DOS CABALGAN JUNTOS

Two Rode Together

Director: John Ford.

Guión: Frank S. Nugent, según la novela de Will C. Cook.

Intérpretes: James Stewart, Richard Widmark, John McIntire, Henry Brandon, Shirley Jones, Linda Cristal, Andy Devine.

Música: George Duning.

Fotografía: Charles Lawton jr, en Technicolor

Montaje: Jack Murray

EEUU. 1961. 109 minutos.

 

Raptados por los indios

Esta película suele acompañar, como una breve sombra, a Centauros del Desierto (en adelante, The Searchers), por su premisa, por tratarse de “la otra” película de John Ford que abordó la temática del rapto de niños/as blancos/as por parte de los indios (para más inri, por la misma tribu, los Comanches, cuyo jefe está encarnado por idéntico actor, Henry Brandon). También se la suele recordar por ser el primer western en el que Ford emplearía los servicios interpretativos de James Stewart, actor que ya había roto su imagen cándida desde principios de la década de los cincuenta, cuando Anthony Mann y Alfred Hitchcock le ofrecieron perfiles mucho más turbios y complejos que los reconocibles de su época capriana. Ford, que poco después le convertiría en el hombre que, según imprimió la leyenda, mató a Liberty Valance, extrajo gran jugo de la imagen y el talento de tan venerable actor, quien aquí encarna a un personaje, Guthrie McCabe, digno de estudio, tan lleno de contradicciones como las que informan el paisaje humano de esta Two rode together.

 

El individualista

Guthrie McCabe, al principio del filme, se nos muestra en posición semejante a la de Henry Fonda en My Darling Clementine (lo que da más cancha a los historiadores que cuentan que Stewart fue el sustituto “natural” de Fonda cuando las relaciones entre aquel actor y el cineasta se agriaron), sentado en el porche de la posada más preminente del lugar, tranquilamente acomodado viendo pasar a quien viene y a quien va por la main street. Como Wyatt Earp, es el sheriff, y como aquél, censura de forma expeditiva a dos jugadores que han llegado para probar fortuna en el lugar, enviándoles de vuelta a la diligencia en la que han llegado. Pero Guthrie dista mucho de parecerse a Earp, de igual modo que aquel villorrio tiene más bien poco que ver con la emergente Tombstone. Guthrie está apoltronado en su posición de sheriff, tiene un sirviente que le despierta de la siesta para traerle una cerveza bien fría y un purito, mantiene relaciones con la jefa de la posada, controla de hecho la aldea lucrándose a costa del diez por ciento del beneficio neto de cada negocio ubicado allí. Quizá eso nos acerca a la noción de civilización, aquélla en la que las fuerzas vivas del pueblo no son los mayores hacendados sino quienes ostentan el poder político, pero eso no significa que se trate de una civilización, por así llamarlo, virtuosa. Guthrie tiene un pasado oscuro, no tardamos en intuirlo, había sido cazarecompensas y había mantenido relaciones comerciales con los indios, ello incluyendo el tráfico de armas (lo que nos recuerda, enturbiando aún más la catadura moral del personaje, los mercaderes sin escrúpulos que Ford nos presentó en Fort Apache y She wore a yellow ribbon, la imagen del comerciante sin valores ni sentido comunitarios). Es en ese sentido que Guthrie es en definitiva un outsider, un personaje fronterizo, distinto a los muchos que poblaron el imaginario fordiano hasta entonces, principalmente porque no se trata de un personaje atormentado ni errabundo, sino de un tipo individualista y pragmático hasta la médula, datos todos ellos relevantes para desentrañar el meollo de este relato.

 

Entre los colonos, los Comanches y el ejército

Su tranquilidad se verá enturbiada cuando un regimiento de la caballería, comandado por el teniente Jim Gary (Richard Widmark), le llame a acudir a Fort Grant, donde le espera una misión. El Mayor Frazer (John McIntire), oficial al frente del fuerte, le pretende contratar para negociar con un cabecilla comanche la liberación de diversos niños secuestrados. El Mayor, o, por extensión, la situación del propio ejército, se ve presionado/a por un grupo de colonos cuyos hijos fueron raptados por los Comanches y que reclaman esa liberación. El problema de partida es que esos colonos han recorrido –en este caso de forma infructuosa- una odisea semejante a la que atañía a Ethan Edwards en The Searchers, en el sentido que sus hijos fueron raptados hace mucho tiempo, años, en ocasiones casi una década. El segundo problema, advertido (en voz bien alta) por Guthrie antes de iniciar el rescate, es que la mayoría de esos niños, ahora adolescentes, habrán asumido todas las enseñas educacionales y culturales de los Comanches, las chicas habrán contraído matrimonio con indios, y por tanto la liberación no les significará un regreso al hogar, sino perder el que ahora es su hogar, la tribu Comanche (situación que reconocemos en el personaje de Natalie Wood en The Searchers). El tercer problema es económico: Guthrie se niega a aceptar la misérrima paga que le ofrece el Coronel, así que se dedica a exprimir a los colonos directamente, tasando la recompensa al alza sin el menor escrúpulo. El cuarto problema, éste para Guthrie y para el teniente Gary, es que el Mayor Frazer obliga a éste último a acompañar al cazarecompensas.

 

Dos perspectivas

Pero Two Rode Together no funde su relato en los avatares de la misión de rescate. Quizá en consonancia con la justa honorabilidad de Guthrie (y la limitación de facultades y aptitudes de Gary en este particular cometido), ese rescate discurre en un breve pasaje central, está resuelto de forma expeditiva (apenas iniciar el viaje, los dos compañeros ya se encuentran con los Comanches, son llevados a su aldea, negocian con el jefe Quanah Parker, y éste les entrega, a cambio de armas, a dos jóvenes, un chico, Running Wolf –que sólo habla comanche y que no quiere dejar su aldea, razón por la que es llevado a la fuerza- y una chica -Elena, joven mejicana, esposa de un tal Stonecalf, un indio que discute la hegemonía del jefe, mujer que sí se presta a marcharse, aunque no sin ciertas dudas-). La única secuencia de acción, aquélla en la que Guthrie espera la llegada de Stonecalf para acabar con él, está rodada con la justa mesura de suspense, pero resuelta de forma casi anticlimática: apenas aparece el indio, Guthrie desenfunda su pistola y lo mata a tiros. En este pasaje central, de hecho, más destacable resulta el largo plano-secuencia que narra el enfrentamiento de perspectivas entre Guthrie y Gary, que después les lleva a separarse, llevándose Gary al chico y quedándose Guthrie con Elena. En un ardid de guión que habilita la sutileza, queda patente la diferencia en el modo de ser, ver las cosas y operar de uno y otro: mientras Gary da por terminada la misión y sólo quiere volver a casa, Guthrie prefiere permanecer a la espera del enfrentamiento con Stonecalf, porque sabe que no será una hueste de Comanches quien le ataque, sino que lo hará él solo, y considera que es –y así será- una ocasión propicia para librarse de un enemigo, tanto suyo como del jefe Comanche con el que mantiene buena relación (y, sólo de forma accesoria, de la Caballería).

Envilecidos

Como decía, ni Frank S. Nugent, el guionista del filme, ni John Ford, director, pretenden contarnos la historia de un rescate (el sustrato del filme, la novela de Will C. Cook, incidía más en ello, pero a Ford le interesó llevar el material de partida por otros derroteros): el meollo de la función se dirime cuando los dos jinetes regresan con Running Wolf y Elena, los dos jóvenes rescatados, y el destino que les espera. Que no es otro que la intolerancia y la incomprensión. Running Wolf, que ni siquiera entiende una sola palabra en inglés, no para de exclamar que quiere regresar con los suyos, y tiene que ser constantemente reducido para evitar su huída; dada su hostilidad, el joven es expuesto en un habitáculo-jaula, para que sea observado por los colonos, y ninguno de ellos le reconoce como su familiar perdido –de hecho, sólo gracias a una pírrica anagnórisis con una caja de música, cuando los acontecimientos se precipiten, sabremos que se trataba del hermano de Marty Purcell, la chica que se une sentimentalmente con Gary-, nadie le quiere por razón de su abierta hostilidad hacia el hombre blanco, y al final se lo queda un hombre cuya esposa, la Sra. McCandless (Jeannette Nolan), totalmente enajenada, tiene el delirio de que es su hijo; el problema es que esa mujer espera que su hijo caiga en sus brazos, por lo que le libera de sus ligaduras, momento en el que el joven blanco-indio aprovecha para escapar, no sin antes ajusticiar a su madre; la comunidad de colonos, encolerizada, juzga de forma sumaria y condena a Running Wolf a morir en la horca, ejecutando la sentencia de inmediato. Y esa secuencia, terrible, es la clave dramática y discursiva de la función: primero, porque el espectador puede entender perfectamente el envilecimiento del joven comanche tanto como la reacción furibunda de los colonos, y esa violencia como la única culminación posible a la entelequia en la que esos colonos viven inmersos, incapaces de aceptar que sus hijos ya han dejado de serlo, y, no sólo eso, se han convertido en enemigos. Two Rode Together incide así en una materia ciertamente espinosa, que tiene que ver con la dureza de las condiciones de vida de esos colonos y sus inevitables peajes. Y para certificar la severidad del discurso, ni Guthrie ni Gary (que lo ha intentado y ha sido reducido) ni la Caballería ni nadie salva el pellejo de aquel joven que años ha, en su más tierna infancia, fue raptado, y que posteriormente se adaptó a otra realidad cultural y social, y que, pocas horas antes, no podía imaginar que sería rescatado y lo que ello conllevaría. Running Wolf muere, y esa cruda secuencia es la última escena que Ford dedica a los colonos. El paisaje es deprimente hasta lo realista.

 

Amor redentor

El destino de Elena no es devorado por ese realismo, y en cambio merece el tratamiento (y final feliz) de los cánones del drama de redención. Elena no es aceptada entre la comunidad de familiares de militares del fuerte (dato trascendente: comunidad de la misma apariencia beatífica que Ford pintó una década antes en la trilogía de la Caballería); la miran como a un bicho raro, las mujeres cuchichean a sus espaldas, los hombres se niegan a mantener un baile con ella. Elena se siente traumatizada por ello, y los dos jinetes al fin cabalgarán juntos para interceder en su favor, denunciando la hipocresía, la cortedad de miras y, en definitiva, la intolerancia de la completa comunidad (no despertando, al respecto, más que la tibia indiferencia del Mayor). Si el joven ajusticiado habla de la violencia como causa de situaciones enquistadas, el caso de Elena ilustra esa intolerancia y el racismo como consecuencia, mal endémico de esa sociedad fundada a través de la violencia.

 Otra Diligencia

En la secuencia final del filme, se reproduce la misma imagen que abría la película, pero en lugar de Guthrie ahora es su joven ayudante, un tipo afable y de pocas luces, quien luce placa, acomodo, sirviente, cerveza y puro. Y es que en ausencia del antiguo sheriff se han celebrado elecciones, y Guthrie no estuvo allí para mover los pertinentes hilos (como él mismo se queja: “no he podido votar por mí mismo ni una sola vez”). Es Elena -quien harta de tantos agravios huye hacia California- quien le ofrece al personaje su redención, por la vía del amor. Guthrie deja atrás su pasado subiéndose a la diligencia con ella, abandona la comunidad que podía manejar a su gusto cansado de sus miserias y corruptelas, cansado, tal vez, de sí mismo. Puede decirse, franca y llanamente, que el discurso de Ford ha ido transmutándose con el paso del tiempo, y alcanzando líneas de complejidad y distorsión (ello, de un modo bien acorde con la propia evolución del género). Aunque Ford, pensándolo bien, podría desarmarnos con una simple observación: ¿no se dan cuenta de que Guthrie y Elena inician idéntica ruta coyuntural y emocional que las que incumbían a los pasajeros de La Diligencia, rodada veinte años antes?

 http://www.imdb.es/title/tt0055558/

http://www.cinearchivo.com/site/Fichas/Ficha/FichaFilm.asp?IdPelicula=69918

http://www.variety.com/review/VE1117795975.html?categoryid=31&cs=1&p=0

http://www.dvdbeaver.com/film/DVDReviews22/two_rode_together_dvd_review.htm

http://www.epinions.com/review/Two_Rode_Together_John_Ford/content_165271670404

http://en.wikipedia.org/wiki/Two_Rode_Together

http://www.javiermarias.es/2008/07/el-tiempo-cabalgado.html

http://movies.nytimes.com/movie/review?res=9E06E2DC1138E03BA15754C2A9619C946091D6CF

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s