MISION DE AUDACES

 

The Horse Soldiers

Director: John Ford.

Guión: John Lee Mahin y Martin Rackin,

basado en una novela de Harold Sinclair.

Intérpretes: John Wayne, William Holden, Constance Towers, Hoot Gibson, Judson Pratt, Anna Lee.

Música: David Buttolph.

Fotografía: William H. Clothier, en color De Luxe

Montaje: Jack Murray

EEUU. 1959. 119 minutos.

 

Equinas

Ni que decir tiene que los caballos tienen singular relevancia en los westerns de John Ford. Por supuesto que por tratarse de un elemento arquetípico del género, sí, pero también por la concreta atención que les dispensa el realizador de The Iron Horse: como resuelta imagen de la fisicidad, la velocidad y la épica (en sus celebérrimas secuencias de persecuciones rodadas en la vastedad de Monument Valley); como inseparable compañero de tipos fronterizos y solitarios, raíl exterior de lo itinerante de los trayectos emocionalesStagecoach, The Searchers-; como categórico militar de primer orden –la trilogía de la Caballería-; o como elemento clave para la supervivencia (baste constatar lo temible que resulta su carencia en The three godfathers). Ya bien adentrados en la etapa más madura de la filmografía de Ford, y precisamente en una obra en la que tiene más peso simbólico el ferrocarril –que el protagonista del filme construye en la paz y destruye en la guerra-, los caballos reclaman su presencia en el título, The horse soldiers, y toman situación en la propia secuencia inicial, de una belleza ideal, en la que la cámara muestra la silueta en claroscuro, recortada contra el cielo, de una auténtica pléyade de jinetes (del ejército de la Union), avanzando a trote marcial mientras escuchamos una enfática tonadilla de Stan Jones. En realidad, esa imagen, la de la cabalgada de la tropa, se convierte en uno de los leit-motiv visuales de la película, y Ford engalana cada una de esas secuencias con ese fervor espectacular tan propio de sus westerns. Sobre esos créditos, hay algo más que añadir, sin pretender trascender lo anecdótico: si el anterior western de Ford, The Searchers, terminaba con una puerta que se cerraba –tras abrirse al principio-, aquí, cuando los últimos créditos indican la producción y realización del filme, la cámara abandona la espectacular cabalgada en panorámica para situarse en un interior, y encuadrar frontalmente unas escalinatas, dejando ver, sólo en el margen superior del encuadre, el bajo de una puerta que se abre, mostrando las inclemencias climáticas del exterior, y por la que acceden un general y el coronel Marlowe (John Wayne), prestos a asumir la misión “de audaces” que se halla en la premisa argumental.

 

El médico

En el primer desglose dramático de la función aparece un tema clásico del universo del realizador, cual es la tensión entre dos puntos de vista, las que representan el asimétrico dueto protagonista: el Coronel Marlowe (John Wayne) es el soldado, y el Mayor Kendall, interpretado por William Holden es el cirujano, también soldado, pero de otra casta, más bien atípica, en cuanto salvaguarda de la salud en un entorno de violencia desatada. En su primera conversación ya se concreta el conflicto de punto de vista: Marlowe explica que abandonará a su suerte a todos los heridos, pues así lo exige la naturaleza de la avanzada militar; Kendall le responde, hablando “como médico”, que eso es “una actitud primitiva”, y Marlowe le replica que “la guerra no tiene mucho que ver con la civilización”. De hecho, la propia presentación del personaje de Kendall es ya reveladora, pues le vemos vestir esa larga bata blanca por encima del uniforme (y a su ayudante, que le sigue con expresión descolocada, también), indumentaria que se revela como un auténtico pegote en el paisaje castrense. El conflicto rápidamente quedará servido cuando, antes siquiera de iniciar la expedición, Kendall efectúe una revisión de la tropa y vaya descartando a aquellos soldados que no considera aptos para el servicio por razones de enfermedad; lógicamente los parámetros médicos, tan escrupulosos, no coinciden con los de Marlowe –que quiere invitar a whisky a un sargento enfermo de malaria para aliviar sus síntomas-, lo cual da lugar a una situación jocosa bajo la cual detectamos con toda nitidez el conflicto entre esas posturas dispares y en realidad complementarias. En otro pasaje, Kendall es llamado –significativamente, por una familia de color- a ayudar en un parto, y Marlowe le reprocha que se concentre en tareas que van más allá de la tropa, pues, le recuerda, “usted es médico del ejército de la Unión”, a lo que Kendall responde que no, que “ante todo, soy médico”.

El ingeniero

Todo ese conflicto, sin embargo, no halla el cauce que inicialmente esperaríamos, el que confronta las necesidades elementales de la vida salvaje (o castrense) y el orden y los derechos connaturales a la civilización. Más allá, se proyecta sobre el drama de la guerra, que obliga a sacrificarlo todo, que convierte en superflua toda utilidad no militar, que despoja a sus participantes de la elemental humanidad. Ello se intuye por primera vez en la secuencia de la cena a la que los oficiales han sido invitados por Miss Hunter, en la que Marlowe revela que no es militar de carrera, sino que en la vida civil es ingeniero de caminos, que diseña vías férreas (motivo sobre el que Steven Spielberg, rendido admirador de John Ford, construirá cuatro décadas después buena parte del aparato dramático de Save Private Ryan –el capitán encarnado por Hanks, sobre cuya profesión se han hecho las más variopintas apuestas, las refuta todas al revelar que es profesor-). El encaje final entre las piezas opuestas se aclara más adelante, en el plano más largo del filme, en el que Marlowe, acodado en una barra y bebiendo whisky sin cesar, le cuenta a Miss Hunter las razones por las que odia a los médicos (pues un error suyo acabó con la vida de su esposa).

El drama de la Guerra

Muy focalizada en los tres personajes principales, The Horse Soldiers nos presenta un mosaico humano menos complejo en lo psicológico de lo que es usual en el universo fordiano. Pero es plenamente intencionado. Aquí interesan más las razones simbólicas que encierran los desencuentros y ulteriores encuentros entre los personajes, del mismo modo que el relato de corte costumbrista –a veces desenfadado, otras severo hasta lo trágico- se pone al servicio del cuadro histórico. Así queda patente en el climax central del filme, el pasaje que transcurre en Newton, que contiene la secuencia de la carga del desordenado ejército confederado que es literalmente aniquilado por el fuego de los unionistas, o las escenas que muestran el desmantelamiento de las diversas infraestructuras del lugar. Aunque el tratamiento de personajes y situaciones empleado por guionista y director está hoy en desuso, lo único cierto es que The Horse Soldiers contiene, bajo esas enseñas que hoy pueden parecer(les a algunos) ingenuas, atinadas y escrupulosas nociones históricas. Pienso por ejemplo en la misma razón de la misión militar, que parte del hecho de que en el campo de las infraestructuras y comunicaciones la Unión prevalecía con mucho a la Confederación, lo que resultó clave en el resultado de la contienda, mucho más que las batallas que la codificación histórica ha tildado de decisivas. En consonancia con ello (o como consecuencia), pienso en las lamentables condiciones en que se muestra al ejército sureño –que ataca de forma desesperada, cuyo uniforme está hecho jirones, que están heridos y hambrientos-, dato revelador de las razones reales por las que aquel ejército al final tuvo que capitular, que no fueron otras que su crasa desventaja económica y de medios (ahí está el detalle, que esconde bajo lo hilarante una denuncia, de la milicia de imberbes que carga contra el ejército unionista en los últimos compases del filme). Pienso también en situaciones aisladas como el asesinato de la sirvienta negra de Miss Hunter por un francotirador confederado, ilustración de una práctica que llegó a generalizarse en los Estados Confederados, la de aniquilar a los esclavos que (como aquí, se suponía) eran liberados. O en una secuencia que reproduce otra del filme Drums along the Mohawk, obra anterior de Ford situada en tiempos de la Guerra de Independencia, aquélla en la que se muestran las patéticas condiciones en las que el médico debe practicar una amputación, con gran riesgo de muerte para su paciente.

 

Lincoln, según Ford

Sea a través del retrato afable o de las imágenes trágicas de la Guerra, Ford pretende mostrar y reivindicar ciertos valores humanos y comunitarios, los que encarnan la suma entre Marlowe y Kendall, transcripción no de las virtudes del ejército de la Unión (cuyo amateurismo y más bien poca pericia es subrayada a menudo) sino de los valores que defiende (incidiendo en un discuso compartido con el de la trilogía de la Caballería, pero aquí, precisamente por el contexto de la Guerra de Secesión, de postulados más inopinables, pues no es lo mismo el auxilio a la colonización que lleva a la Caballería a combatir con los indios que defender la indemnidad política y territorial de los EEUU, del mismo modo que no son lo mismo los militares de carrera que aparecen en los filmes sobre la Caballería que el civil convertido en oficial por convicciones patrióticas). Sobre ello, el relato impresiona la condición fratricida de la guerra –principalmente en el relato del afecto impensable que acaba surgiendo entre Marlowe y Miss Hunter, pero también en otras situaciones accesorias, tales como la relación entre Kendall y el coronel confederado-, para trazar, a través de la complicidad que se forja entre militares y civiles de uno y otro bando, los términos de la doctrina lincolniana que abogaba por dejar atrás la animadversión una vez se hubiera resuelto el conflicto y luchar por la igualdad de derechos entre Estados, incluyendo los que escogieron la causa confederada. En el último plano del filme, no tenemos una puerta que se cierra, pero sí una cabaña, en la que Kendall y Miss Hunter atenderán a los heridos: la posibilidad de un lugar en el que sanar y cicatrizar, la posibilidad de un hogar común. Así se cierra este capítulo de la Historia de los Estados Unidos según el maestro John Ford.

http://www.imdb.com/title/tt0052902/

http://www.dvdtalk.com/dvdsavant/s268horse.html

http://www.variety.com/review/VE1117791753.html?categoryid=31&cs=1&p=0

http://nehring.blogspot.com/2005/05/horse-soldiers-1959.html

http://www1.epinions.com/review/mvie_mu-1009939/content_340769017476

http://www.rottentomatoes.com/m/horse_soldiers/

http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article900.html

http://major-reisman-cine-belico.blogspot.com/2006/09/misin-de-audaces-horse-soldiers.html

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

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