SHUTTER ISLAND

Shutter Island

Director: Martin Scorsese.

Guión:  Laeta Kalogridis, basado en la novela de Dennis Lehane

Intérpretes: Leonardo Di Caprio, Mark Ruffalo, Ben Kingsley, Max Von Sydow, Michelle Williams, Emily Mortimer

Supervisor musical: Robbie Robertson

Fotografía: Robert Richardson

Montaje: Thelma Schoonmaker

EEUU. 2010. 134 minutos.

 

Apariencias

Vaya de entrada que Dennis Lehane y Martin Scorsese no nos lo ponen nada fácil a la hora de reseñar esta película. Y me refiero a hablar del argumento, pues aparenta ser uno y en realidad es otro bien distinto. Y sí, puede que esté hablando de la existencia de un twist final; sin embargo, no se trata de la mera vuelta de tuerca final al uso que el cine de género americano ha ido estandarizando durante los últimos años (hasta el punto que ya se hace raro ver películas en las que no concurra). Nos situamos en otros parámetros, sin duda más intensos, más asimilables a la edificación del relato que a su resolución, a la elaboración que a la habilidad; parámetros de distorsión narrativa en la esencia del relato, distorsión totalmente calculada y bien mesurada. Y Shutter Island es, en ese sentido, hija de su tiempo, pues hay otros cineastas –de generaciones posteriores a Scorsese- que lo han planteado en otras obras tan deliciosas al paladar cinematográfico (tan relevantes en el legado de esta época) como sin duda lo resulta ésta. Caso del M. Night Shyamalan sobretodo el de The Sixth Sense, y en menor medida también el de Unbreakable y The Village; caso del Bryan Singer de The Usual Suspects; caso del Christopher Nolan de Memento y de The Prestige. Aunque la fórmula no es siempre la misma, en algunos casos se trata de una deconstrucción (especialmente Nolan), en otras de un motivo oculto que origina los acontecimientos y permanece velado al espectador (que se mueve en la superficie aparente) hasta esa revelación final. Pero todos los casos tienen algo en común: es absolutamente imprescindible regresar al relato, volver a ver la película, cuando uno ya conoce esa revelación final, porque esa revelación trae consigo un replanteamiento radical del relato, ello abrazando el significado de todas las secuencias o incluso, en algunos casos –como éste-, el tono del filme y el sentido de una determinada ilustración visual.

 

         Expresionismo scorsesiano

Así que, para no destripar el contenido del relato (y fíjense que no digo “el desenlace del relato”), los comentarios deben limitarse a una presentación de rasgos generales y abstractos. Incluso en esos términos debo ir con cuidado, por ejemplo si digo que la novela de Dennis Lehane de que parte la película (y cuya conversión en libreto rubrica Laeta Kalogridis) supone un cambio de tercio narrativo bastante radical respecto de las otras que han cimentado su fama, caso de Mystic River o Gone baby gone; o si se me ocurre comentar que Leonardo Di Caprio parece por momentos que está pasado y al final resulta que ha rubricado una interpretación magistral. Puedo decir que Scorsese no hace lo que muchos creen que viene haciendo los últimos años, que es ofrecer meros productos industriales de esmerado aunque hipertrofiado envoltorio; de hecho, soy de los (¿pocos a los?) que les gusta Gangs of New York, The Aviator y The Departed, así que mi argumento sigue siendo el mismo: Scorsese hace lo que le viene en gana, básicamente lo que ha venido haciendo desde antaño, probar formatos y registros diversos, retratar mundos muy distintos (y es que Scorsese es muchísimo más que un director de pelis de gángsters, o el brazo ejecutor del gusto por lo introspectivo de Paul Schrader), siempre de forma fervorosa, urgente, grandilocuente… Scorsese sigue levantando acta de su capacidad para contagiar su incalculable pasión por el Séptimo Arte. Y en Shutter Island, cierto es, semejante premisa se muestra de forma especialmente diáfana, pues hay mucha cinefilia impresa tanto en la definición estética cuanto a lo que atañe a los resortes del relato. Scorsese echa la vista atrás, a sus años de mocedad, y nos ofrece un thriller anclado a los cánones de la inolvidable serie B policíaca del periodo clásico. De entrada, disfruta con la ambientación en 1954, y deja muchos rastros de su afición por la estética retro. Se introduce gustoso en el sugerente microcosmos geográfico en el que discurre la acción, y propone un vendaval atmosférico, una ópera en la que el terror gótico de remembranza clásica se funde con evocaciones o pasajes oníricos articulados a modo de tours de force visuales, todo ello calibrado en un relato cuya contenido contemporáneo (que proviene de su articulación y estructura) es a menudo refutado en su obstinada, a menudo genial, ilustración. Son tantas y tan apasionadas las teclas que el realizador acciona (lo que relaciona directamente la película con las tres obras precedentes del autor citadas) que cuando el alambicado manierista revela sus resortes y decide la solución dramática quedan, como flotando en el ambiente –en esa tormenta que acaba de pasar-, infinidad de aristas, sugerencias que proceden del expresionismo scorsesiano, relacionadas con las sendas que la película pareció tomar y después dejó (las secuelas de la guerra y la visión del Holocausto, la paranoia anticomunista…), o con el subtexto, con esa cinefilia impenitente que abriga los sentimientos cinematográficos del director de Bringin’ out the Dead.

 

         Paranoia

A partir de aquí, ruego que aquéllos que no hayan visto la película que se guarden mucho de seguir leyendo, pues algunas frases incurrirán sin duda en el spoiler, y lamentaría que por mi culpa alguien se perdiera la experiencia de degustar la película de la forma en la que es debido, sin un conocimiento previo del argumento oculto. Si al inicio me he referido a la necesidad de un total replanteamiento de todas las piezas narrativas, me estaba refiriendo al hecho de que Scorsese filma una ficción dentro de su ficción, esto es un experimento que unos psiquiatras han realizado para tratar de lograr que uno de sus pacientes alcance una catarsis que le libere de sus padecimientos mentales. Sin embargo, la gracia del invento, lo que edifica el tono y la textura de las imágenes, no radica en el hecho de que Scorsese filme una farsa –según la cual el paciente no es tal, sino que es un agente judicial que investiga un caso de fuga-, sino en el hecho de que la filme siguiendo los parámetros subjetivos del paciente en cuestión (circunstancia que relaciona la película con  Das Kabinett des Doktor Caligari, la obra filmada por Robert Wiene en 1919, que también, por así decirlo, reproducía la paranoia de una mente enferma), para, conforme avanza el relato, ir desligando de forma lenta esa subjetividad, cediendo cada vez más margen a la realidad que convive y al mismo tiempo se opone a esa paranoia, integrándolo todo en una última evocación en la que, como corresponde al hecho de que el personaje haya sanado, el recuerdo es nítido y reproduce la realidad de forma fiel. Así, el espectador encaja las piezas al mismo tiempo que lo hace el enfermo. Y la locura desaparece, pero la cordura resulta no ser muy diferente, pues la tristeza, inapelable, es tan profunda que es imposible de cicatrizar, de sanar. Así las cosas, cuando la película termina queda una reflexión de cierto calado -que también admite una lectura metacinematográfica- sobre el mismo objeto del relato, sobre lo difusa que es la línea que divide la capacidad de discernir con claridad de su imposibilidad. Una tesis hermosa.

 

         Exhuberante

Es legítimo pensar que uno de los elementos que más atrajo a Scorsese del material de partida era la posibilidad de dar rienda a una imaginería muy libre, pues está claro que la forma que tiene el realizador de acercarse a los esquinados pensamientos y sentimientos del personaje obedece muy poco a parámetros que quepa identificar con la clásica proposición más o menos anclada a cierta noción de realismo, lo que hubiera allanado un tono más recogido y unas mayores ínfulas psicologistas, y en cambio se entrega a la articulación de lo exuberante, de lo excesivo. Compromete para ello a todos sus colaboradores, cada uno en su parcela técnica, a quienes a menudo exige el subrayado más exacerbado. El caso más evidente es el de la utilización de la música (cuyas codas amenazantes remiten a la labor que Elmer Bernstein llevó a cabo en Cape Fear, uno de los diversos puntos de contacto entre estos dos thrillers scorsesianos), pero también debe citarse la iluminación virada a tonos azulados (obra de Robert Richardson) que acentúa lo que ya de por sí tiene de inhóspito el escenario, la isla y esos diversos espacios que Dante Ferretti diseña y Scorsese, con sus alardes de puesta en escena, convierte en ora laberínticos ora tenebrosos (da igual si se trata de exteriores, como los acantilados o los aledaños de un cementerio, que interiores, de los cubículos donde moran los internos o residen los celadores/enfermeros a la opulenta residencia de los médicos, del lóbrego edificio de los enfermos peligrosos a la cueva iluminada con la luz de una hoguera, sin olvidarnos del interior del faro en el que el cineasta rubrica, en el clímax de la función, el más feliz de sus muchos guiños hitchcockianos). Mención aparte merecen las sensacionales set-piéces evocadas o soñadas por el protagonista, unas referidas al trauma familiar y caracterizadas por un hálito surreal que esconde una explicación macabra que se va intuyendo hasta que se corre el velo en el recuerdo-explicación final, las otras centradas en los traumas derivados de la participación del personaje en la guerra y su experiencia en el campo de exterminio de Dachau, secuencias en las que Scorsese nos invita a presenciar lo que podríamos calificar de fascinación por el horror, dejando en la retina la imposible belleza de un intento de suicidio frustrado, una munión de cuerpos apilados y congelados, o una visceral y expeditiva ejecución en masa.

http://www.imdb.com/title/tt1130884/

http://www.verticecine.com/shutterisland/

http://rogerebert.suntimes.com/apps/pbcs.dll/article?AID=/20100217/REVIEWS/100219980/1023

http://www.calendarlive.com/movies/reviews/cl-et-shutter-island19-2010feb19,0,2149008.story

http://action-films-thrillers.suite101.com/article.cfm/shutter-island-2010—film-review

http://hollywood-elsewhere.com/arthouse/2009/12/isolated-trauma.php

http://moria.co.nz/index.php?option=com_content&task=view&id=4628&Itemid=0

http://opinion.labutaca.net/2010/02/22/shutter-island-en-el-laberinto-de-la-culpa/

http://www.metacritic.com/film/titles/shutterisland

http://www.soundonsight.org/shutter-island-review-2/

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

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