MANOS PELIGROSAS

Pick up on south street 

Director: Samuel Fuller

Guión: Samuel Fuller, según un relato de Dwight Taylor

Intérpretes: Richard Widmark, Jean Peters, Thelma Ritter, Murvyn Vye, Richard Kiley, Willis Bouchey, Milburn Stone  

Música: Leigh Harline

Fotografía: Joseph MacDonald

Montaje: Nick DeMaggio

EEUU. 1953. 99 minutos

 

En un vagón de metro

Desconozco si en algún festival lo han programado alguna vez, pero sin duda que sería apasionante asistir a una retrospectiva de todos los arranques de las películas de Fuller. No tienen desperdicio. El realizador contagia, en apenas los dos o tres minutos iniciales, su particular, urgente, apasionada hasta lo febril concepción del relato. En esta Pickup on South Street, nos ubicamos en un atestado vagón de metro que circula por los subterráneos de Nueva York; una hermosa joven (Jean Peters), de pie entre el gentío, es vigilada por dos tipos que la flanquean a media distancia; cuando el metro se detiene en una parada se produce el típico trajín de salidas y entradas de pasajeros, y entre los nuevos rostros divisamos el de un tipo (Richard Widmark) que se va acercando progresivamente a la chica hasta quedarse frente a ella; es un carterista: subrepticiamente, mientras finge leer un periódico, una de sus manos se posa sobre el bolso blanco de la chica, lo abre con cuidado, registra cuidadosamente en su interior y sustrae un billetero -Fuller alterna el primerísimo plano de la comisión de ese hurto con otros primeros planos de las miradas que se cruzan ladrón y víctima, donde se llega intuir incluso cierto deje de insinuación en la expresión de ella-; cuando el tren se detiene en la siguiente parada, el carterista  desciende apresuradamente del convoy, al tiempo que uno de los otros dos tipos que vigilaban a la chica parece haberse apercibido del hurto e intenta detenerle, pero llega tarde porque las puertas del vagón se cierran. Después lo sabremos, resulta que el carterista ha robado nada menos que un microfilm con una fórmula secreta, fórmula que espías comunistas tratan a toda costa de conseguir…

 

¿Una de espías?

Realizada en 1953, en plena eclosión del cine propagandístico anti-comunista que trufó el cine norteamericano en general y el de género en particular, Fuller nos entrega en esta Pickup on South Street una de sus primeras y valiosas aportaciones al noir de los años cincuenta, como también lo fueron House of Bamboo y The Crinsom Kimono. Más allá de la excusa argumental –que al fin y a la postre podríamos emparentar con el mcguffin hitchcockiano-, Fuller retrata con avidez el entorno barriobajero de una ciudad como Nueva York, la relación que se establece entre el departamento de policía y los hampones y criminales de baja estofa, unos con otros llamados a cooperar –sin ninguna gana- por el bien de eso que damos en llamar “la defensa nacional”. En su mocedad, Fuller se forjó como reportero de sucesos en un tabloide neoyorquino, y sus vivencias se reflejan en la película de un modo que sólo cabe calificar de conmovedor. Podemos hallar de la concisión y mordiente de los diálogos, pero hay mucho más. Fuller erige su relato a partir de las idas y venidas de diversos escenarios recurrentes que ilustran muy bien los compartimentos de esa abstrusa maraña urbanita: de las oficinas de la policía a los apartamentuchos, de los vagones del metro a un restaurante chino, y especialmente esa cabaña en los muelles de la ciudad, ese lugar siempre en sombras, el refugio limítrofe con la ley, como su morador, Skip McCoy (Widmark). Nos cuentan los anales del cine que el mismísimo J. Edgar Hoover se reunió con Fuller y Darryl F. Zanuck (el productor de la película) y les manifestó su disgusto por las situaciones y entornos descritos en el filme. Ello, que de paso sirve para colgarle al cineasta –ya en aquel momento de su carrera- la etiqueta de outsider, ilustra muy bien el hecho de que Fuller quiso y supo ponerse en la piel de los diversos personajes de la película (de aquéllos a quienes como periodista conoció y sobre quienes tanto escribió), priorizando –y hasta oponiendo- ese punto de vista al que probablemente Hoover reivindicaba, el de pintar un marco ideal (que rima con irreal), de colaboración entre los ciudadanos de a pie con la fuerza pública para hacer frente a la amenaza comunista. Lo lejos que a ese ciudadano de a pie le queda esa amenaza comunista puede ejemplificarse muy bien en el tono socarrón e insolente con el que Skip se carea con la policía.

 

         Realismo sucio fulleriano

Y si a Hoover le cabreó ese tono, algo parecido sucedió con los censores del Código Hays, que reprobaron el guión de la película por razones de “excesiva brutalidad y violencia sádica”. Una cuestión que conecta con el ansia descriptiva a que hemos hecho mención en el párrafo anterior, un realismo sucio –elemento que impregna algunas obras del noir, y concretamente un toque que la Fox, y especialmente Zanuck, buscaron en sus aportaciones al género- que Fuller perfila en imágenes con tanta habilidad como clarividencia, con tanta inteligencia como falta de contemplaciones o concesiones. Pickup on South Street, sexta película del cineasta, es un primerizo ejemplo de las muchas razones que hacen de Fuller uno de los maestros de la cámara en movimiento, y lo visceral, febril que habita en esas intenciones narrativas convertidas en apremiantes imágenes. La cámara de Fuller persigue en todo momento a los personajes, se acerca a ellos con tal descaro que no sólo captura la tensión que se debe mascar en el relato, sino que a menudo parece estar arrebatándoles los sentimientos más íntimos. Una situación coloquial –las discusiones entre los diversos peones de la trama- se convierte, en sus manos, en una poderosa lucha de voluntades (los irascibles policías contra el cínico delincuente Skip o la flemática confidente que tan bien encarna Thelma Ritter, o los careos entre la desganada Candy y su más bien aterrado compañero que la obliga a recuperar el monedero perdido), porque los nerviosos movimientos de la cámara y el depurado montaje actúan como caja de resonancia. Y eso, que es constante en el metraje, reverbera con más fuerza en las secuencias en las que inevitablemente se concreta la violencia. Y al respecto de esa violencia, evidentemente debemos hablar de las dos secuencias climáticas, la primera el terrible plano-secuencia en el que Candy es agredida por su compañero –instante de una sordidez sobrecogedora, claro antecedente de una secuencia de The Godfather en la que Connie se pelea con su marido Carlo Ricci-, y la segunda la pelea en el metro, un duelo a puñetazos servido del modo más descarnado. Pero junto a esas muestras de esa violencia que alguien calificó de “sádica”, hay otros espacios en los que la violencia puede servirse de forma bien distinta, por ejemplo la agónica secuencia en la que el personaje encarnado por Thelma Ritter aparece por última vez, o aquella otra, justamente celebrada, en la que Skip descubre que Candy está registrando su cabaña y la derriba de un puñetazo, para después despertarla arrojándole cerveza a la cara, y acto seguido debatir la cuestión en la corta distancia…

 

         Las propias normas

La apasionada y apasionante mirada de Fuller marca con fuego sus propias reglas narrativas. Sabe desarrollar el relato siguiendo los cánones, recoge con sapiencia los elementos técnicos que circunscriben el género –los efectos de la luz en la excelente fotografía de Joseph MacDonald, el a veces sinuoso y otras candente acompañamiento musical de ecos jazzísticos de Leigh Harline-, pero todo ello se vuelca, en su estilo tan personal e intransferible, a un territorio narrativo muy determinado y que habita más allá de la premisa argumental. Atiéndase al hecho de que, a poco de pensarlo, en Pickup on South Street hay dos protagonistas, Skip y Candy, un personaje secundario con peso en el devenir de la historia pero aún más en el aparato dramático (Thelma Ritter), y un grupo de villanos arquetípicos, sólo uno de los cuales interviene directamente en el curso de los acontecimientos. Me dejo la policía y el FBI, ya lo ven, pero es porque, al fin y a la postre los agentes de la ley no pasan de ser aquí espectadores de un enfrentamiento que se les escapa. Viendo, sintiendo y después pensando en lo que se cuece en la película, uno acaba comprendiendo que Fuller quiere transmitirnos su fascinación por una clase muy particular, muy impropia, de héroe, el que encarna Richard Widmark, y de heroínas, las que interpretan Jean Peters y Thelma Ritter. Héroes de la supervivencia en un microcosmos más bien siniestro, el que existe bajo la plácida superficie de (en este caso) la ciudad de los rascacielos. Con sus propias motivaciones y necesidades, sólo en una primera apariencia pragmáticas. Que se dejan el cuerpo y el alma en la batalla de una existencia condenada, y sólo bajan la cabeza cuando su corazón les dice que ya han cabalgado demasiado (la frase: “estoy tan cansada que será mejor que me vuele la cabeza de una vez”). No es anecdótico, y sí una hermosa solución de guión, que Fuller, cuando concibe el desenlace de la función, se le ocurra que Skip, avezado carterista, hurte a su enemigo el arma de fuego para así enfrentarse a él de igual a igual, según el código callejero, en el cuerpo a cuerpo. Ya no está cubriendo sus propias espaldas o un interés espurio, pero tampoco está, hablando con propiedad, trabajando para la policía. Más allá, está defendiendo su territorio, y a su gente, está tomando represalias. Es, esencialmente, un acto de dignidad y fortaleza. Dignidad de la que carecen los espías. Fortaleza de la que carece un completo cuerpo policial que tiene rodeado un edificio y es incapaz de detener a un solo hombre. Dignidad y fortaleza cuya falta se puede sólo enmendar con un arma de fuego. Para que después censuren la violencia fulleriana.

http://www.imdb.es/title/tt0046187/

http://www.criterion.com/current/posts/311

http://mikegrost.com/fuller.htm

http://www.noiroftheweek.com/2007/11/pickup-on-south-street-1953.html

http://www.cultivadoresdeculto.com/foro/showthread.php?t=2747

http://en.wikipedia.org/wiki/Pickup_on_South_Street

http://pequenoscinerastas.wordpress.com/2007/06/18/manos-peligrosas/

http://www.contrapicado.net/panoramica.php?id=140

Todas las imágenes pertenecen a sus autores

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s