia. Los dilemas de moralidad.

http://www.imdb.com/title/tt0058262/

http://www.dvdjournal.com/reviews/k/killers_cc.shtml

http://popmatters.com/film/reviews/k/killers-dvd.shtml

http://elblocdejosep.blogspot.com/2008/03/killers-parte-ii.html

http://www.dvdverdict.com/reviews/killers.php

http://www.rottentomatoes.com/m/1011573-killers/

http://lamiradadealbert.wordpress.com/category/siegel-don-1/

Todas las imágenes pertencen a sus autores

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