EL ESCRITOR

Tal y como fue publicado en el portal CINEARCHIVO

http://www.cinearchivo.com/site/Fichas/Ficha/FichaFilm.asp?IdPelicula=81535

The Ghost Writer

Director: Roman Polanski

Guión: Robert Harris y Roman Polanski, según la novela del primero.

Intérpretes: Ewan McGregor, Olivia Williams, Pierce Brosnan, Kim Cattrall, John Bernthall, Tim Preece, Tom Wilkinson.

Música: Alexandre Desplat

Fotografía: Pawel Edelman

Montaje: Hervé de Luze

GB-EEUU. 2010. 128 minutos

 

Invisibilidad

Ellos escriben, otros publican. En España los llamamos “negros” (término muy políticamente incorrecto, ciertamente); en el idioma anglosajón la denominación es, cuanto menos, más curiosa: “ghost”, o “ghost writer”, el escritor fantasma, lo que denota claramente invisibilidad. Es el caso de protagonista de esta magnífica película, escritor  cuyo nombre no conoceremos (un Ewan McGregor tan atinado como el resto del reparto), a quien el editorial para el que trabaja le contrata para revisar el manuscrito autobiográfico de Adam Lang, ex-primer ministro británico, cuando su predecesor en el cargo fallece en extrañas circunstancias. El escritor dispone de un mes para finalizar el trabajo, pues la editorial quiere aprovechar el tirón mediático del momento, ya que Lang se halla en el ojo del huracán porque se están destapando ciertas irregularidades presuntamente cometidas durante su mandato e intervención en la llamada “Guerra contra el Terror”, en sede de la cual existe la sospecha de que Lang autorizó métodos de tortura contra sospechosos de terrorismo. No es buena prensa, huelga decirlo, pero ya se sabe que no hay buena y mala publicidad, sólo publicidad, y el editorial sabe que la investigación contra Lang revertirá en un mayor número de ventas. El escritor, nada entusiasmado por el trabajo pero sí por la recompensa económica prometida, se traslada a Cape Cod, una isla de Nueva Inglaterra en la que Lang tiene establecido su refugio, y se pone manos a la obra. Sin embargo, pronto empieza a sospechar que la muerte de su predecesor pudo no ser accidental, y que, por idéntica razón, su propia vida puede empezar a correr peligro. Condicionado por el miedo, busca respuestas…

 

Alegorías

Lo primero que debe decirse es que nos ubicamos en un territorio cinematográfico muy del gusto de Roman Polanski, el thriller claustrofóbico. Y también debemos acotar sus márgenes. Contrariamente a lo que muchos han querido buscar en la película, no creo que el personaje de Adam Lang esté inspirado en Tony Blair, al menos no directamente. Y no porque así lo manifieste Robert Harris -el reputado autor de la novela adaptada y coescritor (con el propio Polanski) del libreto-, sino por los propios términos narrativos de la película. El relato de The Ghost Writer utiliza para su beneficio ciertos datos extraídos de la actualidad informativa, es cierto, pero no se entretiene en ellos para centrar un discurso donde quepa intuir siquiera un ápice de contenido político. Otra cosa es trasladar los términos a la abstracción, y decir que la película, como buen exponente del cine de género que es, contiene unas interesantes líneas alegóricas, en buena medida centradas en los círculos de poder y las apariencias (aunque también existan otras, alguna de las cuales referiremos después). Pero ante una película de un realizador de la catadura de Polanski, el reto alegórico queda a menudo relegado a un análisis posterior, porque la naturaleza y dinámica del relato, sostenidas por una coda de todo punto inquietante, lanza al espectador a una experiencia eminentemente visceral, donde las suspicacias y el instinto del miedo se imponen netamente a la razón.

 

Encrucijadas

Atiéndase sin ir más lejos al excepcional arranque de la función. Una corta secuencia en la que vemos que un coche estacionado en el aparcamiento de un trasbordador permanece allí una vez que el resto de vehículos son retirados: su propietario no ha acudido a recogerlo. ¿Por qué? Porque está muerto: un breve plano de la orilla del mar, en la que vemos flotando un cuerpo sin vida. Y ese prólogo, que en sí mismo constituye un magnífico corto de suspense bajo el que espora el horror, sirve a modo de perfecta declaración de intenciones del tono en el que Polanski instalará el relato de principio a fin. Hay una suma de dinero, la que el editorial promete al escritor por realizar su trabajo, que suena estupendamente bien. Pero aparte de eso no hay nada, absolutamente nada, en esta historia que resulte agradable o siquiera halagüeño. Ni siquiera una escena de sexo. Por un lado está esa luz fría, virada en azul, que enfatiza en todo momento la sensación de aislamiento y peligro que incumbe al escritor en ese escenario, la pequeña isla al este de Massachussets, donde desde el primer momento se siente atrapado. Con qué facilidad convierte Polanski un lugar idílico en un escenario inhóspito y laberíntico… Por otro lado está el que también es un elemento muy característico del cine del realizador de Rosemary’s Baby, la descripción de personajes que oscila entre lo inquietante y lo grotesco. Puede ser que tengan mayor peso en la trama –el prócer que encarna Tom Wilkinson, y su esposa, que la cámara mantiene a distancia y a la que escuchamos mantener una conversación telefónica de sospechoso contenido-, o puede que sean poco más que figurantes, que en otras manos no tendrían trascendencia narrativa alguna, pero que Polanski se la otorga, con una frase o una determinada angulación de la cámara –el editor de mal agüero que aparece al principio, la sirvienta oriental del refugio de Lang-. Se trata de instalar la hostilidad ante nuestros ojos, hacerla respirar y apoderarse de todo. Por eso, en esta como en tantas otras películas de Polanski, los protagonistas son personajes fuertes, que saben mantener el temple (y un remedo de dignidad) ello y a pesar de que todo se tuerza en su contra. No son héroes, porque no suelen estar llamados a vencer ese hado malsano que les atenaza. Pero está claro que el realizador se sirve de ellos para mostrar cómo se tensa la cuerda que separa la cordura de la locura.  

 

         Ilustración

El realizador, de quien quizá cabría predicar el heroísmo que a sus protagonistas les falta, compaginó penosamente el rodaje de la película con el enésimo capítulo de su pugna por no ser extraditado a los EEUU, donde siguen queriendo juzgarle (por motivos y en condiciones sobre los que no hace falta extenderse, pues son sobradamente conocidos, aunque para aquél con ánimo de profundizar recomiendo al respecto el magnífico documental Roman Polanski: Wanted & Desired, de Marina Zenovich (2008)). ¿Quién sabe cómo influye eso en la confección de la película? ¿Quizá si su existencia fuera más plácida no filmaría tan buenas películas? ¿O quizá hablaría de otras cosas? Quién sabe, es un debate tan viejo como estéril. Pero sí es interesante apuntar al respecto que en The Ghost Writer se permite hablarnos de su problema con la justicia americana a través del personaje sobre el que se cierne la duda, Adam Lang. Lo hace, con una perfecta entonación que no elude el sentido de la complejidad (es decir, sin buscar subterfugios fáciles, pues el espectador no se identifica con Lang), en esos diversos pasajes en la parte central del metraje en los que, aparentemente desde fuera, desde la mirada del escritor (el espectador), capta a la perfección el desgaste psicológico que supone verse convertido en carnaza de los mass media. Del mismo modo que sucede en las películas de Alfred Hitchcock –Polanski es de los pocos cineastas capaces de sostener la comparación con el realizador de The Wrong Man-, The Ghost Writer nos atrapa no tanto por su magníficamente alambicado guión cuanto por las imágenes que lo ilustran. Nos atrapa de forma primaria, merced de su turbia atmósfera, de miradas y silencios que cuestionan la convención, de espacios y objetos que definen lo inquietante –caso del sofisticado mobiliario del refugio de Lang, del bajo de un cajón que guarda un secreto, de un penn-drive prohibido, o, claro, de ese coche todoterreno que el escritor, igual que hiciera antes su predecesor, conduce hacia la boca del lobo por indicación del propio sistema de navegación del vehículo-. Y no se puede cerrar una reseña de la película sin citar esa última y demoledora secuencia final de la película, que certifica lo que de esquinado y lúgubre habita bajo la apariencia, bajo la superficie, si quieren, bajo la Historia oficial: el fuera de campo, esa magistral forma que se le ocurre al cineasta de visualizar ese cierre, es tanto más perturbadora que lo que ilustra.

http://www.imdb.com/title/tt1139328/

http://theghost-romanpolanski.com/site.html

http://rogerebert.suntimes.com/apps/pbcs.dll/article?AID=/20100224/REVIEWS/100229991/1023

http://www.sfgate.com/cgi-bin/article.cgi?f=/c/a/2010/02/26/MVUI1BS1GM.DTL

http://blogs.kitschmag.com/movies/2010/03/25/the-ghost-writer/

http://www.austinchronicle.com/gyrobase/Calendar/Film?Film=oid%3A969770

http://estrenoscine.suite101.net/article.cfm/the-ghost-writer

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

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