GREEN ZONE. DISTRITO PROTEGIDO

Green Zone

Director: Paul Greengrass.

Guión: Brian Helgeland, según la novela de Rajiv Chandrasekaran Intérpretes: Matt Damon, Brendan Gleeson, Amy Ryan, Gregg Kinnear, Aymen Hamdouchi, Jerry Della Salla

Música: John Powell

Fotografía: Barry Ackroyd.

Montaje: Christopher Rouse

EEUU. 2009. 120 minutos.

 

La fórmula

A Paul Greengrass le mueven principalmente dos motivaciones, una temática y la otra metodológica, que pretende proyectar en una única dirección, convertirlo en un todo cohesionado. Por un lado está su afiliación a causas políticas controvertidas, que sintonizan con la intelectualidad progresista, y que básicamente cuestionan las arbitrariedades e injusticias del Poder, sea éste institucional o ejercido en la sombra, y contra las que reivindica los derechos individuales. Por otro lado está su forma de acercarse a esos temas, lo que podríamos denominar su estilo, eminentemente de montaje, atento a la fisicidad, de raigambre documentalista, quizá herencia de los diez años en los que trabajó como reportero de guerra y sus inicios en el audiovisual como autor de documentales. Lo que es innegable es que Greengrass, que sea por su forma o por sus intereses de fondo despierta rendidas admiraciones o encendidas iras, ha dado con su particular fórmula, y además ha sabido ascender en el seno de la industria con suficiente habilidad -compaginando proyectos más personales con encargos que ha sabido llevar a su terreno-, hallando un público para sus ficciones que le asegura su statu quo en el establishment. Y todo merced de su participación tras las cámaras en la segunda y tercera parte de la trilogía de Jason Bourne, sofisticados thrillers en los que, amén de aplicar con audacia sus fórmulas visuales a un producto para el gran público, pudo introducir o enfatizar sus postulados ideológicos, quizá de un modo más sutil (o agazapado entre los resortes del código genérico), pero no por ello menos válido que sus títulos más combativosBloody Sunday a la cabeza, el excelente filme que labró su prestigio, alzándose con el Oso de Oro en el Festival de Berlín en 2002- o que United 93, el primer filme sobre el 11-S que llegó a las grandes pantallas, medio año antes de que lo hiciera el World Trade Center de Oliver Stone.

 

ADM

Precisamente los productores de United 93, Tim Bevan, Eric Fellner y Lloyd Levin, fueron quienes auspiciaron esta Green Zone, cinta que nos ubica en el polvorín que era Irak justo tras la finalización de la invasión norteamericana (o aliada) de 2004, y que narra los avatares del subteniente Roy Miller (Matt Damon), oficial encargado de recorrer el territorio iraquí en busca de armas de destrucción masiva, quien, conforme descubre que todas las informaciones que inteligencia le facilita son erróneas, inicia una investigación por su cuenta, a partir de los datos que recaba de un veterano agente de la CIA (Brendan Gleeson), de una periodista (Amy Ryan) y de un ex-militar iraquí (Khalid Abdalla). Greengrass tomó como inspiración el libro Imperial Life in Emerald City, escrito por Rajiv Chandrasekaran, quien fuera corresponsal del Washington Post en Bagdad, y le pidió a Brian Helgeland (reputado guionista de cine de acción, en cuyo currículum constan títulos como L.A. Confidential, de Curtis Hanson, Conspiracy Theory, de Richard Donner, Payback, dirigida por él mismo, Blood Work y Mystic River, ambas de Clint Eastwood, o el remake de The Taking of Pelham 1 2 3 filmado por Tony Scott) que le escribiera “un thriller sobre la búsqueda fallida de armas de destrucción masiva”. Greengrass contó en su equipo técnico con colaboradores habituales como el compositor John Powell y el director de fotografía Barry Ackroyd, pero su baza más feliz  fue la contratación de Jason Bourne, Damon, como protagonista, quien sin duda le aseguró las mejores perspectivas comerciales.

 

Arquetipos

Y así –y tras no ciertas polémicas con el estudio previo el estreno de la película- llegamos a los términos de este thriller bélico en el que los resortes más o menos sofisticados del relato elucubrado por Helgeland no pueden desligarse de su contexto histórico-geográfico concreto y -a partir de ese contexto- de unas determinadas intenciones políticas, pudiendo decir fácilmente que Green Zone es una obra que recoge de forma tardía –y no digo inoportuna- los argumentos de muchos detractores de aquella guerra librada en 2004 que dio lugar a la ulterior (y con visos de interminable) guerra civil en Irak, argumentos basados en algo ahora constatado, que la Administración Bush mintió o se equivocó (táchese lo que no proceda: el filme tacha el “se equivocó”) al esgrimir que existían esas armas de destrucción masiva, que fue el motivo que utilizó para justificar la necesidad de invadir aquel país. Si quieren que les sea franco, me parece que el entramado argumental que sostiene la película, sin dejar de ser solvente en su engranaje, acaba resultando mucho menos importante que el contenido de denuncia. Y este razonamiento lo extraigo principalmente del análisis de los personajes, que cobran vida más como arquetipos de una determinada visión del mundo que como peones vivos de una trama. Para empezar, Miller (Damon) es un soldado realmente atípico, no un ejecutor sino un héroe, y además de una pieza, un hombre cuyas convicciones patrióticas y elevados valores se imponen sobre su condición (inherente a su status castrense) de ejecutor de órdenes. Sus tres aliados de ocasión son, por un lado, un nativo, la representación de la víctima civil, el paria (no es baladí el dato que carezca de una pierna, pues la perdió en la guerra librada dos décadas atrás contra Irán), superado por los elementos; por otro, una periodista que ha sido manipulada convenientemente, y que quiere recuperar la verdad; y, en tercer lugar, un representante de la vieja escuela de la CIA, auténtico especialista en razones políticas relacionadas con Oriente Medio (como el personaje que encarnaba Clooney en Syrianna, filme con el que Green Zone comparte postulados ideológicos) que es ninguneado, como la propia Agencia, por un representante del Pentágono, de la Administración en el poder. Y ese representante, el auténtico antagonista y villano de la función, no es otro que el burócrata Clark Poundstone, encarnado (con suma solvencia) por Gregg Kinnear, uno de esos tipos que no se mojan cuando llueve, de inteligencia diabólica puesta al servicio de intereses falsarios (y que quedan en sombra, pues, es importante subrayarlo, el filme en ningún momento incide en las razones por las que el Gobierno de los EEUU decidió invadir Irak allende el trampantojo de las ADM), y que dispone de un contundente aparato de logística militar para lograr sus propósitos, una logística militar secreta, que opera de espaldas a lo oficial, a menudo para subvertirlo (tal como queda patente en la primera aparición de ese batallón, una flota de helicópteros que irrumpen en el escenario en el que Miller está llevando a cabo un interrogatorio y frustran su trabajo, el jefe de la operación –a quien siempre reconocemos por sus gafas de sol negras- despidiéndose de él con un llamativo “have a nice war”, o “que tengas una buena guerra”, con lo que queda claro que son diversas las guerras que conviven por mucho que oficialmente sólo haya una, al igual que se diluyen los bandos enfrentados).

 

Significado político

En su aparato de puesta en escena, Greengrass no renuncia a la estética documentalista que impregna el grueso de su filmografía, basado en el uso de la steadycam, la filmación desde múltiples ángulos, con preferencia por los planos cortos, y un intens(iv)o ensamblaje en la mesa de montaje. Ello sin embargo, en el metraje de Green Zone hay menos secuencias de acción propiamente dicha y menos persecuciones que en sus dos obras sobre Jason Bourne, y, cuando concurren, Greengrass no se entretiene tanto en su filmación, quizá porque pretende diluir un tanto las pretensiones espectaculares de la película, quizá buscando ese presunto realismo, quizá para no distraer el tono de una función que busca las reacciones y conflictos de personajes muy por encima de la celebración de la acción pura. En correspondencia con todo lo anterior, uno de los puntos fuertes de la película son las constantes panorámicas que recorren diversos lugares de esa Bagdad invadida (algunas filmadas en nocturnidad, donde vemos los fuegos y escuchamos su estruendo), sean sus más estrechas callejas, sus arterias de comunicación, el aeropuerto internacional, los campos base del ejército, una cárcel, diversos puntos de la zona protegida o el exterior o interior del palacio presidencial. Mediante esas panorámicas descriptivas, todo lo que la cámara recoge en ellas, el realizador centra una y otra vez el interés concreto de la trama, su significado político, su correspondencia con este candente capítulo de la Historia reciente de la Humanidad.

http://www.imdb.com/title/tt0947810/

 http://green-zone.jp/

http://rogerebert.suntimes.com/apps/pbcs.dll/article?AID=/20100310/REVIEWS/100319990/1023

http://www.calendarlive.com/movies/reviews/cl-et-green-zone12-2010mar12,0,3764407.story

http://globalcomment.com/2010/green-zone-greengrass-damon-do-it-again/

http://www.chicagoreader.com/chicago/green-zone-movie-review-matt-damon-paul-greengrass/Content?oid=1542079

http://www.commentarium.net/2010/03/green-zone/

http://www.ivaw.org/membersspeak/im-not-your-hero

http://www.filmjerk.com/reviews/article.php?id_rev=2043

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

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