LOS ABRAZOS ROTOS

Los Abrazos Rotos

Director: Pedro Almodóvar

Guión: Pedro Almodóvar

Intérpretes: Lluís Homar, Blanca Portillo, Penélope Cruz, José Luis Gómez, Rubén Ochandiano, Tamar Novas, Angela Molina

Música: Alberto Iglesias

Fotografía: Rodrigo Prieto

Montaje: José Salcedo

España. 2009. 128 minutos

 

 

Críticas de aquí y allá

Aunque admiro algunos de sus títulos, no soy un fervoroso seguidor de Pedro Almodóvar, algo que conviene aclarar antes de reseñar una película suya ya que, por razones diversas –una, su acusada personalidad visual y narrativa, otra, a no confundir con la anterior, los condicionantes industriales y de prestigio que avalan al cineasta-, el cineasta manchego despierta entre la crítica reacciones a menudo encontradas. Aunque en el caso de esta Los Abrazos Rotos parece haber cierto consenso sobre el hecho de que no nos hallamos ante uno de los títulos más destacables del autor de Matador, ya que si sus detractores pudieron esgrimir razones semejantes a las que vienen arguyendo obra tras obra, muchos de sus admiradores encajaron de forma más bien condescendiente la película, subrayando fragmentos y pinceladas aisladas dignos de encomio pero acusando que el resultado final no había cuajado de la forma más feliz. Podríamos decir que comparto todas esas opiniones: sin ser una mala película, Los Abrazos Rotos dista mucho de ofrecer lo que pretende.

 

         La mirada intransferible

Almodóvar, que haría fácil esa máxima que dice que un cineasta filma una y otra vez la misma película, nos propone un ejercicio cinematográfico donde brilla con refulgencia su peculiar iconografía visual y narrativa, que no es lo que llamamos “el estilo”, sino lo que en parte lo sostiene. En el relato, parcialmente narrado como evocación en flash-back, se dan cita gentes de la farándula cinematográfica, un magnate y su hijo homosexual, personajes abocados a un baile de febriles sentimientos que dejan heridas por cicatrizar. La carne, no sé si trémula, del melodrama almodovariano, plagado de pasiones abocadas al abismo y un destino cruel que las enjuicia. Y en la exposición de tantos atestados emocionales, hallamos los vestuarios, decorados y colores encendidos, la mirada vestida de glamour hacia una actriz, los sofisticados planos para nada sofisticadas situaciones y diálogos, múltiples referencias cinéfilas (con citas verbales a maestros europeos, y la inclusión de un fragmento, probablemente el más célebre, del Viaggio in Italia de Roberto Rossellini), juegos formales y hasta metanarrativos con el contenido de imágenes –sean filmadas, sean fotografías- dentro de imágenes, y un subrayado musical (el de Alberto Iglesias) que abriga la amargura y la melancolía.

 

         Cinéfilo

El problema, para mí, es que a la película le falta fuelle, intensidad. Y quizá sea por la sensación de dejà vu que despiertan muchas situaciones, o el modo como están planteadas. Quizá la cierta mecanicidad que revelan las imágenes, víctimas de demasiados aderezos superfluos para un relato en realidad exiguo. El problema, que ciertamente tiene que ver con la propia fragilidad del propio género al que el filme se adscribe, el melodramático, es que en esta ocasión –al contrario de lo que sucedía en obras recientes como Todo sobre mi madre o Hable con ella– quedan a la intemperie las costuras del relato, quedan los hechos (o sentimientos) muy a menudo colgados del arquetipo y hasta del cliché. El guión escrito por Almodóvar es mañoso en diversos giros e ideas aisladas, pero no en el itinerario dramático esencial (un itinerario no muy alejado al de La Mala Educación, película más redonda precisamente merced de una mayor contención y economía narrativas). Al filme le falta sutileza en muchos pasajes, le sobran explicaciones que escarban en lo anecdótico y dejan sin apenas aire esos momentos climáticos, sublimes, que el realizador se saca de la manga (la mano del realizador ciego palpando la imagen ralentizada de su amante que fue capturada por una cámara justo antes de sufrir el accidente). Almodóvar, ello y a pesar de haberlo llegado a imaginar, se queda a unos cuantos pasos de certificar esa poderosa historia de amor al propio oficio, el de cineasta,  y sobre las alianzas sentimentales que lo visual promueve en las vidas de las personas. Es una lástima. Nos queda el premio de consolación en ese epílogo, donde de lo general pasa a lo particular, a lo privado, y el cineasta vuelve a filmar un fragmento de sus Mujeres al borde de un ataque de nervios, cediendo el desenlace de la función a una vena donde, desde la autorreferencia, la nostalgia se da la mano con un cierto optimismo.

http://www.imdb.com/title/tt0913425/

http://www.losabrazosrotos.com/

http://cinemarama.wordpress.com/2009/09/30/los-abrazos-partidos/

http://elcineseguntfv.blogspot.com/2009/04/pedro-almodovar-es-el-director-mas.html

http://es.wikipedia.org/wiki/Los_abrazos_rotos

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s